¿ASUSTADO POR EL HAMPA?

Alberto Mansueti

“Prohibido robar porque el gobierno teme a la competencia”, dicen algunos. No es verdad. Los gobiernos socialistas nada hacen contra el desborde hamponil y delictivo. Y es más: déjame contarte las siete maneras cómo el socialismo fomenta y estimula o tolera la criminalidad, y revelarte, por último, cuál es aquella RAZÓN de fondo por la que lo hace:

1) “Re-distribuir la riqueza” es uno de los lemas principales del socialismo. ¿Por qué todos “los pobres” van a esperar a que esa tarea la haga el gobierno? Después de todo, “los pobres” oyen que se habla todos los días sobre los escándalos de corrupción, y que “los políticos corruptos se quedan con todo el dinero”. Esta es una forma de estimular el robo. Porque los más impacientes y arrojados, potenciales choros, se dicen a sí mismos “¡Ajá! ¡Por eso es que no queda nada para mí: ¡no me dejan nada!”, y seguidamente toman una pistola o un revólver, y hacen ellos mismos la fulana “re-distribución” por su cuenta y riesgo, aunque estilo informal (al margen de la ley). Los asaltantes son los socialistas más “practicantes”, ortodoxos y consistentes de la “redistribución”. Te apuntan y te dicen: “Dame tu carro”; o “dame tu celular”. Lo hacen con el primer “ricachón” que ven por la calle, o que les parece “ricachón”, quizá tu mismo, si estás pasando por esa esquina.

2) Sobre el tema de la delincuencia, los profesores adeptos al socialismo hablan siempre por la radio y la TV para explicar la criminalidad como una “consecuencia de la pobreza, que a su vez resulta del capitalismo”. Otro modo de estimular la delincuencia. Así los académicos justifican y legitiman por anticipado al ladrón y al criminal, cuando a los delincuentes les declaran inocentes “productos de la sociedad capitalista”, y por consiguiente exentos de culpa. ¿Y tú crees que los choros no oyen radio o miran TV? Explícita o implícitamente, con la voz engolada y citando estadísticas, los supuestos eruditos sabihondos les dicen a cada rato que el robo y el asalto se hacen excusables porque tienen una “causa”: la pobreza. Y por si fuera poco, esta misma idea repiten, aunque no en jerga científica sino en el lenguaje coloquial del pueblo, los más poderosos “agentes de socialización”, que re-transmiten todas las tardes, en la radio y la TV, y la “glamorizan”: las populares telenovelas.

3) El “odio de clase” que los socialistas predican a diario contra todos “los burgueses” que son los “explotadores” (y los “evasores de impuestos”), contra todo empresario o profesional, por el mero hecho de serlo, es otro factor que también alimenta toda suerte de robos, asaltos y atracos a mano armada. ¿Y tú crees que los choros no oyen los discursos de los políticos socialistas, en sus campañas electorales, y en el Congreso, o el Gabinete?

4) La frase “la propiedad es un robo”, del socialista francés Pierre-Joseph Proudhom, es otra consigna cuya repetición insistente en el discurso socialista transmitido por la prensa, también estimula los ataques armados, hurtos, fraudes y estafas y otros delitos contra la propiedad privada. Porque de esta manera el robo y el asalto se hacen, más que excusables: se convierten en actos de real y verdadera justicia, de castigo, de venganza. De este modo la conciencia del potencial delincuente es acallada y amordazada. Si la propiedad es un robo, el dueño de la casa “lujosa” en la mira del asaltante, a sus ojos, no es víctima, es un ladrón. Y ya sabemos que “quien roba a un ladrón…!

5) Por otro lado, la insistencia socialista en que “la salud y la educación del pueblo son más importantes que la policía”, mina y socava la confianza en la policía. Y también devalúa en la estimación general la propia función policial, ya de por sí bastante degradada por la corrupción reinante entre los muy mal pagos uniformados. De esta forma el socialismo inutiliza e incapacita por completo a la policía para cumplir su función. El descrédito de las fuerzas del orden y la ley nada menos, ¡es otra causa más del desborde criminal!

6) Las víctimas somos tu y yo, la clase media totalmente desarmada, por la prohibición decretada para los ciudadanos privados de la posibilidad de llevar o tener armas para defenderse por su cuenta, y la imposibilidad fáctica de costear guardaespaldas o costosos servicios de policía o seguridad privados. El ladrón y el asaltante saben que sus víctimas estamos desarmados, porque el Gobierno socialista nos ha vedado la legítima defensa, ¡como declarando que no tenemos ese derecho! Y este desarme es otra causa de la criminalidad. Porque cuando los atracadores y asaltantes tienen la seguridad de que sus víctimas no portan armas, o que no hay un arma en la casa en la que van a irrumpir, la situación es totalmente distinta que si no tuviesen esa seguridad, lo cual operaría como efecto “disuasivo”.

7) Adicionalmente hay un detalle muy importante. No vivimos una democracia normal, según el Prof. Olavo de Carvalho vivimos una democracia patológica, en la cual los socialistas se vuelven cada vez más radicales y extremos, por la propia lógica del socialismo: no funciona; entonces se exigen dosis cada vez más fuertes, en la falsa esperanza de que resulte. Los partidos socialistas requieren “fuerzas de choque” violentas, para “apoyar” sus “actos de masas”, y para “apretar” a los enemigos (con frecuencia, socialistas de otros partidos) cada vez que lo juzguen necesario; por ej. en sus marchas y concentraciones, y en las jornadas eleccionarias. (Hace unas décadas en EEUU los estrategas socialistas Richard Cloward y su compañera sentimental Frances Piven pusieron esto por escrito; se conoce como estrategia Cloward-Piven). Para reclutar pandilleros, ¿a quiénes recurren los cuadros medios socialistas? A las “barras bravas” del fútbol, su clientela electoral en las nóminas de los “planes sociales”, las cuales ya cubren los gastos de muchísimos elementos antisociales y con frondoso curriculum delictivo, y son como un mecanismo de “preselección” para los partidos socialistas. (Y esta es sólo una de las varias conexiones entre fútbol y socialismo).

8) Y es que por último hay UNA RAZÓN para todo esto, muy de fondo: mientras más insegura y atemorizada esté la clase media, y más a merced del hampa común, desbordada y sin freno, más indefensa estará frente el socialismo. Porque el miedo nos incapacita para pensar, razonar y actuar conforme a los hechos reales y a la lógica.

Y si al miedo se le añade el adoctrinamiento socialista en la educación, tenemos completo el cuadro: la clase media atontada ve en el socialismo una salvación y no una agresión. La clase media hoy en día está por completo DESINFORMADA. Por eso, cuanto más crimen, más demanda “control” y exige más “autoridad”, por donde sea, en todos lados, sin pararse a pensar en cuáles son las funciones propias del Estado, y cuáles no lo son. Esta exigencia es ganancia neta para el socialismo.

CONCLUSIÓN. Entérate amigo, amiga: si te asombra que el Gobierno socialista de tu país “no hace nada contra los criminales”, ya sabes cuál es la razón: porque el CRIMEN es 1000 % funcional al SOCIALISMO.

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ALICITA QUIERE MUDARSE

o la tragicomedia del “Miracielos”

(Título I en 12 brochazos)

La Mafalda liberal, un personaje en busca de dibujante

Alberto Mansueti

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“JG aprueba nuevo REE”

Titular de portada, “La Hoja del Miracielos”, 1º de agosto de 1999

JG es la Junta General, y REE las siglas del Reglamento de Exenciones y Escalas. Al “Miracielos” llegó la moda de las siglas.

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Se llama Alicia. Aldelaida y Engelberto sus papás la bautizaron así por “Alicia tras el espejo” o Alicia en el País de las Maravillas. Pero desde chiquita le dicen Alicita. Bien criada, muy buena chica, de inteligencia fuera de lo común, de muy buen carácter y respetuosa –de las que quedan pocas–; eso sí: no soporta a la gente despistada. Es muy observadora y no se queda callada …

Vive con sus papás y su hermano Pancho. Y su perro Churchill. ¿Su familia? Muy normal, con las dificultades y problemas normales, pero también con los remedios habituales y corrientes. Antes de ayer Alicita cumplió sus 13. Saca muy buenas notas en su Colegio. Bueno, sacaba. O sea, en el Colegio de antes. ¿Antes de qué…? De todos estos problemas, crisis y líos del condominio y todos sus nuevos servicios comunitarios. Ahora hasta Grupo Escolar y Ciclo Básico han puesto en el Conjunto Residencial “Miracielos”, donde queda el apartamento en que vive con su familia en el edificio “C”. Alicita “tiene” que ir al “Centro Docente”; pero no es como su anterior Colegio.

# 1. Choques y asperezas. Comisiones y Subcomisiones. Y siglas.

Recientemente ha habido crisis más graves y seguidas entre el vecindario del Miracielos, y más conflictos, y tal vez más prolongados o … más permanentes. Bueno, como está pasando en realidad ahora con todas las familias de todos los edificios de la ciudad.

Esa misma tarde en La Lavandería peleaban dos señoras del edificio “G”. Se gritaban entre sí, y con la Encargada. Porque alguien se confundió y a una de ellas le entregaron ropa que no era suya …

–Mamá –entró Alicita– ¿ves como anda toda la gente con la cara amarrada, enojada, y discutiendo a gritos en los pasillos? Y no es sólo la gente de este edificio, ¡es la de todo el Miracielos!

–Sí, bueno, claro, son las facturas de los condominios que están saliendo muy costosas. Y la calidad de todos los servicios, cada vez peor. Al principio se dijo que algunos costos fijos se prorratearían, y de los otros costos cada quien pagaría según su consumo, pero ahora con esto de las benditas exenciones, y las escalas de ingresos que han decretado, al final nadie sabe lo que debe. Y está la deuda …

A la mamá de Alicita no le gusta hablar mucho del asunto. Sobre todo de las exenciones, dispuestas muy recientemente para ciertos pagos, a gente de menores recursos, conforme a ciertas escalas de ingresos, que “se rigen por criterios técnicos”, y se “actualizan periódicamente” …

La semana anterior, en La Cafetería, presenció Alicita otra escena muy desagradable. La discusión fue porque otra vez a alguien no le gustó la comida y se quejó.

–¿Otra vez esta porquería …?

Y sobre La Guardería, todavía se comenta acerca de un bebé que supuestamente fue maltratado semanas antes. Alicita averiguó, pero no pudo enterarse de qué tipo de maltrato se trataba o se hablaba, ni cómo quedó el asunto. Uno de una Junta le respondió:

–Si tú tienes quejas o reclamos, hay que hacerlos por escrito, en primera instancia por ante la Junta de tu edificio. Pero antes tienes que pedir en la Subcomisión de Procedimientos de tu edificio los correspondientes formularios respectivos, sea FQ o sea FR, dependiendo …

De un tiempo a esta parte, la gente del Miracielos sí habla extraño. Usa ciertos términos como de sumario policial o judicial, de esos que “instruyen” en las Comisarías o Juzgados. No le parece raro a Alicita el lenguaje en sí; de hecho Abogacía es una de las carreras que está pensando estudiar si decide ir a la Universidad. Lo que le parece muy curioso y extraño, es usar ese lenguaje para referirse a cosas que tienen que ver con muy domésticos asuntos de pañales, teteros y papillas, ropa limpia y planchada, o comida.

Claro, con todos esos nuevos servicios –que poco a poco se
han ido agregando a los de siempre–, las facturas de los condominios son altísimas todos los meses, por unos montos nunca vistos. Lo cual es motivo de queja y escándalo general. Y cuchicheos. Hay además protestas porque muchos miembros de las Juntas de Condominio –una por cada edificio– están señalados por “irregularidades”, o sea “hechos de corrupción” de distintos tipos, incluso en el de Alicita, el edificio “C”. E igual con algunos miembros de la Junta General –la de todo el Miracielos– recientemente “instaurada” para poder manejar los servicios, sobre todo los nuevos.

Ayer oyó Alicita a la mamá de Quique, una despistada:

–Los corruptos deben ser reemplazados inmediatamente, a fin de “moralizar la administración”. Hay que tirar una RE (llamar a Reunión Extraordinaria) … Si es preciso, convocar a nuevas elecciones. Y hacer cumplir los Estatutos y Reglamentos. Y si hay que modificarlos, que sea, para lo cual hay que nombrar una CTE (Comisión Técnica Especial), designada por la misma gente, participando, pero que sea idónea, o varias, una para cada materia específica …

Siglas, siglas, siglas …

Y Alicita con sus comentarios punzantes:

–Pero, y a la anterior Junta, la que resultó corrupta, ¿no la había nombrado también la misma gente? ¿Y la propaganda no decía que los candidatos estaban capacitados?

# 2.Los Nuevos Servicios: La Cafetería y La Lavandería. “Dejar el egoísmo”

Pese a sus 13 años recién cumplidos, Alicita recuerda bien que la vida en el Miracielos no siempre fue de esa forma, tan agitada. Antes la gente hablaba normal. Y saludaba, y se detenía a conversar aunque fuese un momento. Y reía, muchas veces. No es que era todo una maravilla –había problemas–, pero sin toda esa tensión, murmuraciones, ni esas insinuaciones malévolas, que siempre terminan en pleitos con insultos. Y tanta gente que ni se habla ni se mira por largos meses. Antes, a ella y Churchill su perro le hacían chistes y bromas en el Parque de Juegos, y le preguntaban por sus padres. Y por su hermano mayor Francisco, que ya estaba en la Universidad.

–¿Cómo anda Pancho? ¿Sigue de novio?—

Pero con el tiempo las cosas habían ido cambiando … y para peor.

Lo primero fueron las reuniones. Unos años antes comenzó a haber demasiadas reuniones, y de todas clases …

–Papá, ¿esta noche también tienes RC (Reunión de Condominio) …?

–Hay AG (Asamblea General de todo el conjunto.) Pero no voy a ir yo, le toca a tu mamá. Y espero que no invente algún otro pretexto.

Por entonces Alicita preguntaba mucho, a sus papás Aldelaida y Engelberto, a Pancho. Y a Quique, el chico del A que le gusta mucho a ella … También a algunos vecinos y otros amigos, no sólo de su edad, sino también más grandes y gente mayor.

Alicita quería saber por qué tantas reuniones. Y al principio, con paciencia y amabilidad, le contaban lo que estaba pasando. En esa época la gente parecía aún tener tiempo y ganas incluso de explicarle el significado de algunas palabras que por entonces no entendía. Pancho por ejemplo:

–Hay alguna gente con nuevas ideas muy buenas, en la mayoría de los edificios. Y están promoviendo su “implementación”. Debemos apoyarlos. Para eso, todos tenemos que participar. Algunos son muchachas y muchachos como nosotros, y otros son “jóvenes de mente”, tú sabes … ¡La clave es participar!

Pero Alicita no sólo preguntaba. Discutía.

–¿En qué, Pancho? ¿Participar en qué? ¿Y qué voy a ganar?–; pero Pancho no respondía muy concretamente a esas preguntas.

–¡Deja ese egoísmo, chicaaaa …! Participar en toda actividad comunitaria, sin egoísmo. Porque si no, dejas que otros decidan por ti, y después no tienes derecho a quejarte. Y te vas a terminar transformando, como uno de esos “desajustados”, que se oponen a los nuevos servicios y no participan. Se encierran en sus apartamentos, pero murmuran en los pasillos. Y se escapan afuera; se mudan si pueden, se van de los edificios. Sin embargo son muy pocos, ya todos los conocemos e identificamos.

–No me parece –replicaba ya Alicita–que la única manera de impedir que otros me impongan cosas que no me gustan y me someten, sea tener que auto-someterme yo misma a reuniones continuas, largas y aburridas. Se pierde muchísimo tiempo, que yo podría emplear participando en otras cosas que a mí me gustan. Y sin contar el tiempo requerido para poder enterarme, si no quiero simplemente levantar la mano y ya. O sea: informarme de todos los temas, las propuestas, y los diferentes grupos que se hacen y deshacen continuamente, los motivos y hasta los chismes … y últimamente también hay que leerse todos los larguísimos Reglamentos, sobre todo el de Sesiones, ese otro nuevo de las Exenciones y Escalas –no me acuerdo la sigla–, las “Reglas y Procedimientos” y el Manual “¡Participa!”. Ni hablar del “Manual del Buen Vecino”. ¿Todo eso tengo que hacer yo también para estar “ajustada”?

Alicita siempre prefirió pasar tiempo hablando con Quique, pero de otros temas.

Para los primeros servicios –La Cafetería y La Lavandería– argumento principal a favor de su instalación y puesta en funcionamiento fueron las personas que vivían solas, muchas de ellas ancianas o casi. Algunas estaban bastante enfermas, y les resultaba imposible o muy difícil cocinar, o lavar y planchar su ropa. “Será muy positivo para estas personas –leyó Alicita en un volante, muchos meses atrás– poder tener sus comidas sin salir del Conjunto Residencial, y tener su ropa limpia y lista.” Para La Guardería, se habló de las madres que tenían que trabajar –sobre todo las que eran solas– y de la atención a sus niños. Ya no tendrían las mamás que preocuparse, ni faltar al trabajo. Porque La Guardería también podría ofrecer alguna atención especializada, médica. En el ascensor, varias veces Alicita escuchó:

–¿Por qué tenemos que ser tan egoístas? “Debemos pensar en los demás … ¡sobre todo en los más necesitados!”

# 3. Más Servicios Comunitarios ¡y sin “ese afán de lucro”!

La Lavandería y La Cafetería fueron las dos primeras ideas, que surgieron de propuestas muy simples “y muy concretas”, porque así lo querían todos, “sin tanto analizar”: prestarían servicios esenciales y muy concretos a toda la comunidad de Miracielos, cargando los costos en las facturas de los condominios de los edificios. Obviamente los precios serían mucho más económicos y solidarios, puesto que sería eliminada la ganancia empresarial.

Muy importante: no serían empresas sino “servicios comunitarios”, sin afán de lucro. Nadie sacaría provecho particular negociando con las necesidades y derechos de los demás. La gente ni pagaría ahí mismo en el acto, sino que firmaría unos tickets y ya. Sería muy beneficioso para todos.

Después apareció La Guardería. Y enseguida La Peluquería y Salón de Belleza Unisex.

En esencia, todas las novedades siempre partían del mismo punto, que en una de las primeras reuniones –Alicita estaba– alguien expuso así:

–¿Por qué debemos conformarnos con unas JC (Juntas de Condominios) atendiendo nada más que a sus funciones “convencionales” …? “Eso es cosa del pasado”. Se repetía siempre lo mismo: “¿Quién dijo que las Administraciones tenían que encargarse nada más que de la limpieza, los pasillos, la pintura, los bombillos y la basura? ¿Por qué no pueden asumir otras funciones, útiles y de provecho para la comunidad de los residentes?”

Aquel otro vecino en el uso de la palabra fue esa vez muy convincente. La audiencia asentía, interrumpiendo con aplausos de tanto en tanto. Decía:

–… ”el proceso debe ser fluido y dinámico, y hay que verlo sin prejuicios ni anteojeras, y como un desarrollo no acabado, multidimensional, y desde una perspectiva holística, es decir, integral. Y para contribuir a los cambios es preciso participar…” bla bla bla.

Su intervención siguió más o menos así:

–“No hay que temer a los cambios, ni tener una mente tan limitada, caramba. Las personas debemos ser más imaginativas, en lugar de constreñirnos a los estrechos confines de lo que siempre se ha hecho por costumbre, o de lo que se hace en otros edificios de apartamentos. Tenemos que ser más creativos también. Y proactivos. Aprovechar las sinergías…” bla bla bla.

En aquella oportunidad Alicita preguntó a la señora a su lado:

–Pero, ¿qué es un Condominio, para qué sirve en realidad? Quiero decir, ¿cuáles son sus funciones propias y específicas?

–Bueno, hija, verás, “convencionalmente” se ocupa sólo de las áreas comunes: pasillos, ascensores, puertas de acceso, estacionamiento y eso. Limpieza, mantenimiento y reparaciones. Y por supuesto, seguridad. Pero verás Alicita, yo creo que ellos tienen razón: no tiene por qué ser nada más que eso, y siempre así. ¡Podemos cambiar! “¡El cambio es bueno! “¡Todo fluye!”

Cada tanto, los promotores de cada nuevo servicio pegaban avisos en las carteleras, describiendo todas y cada una de las ventajas de aquello que proponían, y sobre todo cuales beneficios concretos recibirían cuales clases o categorías específicas de residentes: bebés, niños, madres, embarazadas, jóvenes, trabajadores, jubilados, casados, divorciados, solteros, viejos, enfermos, gordas, flacas, parejas jóvenes, casados, dueños de mascotas, etc. Para cada quien inventaban algo. Que les sería de provecho.

–Churchill –medio soliloqueaba Alicita–, ¿por qué no usan esa misma inventiva para desarrollar lo que ofrecen en empresas suyas, privadas y particulares de cada quien, en lugar de cargarlo a los condominios …?

Eso sí: los promotores no decían palabra acerca de precios, costos, formas de financiamiento, etc. La mayoría de ellos eran miembros de las Juntas o querían serlo. De hecho, los candidatos o postulados para integrar las Juntas, eran los más activos en su trabajo de “concientización y sensibilización”.

–¡Dile a tus papás que voten por mí!–cansaban a Alicita.

Le pasaba algo muy extraño a Alicita, que a ella misma le sorprendía: era una de las pocas personas que no estaban tan entusiasmadas. El entusiasmo era muy contagioso, pero a ella no se le pegaba. Desde el principio, y no sabía bien por qué. Tal vez porque alguien del Gobierno Municipal había prometido ayuda para los nuevos servicios en el Miracielos, y no sabía muy bien si en tal caso serían de la comunidad o del Gobierno. Y Alicita ya no escribía a La Hoja de Miracielos, porque en ese órgano ahora nunca había espacio para publicar cosas que consideraban desajustadas, negativas, o de personas con falta de “fe”. Pero mientras más vueltas y vueltas les daba en su cabecita a las nuevas ideas, le parecía que las cosas como estaban antes no iban tan mal después de todo …

–En el sector –le comentaba a Quique—antes había antes varias fuentes de soda. Y había guarderías particulares relativamente cerca del conjunto Miracielos. Ni hablar de peluquerías y talleres. Y ahora muchos de estos negocios cerraron por falta de clientes, pero es porque después de pagar esas enormes facturas de condominio, a la gente de aquí casi ni le queda dinero: no puede ahorrar, y hasta se endeuda. ¡Pero las Juntas usan la falta de dinero para justificar más servicios que cuestan dinero! Y ahora para colmo están pidiendo créditos. ¿Cómo se van a pagar?

# 4. “Pensar positivo” …

Alicita se preguntaba por qué a casi todos los demás les parecía tan buena la presencia de nuevos servicios y a ella como si nada. Incluso en su misma familia. Su papá por ej., conocido como pragmático, y como tal, no amigo de sacar conclusiones anticipadas –antes de informarse–, cosa que a Alicita le parecía con sentido:

–Hija mía querida, ¿qué perdemos con probar …? Y Pancho, cada vez le hablaba más raro, como en discurso:

–¡Muchaaaacha! Lo importante es “abrir canales a la participación”, y que “reine la mayor tolerancia; y la participación sea lo más amplia posible… ¡sin discriminaciones!”

Últimamente, en lo que ella expresara una observación sobre esto o lo otro, le respondían que “de alguna manera” se produciría el buen resultado buscado, ¡pero jamás le detallaban cual sería esa manera! Y le insistían:

–“No pienses tanto. Colabora. ¡Y usa tu imaginación …!”

Realmente, todas esas formas raras de hablar poco contribuían a desenredar las cosas, y mucho a enredarlas más. Alicita llegó a pensar en una forma de resolver de cuajo este problema de incomunicación: ponerse ella también a hablar igual. Pero ¿cómo podría hablar por ej. como el señor de enfrente? El de los horóscopos, el tarot y las cosas espirituales. Hablaba de los poderes de la imaginación, de la visualización y de la palabra. Como otros, también pedía tener fe, y pensar positivo. Decía:

–Pero tampoco hay que pensar tanto, Alicita. “Hay que pensar menos y sentir más”. Hay que dar espacio a nuestras emociones. Pensar es frío; sentir es cálido. Y la pura lógica es fría. Mejor es dejarse llevar por la energía. Es una fuerza, espiritual, y todo el Universo es energía. Tienes que sentirla. ¿Tú no sientes toda esta nueva energía que fluye en los edificios …? Todos somos energía, incluso tú y yo, y Dios es energía. Por cierto: ¿no será que te falta una limpieza de aura con la señora Edita? Y además, ¿qué son los “hechos”? ¿Eso qué llamamos “la realidad” …? ¿Y quién lo dice? Podemos reinventar la realidad, reescribirla. Yo ya no pienso las cosas, ¡ahora siento!

A Alicita todo eso no le congeniaba muy bien con un libro de Ciencias, que por cierto no estaba entre los autorizados por la Junta Escolar. De allí recordaba energías como la electromagnética o la termonuclear, y fuerzas como las de vientos y mareas, que le parecían muy reales. Y algo sobre los datos de la realidad, de otro texto –de Filosofía–, tampoco autorizado. Era acerca de sacar conclusiones sobre las cosas y los seres, razonando lógicamente por efectos y causas, siguiendo ciertos principios y premisas, a partir de evidencias observables. O de experiencias. O de los hechos de los que hay registros o testimonios válidos, como por ej. geológicos, arqueológicos, históricos y así. Y por eso Alicita sabe que hay Dios, y que es real, que no es un viento ni una energía o una “fuerza”: es Dios.

Hubo otro tipo de alegaciones en favor de los nuevos servicios, muy comunes, escuchadas por doquier:

Por ej. la enfermera del piso de abajo …

–Bueno, yo no tengo empleo ahora. Cuando pongan la Guardería, mi hermana que está en una Junta me va a dar uno de los empleos. Y por los momentos vivo de fotocopiar y repartir la propaganda de los distintos candidatos. Con eso no me va tan mal, pero no lo digas: como no tengo empleo, ya gestioné mi exención, y me la dieron, por mi categoría de ingresos. Por lo tanto no puedo perderla. Tengo que cuidarme por la renovación, porque no es permanente, y para que no me la quiten, porque es revocable.

Y la señora jubilada del 3er. piso …

–Yo puedo coser y zurcir. Mi vecino que es candidato a una Junta me va a dar un puesto en La Lavandería si gana su plancha electoral. De La Cafetería no me quejo porque el novio de mi prima la del edificio “F” está en el RP (Registro de Proveedores) y les vende, y así me hice muy amiga de un cocinero, que siempre me dice que yo soy muy especial y me atiende y me trata de lo mejor …

Y Rita, la chica de Planta Baja al lado del ascensor, la catira que es estudiante …

–Yo por las noches cocino para La Cafetería algo de la comida para el día siguiente. Y no quiero que nadie se meta con La Cafetería, Alicita. ¡Porque de eso vivimos mi bebé y yo! Así que quítate por favor esas ideas raras tuyas de tu cabeza, muchachita. Tú siempre piensas demasiado las cosas. Vas a terminar desajustada.

Ante todos estos “argumentos” que le parecían falaces, Alicita reflexionaba. Tenía muchas preguntas para ese tipo de personas, cada una mirando su propio interés en el sistema, en especial una, que no siempre se animaba a hacerles:

–¿Y dónde quedó la necesidad de no ser egoístas …?

# 5. Respuestas despistadas y discusiones interminables

No es que antes todo era maravilloso y no había problemas: la puerta eléctrica del estacionamiento se rompía seguido, o el tanque de agua, o los intercomunicadores. A veces los ascensores también se paraban. La señora conserje se quejaba de algunos niños incorregibles, y ellos y sus padres se quejaban de la señora conserje. El Salón de Fiestas y sus usos también eran fuentes de reclamos.

Pero antes, cuando los Condominios y las Juntas se ocupaban solamente de las “funciones convencionales”, los problemas se arreglaban en general, las cosas se reparaban, y las quejas no pasaban a mayores. Salvo lo de las cobranzas a los apartamentos atrasados.

Ahora, las cobranzas siguen atrasadas, sólo que por montos mucho mayores, y se espera que sigan creciendo, en tanto haya que ir pagando todos los créditos. Los nuevos servicios traen muchos más gastos, y muchos más problemas, crisis y conflictos. Y por otro lado, Alicita tampoco ve que hayan mejorado la limpieza, la seguridad, los ascensores e intercomunicadores, el mantenimiento y las reparaciones en las áreas comunes, etc. Al contrario, eso está mucho más desmejorado, sucio, roto o descuidado, comenzando por la pintura de las paredes de los pasillos y el frente. En el Parque los bancos no se pintan ni reparan.

Muchos vecinos entienden que quien mucho abarca poco aprieta, y que las Juntas no dan abasto con tantas funciones y tareas, pese a que muchas Comisiones se ampliaron, y se dividieron en SubComisiones, y nombraron Encargados, Comisarios, Responsables, y Asesores. Pero las respuestas siempre son las mismas, todas despistadas:

–“Hay que cambiar la Junta”– dice uno, como si no la hubieran cambiado ya varias veces, y las próximas elecciones fuesen el remedio universal.

–“Hay que descentralizar”– dice otra, como si el disparate de El Taller Mecánico a cargo de la Junta General se resolviera poniendo un tallercito en cada edificio a cargo de la Junta respectiva.

–“La gente no paga”–, como si todo fuese a mejorar con más dinero o Presupuestos más abultados.

–“La gente no participa lo suficiente”–, como si todo se fuera arreglar con más reuniones y más designaciones.

–“La gente es muy descuidada y no se responsabiliza por lo que es común”–, como si todo debiera ser común. A Alicita le parece por supuesto que cada quien cuida lo propio, eso es lo natural y lógico; por eso todo lo común debe reducirse al mínimo indispensable.

– “Es un problema de cultura”–, como si la solución fuese irse todos, y traer una población entera de nuevos residentes distintos, de Japón, de Marte o Venus, para reemplazar a los actuales.

– “Es un problema muy complejo”–, decían los despistados que no tenían respuesta pero no querían admitirlo.

–“Es un problema estructural”, también decían, con la voz engolada y pose afectada de sabiondos..

Uno de los factores que desencadenó todo el “proceso” –recuerda Alicita– fue la cobranza. Se dijo que se atrasaban los cobros porque había muchos pobres, que “hay que hacer algo” al respecto. Y se dijo que los nuevos servicios comunitarios serían de gran ayuda para aliviar la situación de los pobres. Pero Alicita insiste en que ahora hay más pobres y son más pobres. Con lo que debe pagar de condominio, a la gente casi no le queda nada de dinero, y por eso es pobre. Y por ser pobre, no puede escoger otras alternativas u opciones distintas a los servicios comunitarios. Sin embargo, cada vez que Alicita propone revisar las cosas, suprimiendo al menos algunos de los nuevos servicios, recibe idéntica contestación de los despistados:

–“¿Y cómo harían los pobres entonces?”

Días pasados, un amigo de Pancho le dijo a Alicita algo que la dejó muy cavilosa:

–Tú tienes razón. Pero no ves la otra parte del asunto. A través de los servicios comunitarios, aquí se está produciendo una “redistribución de la riqueza”, ¡y eso es muy bueno! No puede ser que algunos tengan tanto, y otros tan poco o casi nada. Esa desigualdad no es justa, ni es natural. Tú ves: los que pueden pagar chillan, pero temen las sanciones, y al final pagan las cuentas. Eso está bien. Y otros reciben servicios baratos o gratis, que no podrían tener de otra manera, porque son pobres. También eso es bueno …

Alicita calló algo que había observado: que en la fulana “redistribución”, quienes más reciben, casi siempre no son los más necesitados, sino los más amigos de los redistribuidores. Pero recordó toda la discusión abierta por quienes se quejan de estar subsidiando a otros. Es una de las más agrias de las polémicas recientes, que parece enfrentar a ricos contra pobres … aunque es muy relativo porque Miracielos es más bien clase media modesta; sólo que ahora más modesta que antes. Y ahora, a más de modesta, muy molesta.

Recordó además un comentario análogo de Rita:

–Sí, es cierto. Pero ve, chica, aquí la culpa la tienen quienes no quieren pagar. ¿Y quiénes son …? Los hombres. Aquí vivimos muchas personas solas, en su mayoría mujeres. Somos las usuarias más frecuentes de los servicios comunitarios, y nuestros niños. Y los hombres, irresponsables siempre, no quieren pagar. ¡Es todo!

–Otra agria polémica despistada esa de las mujeres solas–, le comenta Alicita a Churchill.

# 6. Corrupciones y controles, la inflación de los vales

La idea de Alicita es eliminar esos nuevos servicios. Rita le contesta:

–No creo que hayas sacado esa idea anárquica de tus papás ni de tu hermano Pancho. Seguro que la trajiste de algún edificio extranjero. Sabrás y entenderás que este conjunto es atípico, y no todo lo que funcione en los otros conjuntos residenciales sirve aquí …

Pero por otra parte, otras veces, Alicita también oye a Rita y a otros que dicen: “En todos los conjuntos de apartamentos los condominios también tienen esos servicios comunitarios o los están implementando”, como si el uso generalizado fuese en sí mismo argumento suficientemente válido. Y le mencionan Tales y Cuales residencias.

¿Y en qué quedamos? ¿El sistema es propio, especial y atípico o no? ¿Se puede o no aprovechar las experiencias ajenas? Y lo que es más serio: ¿se puede o no descartar los argumentos a gusto y conveniencia, aún cayendo en contradicciones? Demasiadas contradicciones observa Alicita.

Para todo, la más común y última de todas las respuesta despistadas es:

–“Mucha corrupción”–, como si todos esos servicios para un público cautivo no fuesen una invitación abierta a toda clase de abusos, fraudes, robos, mentiras y deshonestidades, que desaparecerían con ellos, piensa Alicita.

Cierto es, Alicita pensaba, que hay mucho amiguismo, cobros de comisiones en compras y adquisiciones, de cosas de baja calidad o innecesarias. Los empleos se venden y compran, incluso los puestos en las Juntas. Y hay muchos usuarios privilegiados de servicios que escasean. Y ni hablar de las exenciones y cómo se otorgan o niegan … Y la salida e simple y sencilla, está al alcance de la mano, frente a su nariz, ¡pero no quieren verla!

Ante cualquier problema o dificultad, el más común de los remedios propuestos es:

–“Vota por mí. Soy muy honesto. Y trabajador, eficiente, preparado”, bla, bla, bla.

–La corrupción les conviene a Uds. –respondía Alicita a los postulados–: si no fuera por los corruptos, Uds. los candidatos no tendrían tema para sus denuncias escandalosas, ni por consiguiente oportunidad de hacer carrera con los despistados.

Otros remedios a Alicita le lucen peores:

–“Hay que establecer controles”, Alicita, y hacerlos cumplir. E imponer sanciones– dicen. Y Alicita replica:

–¿Un policía junto a cada quien, con su rolo? No sólo tendría que vigilar a los funcionarios, sino a todo el mundo. Porque como los servicios deben ser para los más necesitados, se requeriría investigar por ejemplo si Rita realmente necesita el tratamiento médico para su bebé en La Guardería, si el viudo del último piso realmente necesita comer todos los días platos especiales tres veces en La Cafetería, y cuanto ganan realmente quienes recibieron sus exenciones alegando que no podían pagar.

Su primo Sergio estudia y trabaja. Vive en otro conjunto, a no muchas cuadras. Le explica a Alicita que cosas como esos choques surgen cuando se suprimen no sólo las empresas y empresarios, sino además los precios reales como medios de asignación de bienes, y se reemplazan por cupos u otro medio de racionamiento por la autoridad.

–Por cierto –recuerda Sergio– en el Miracielos Uds. han llegado casi a reemplazar también el dinero mismo. Por comodidad comenzaron a usar vales por servicios, que después circularon como medios de pago. Y como los intercambios de favores son muchos, todos esos tickets firmados también circularon como billetes, con algún descuento; a fin de cuentas son promesas de pago, así como los vales lo son de servicios.

–Al principio –siguió Sergio– no era tanto el problema mientras los vales guardaron su relación con los bienes y el dinero. Pero como siempre ocurre en estos casos, con autorización o complicidad de la Junta General, algún grupo de funcionarios comenzó a emitir vales sin respaldo alguno, que empleaban para sufragar toda clase de gastos, inclusive propios. Así esa relación entre los vales y la realidad se perdió … y con ella decayó el valor de los vales, que nada valen, porque sufren una fuerte, progresiva y constante depreciación frente a las cosas que pueden adquirirse en los servicios. Fuera del conjunto nadie acepta esos papeles. Y también hubo lo de los tickets falsos, otro escándalo.

La devaluación de los vales causó una gran conmoción. Alicita pensó que ahora sí se había llegado al colmo, y los despistados iban a percibir el problema real y su verdadera solución.

¡Todo lo contrario, el problema desvió la atención! La gente insistía en no ver la realidad y no usar la cabeza. Y en confundir causas con consecuencias o síntomas, medios con fines, y sustancias con accidentes. Todos “los despistados y despistadas” (para usar el lenguaje de género que irritaba a Alicita) enfocaron otros puntos y aspectos, muchos irrelevantes, e infinidad de consideraciones muy secundarias. Y se perdieron en horas y horas de interminables pero fuertes discusiones intrascendentes, irrelevantes o no pertinentes … sin ver la raíz del asunto.

Por ejemplo, mientras desaparecieron del estacionamiento algunos carros de gente que tuvo que venderlos para pagar las mensualidades, aparecieron otros nuevos y lujosos. Allí se vieron muy obvios los nuevos ricos, y la dirección que tomó la redistribución de la riqueza. La gente cotorreó mucho sobre los corruptos, sobre sus situaciones, historias y rasgos personales, hasta que los involucrados hallaron la solución: se llevaron sus carros al estacionamiento dos cuadras más abajo, sobre la avenida.

# 7. Los “expertos” en temas secundarios o irrelevantes

Con el problema de los vales, y sobre cada servicio y su deterioro, se formaron grupos de discusión. Y aparecieron especialistas y expertos, cautivando a todos los despistados, cada cual con su fórmula.

Para Alicita, el problema no es que por ejemplo el Grupo Escolar y Ciclo Básico del Miracielos es un desastre. El problema es que los residentes prácticamente están obligados a enviar allí a sus hijos, porque buena parte de sus costos se les carga a las facturas de condominio. Entonces el problema de la educación en Miracielos se torna un problema colectivo, crucial, angustiante. Pero es porque los residentes no pueden elegir, cada quien por su cuenta. Los expertos educativos descalifican a Alicita por su falta de credenciales en la materia docente, lo cual la invalidaría para opinar. Ellos opinan diferente:

–… “cambiar estrategias pedagógicas, eliminar las calificaciones porque son punitivas, y las” …

–Y si Ud. es tan bueno en eso –espeta Alicita–¿por qué no monta su propio Colegio particular?

Cada experto docente tiene su Plan educativo, cosa muy buena según Alicita, lo malo es que quiera imponerlo a la fuerza a un público cautivo, y cautivo por despistado. Cautivo en los dos sentidos de la palabra: embobado y preso. ¡Preso por bobo! Con los demás servicios pasa lo mismo que en educación. Pero ni hablar de suprimirlos, porque son “derechos adquiridos” de la gente. Los despistados confunden derechos con necesidades.

Los no expertos no se privan por eso de opinar. Como los servicios son muchos, la Agenda de discusiones es muy extensa y variada, y la abundancia de opiniones la hace mayor. Día tras día, cada uno quiere decidir lo que es bueno “para todos”, o sea para los demás. Casi todos hablan, casi nadie escucha. Y al contrario de Alicita, ¡nadie se toma tiempo o trabajo para documentarse e investigar en alguna fuente que no sea oficial …! Como resultado casi nadie piensa, reflexiona. Alicita comprendió aquel dicho norteamericano tan grosero pero cierto: “Las opiniones son como los c … cada quien tiene el suyo, y nadie quiere oler los de otros.”

Por ejemplo, desde que la Guardería incorporó atención bucodental a los niños, todo el mundo opina sobre las mejores maneras de prevenir las caries. Los defensores y críticos de varias políticas bucodentales cruzan estadísticas a favor y en contra de una u otra. Hasta que a uno de los bandos contendientes se le ocurrió desacreditar los datos estadísticos de otro. Así el foco de atención y el tema de la discusión se desvió: de las caries al Chi cuadrado. Se formó una tremenda discusión sobre validez de inferencias probabilísticas que dura hasta hoy. Expertos y despistados opinan sobre el Chi cuadrado y la T de Student … y nadie sobre los dulces y las caries, que originalmente era el tema. Y siempre es así: saltan de un tema a otro, y los distintos temas se ponen de moda por temporadas, pero nada se arregla.

Alicita, aún siendo tan acuciosa en sus investigaciones, decidió dejarlo hasta ahí de ese tamaño. Cuando observa que el debate no es pertinente, o cuando les reclama a los discutidores por su falta de lógica o por negarse a buscar otras informaciones y a salirse de sus “clichés” mentales, se le responde:

–“Es que la salud de los niños es muy importante. Hay que darle jerarquía a la atención infantil. ¿A tí como que no te importan los niños? ¿Tú como que eres insensible?”

Con el problema de los vales, las principales propuestas en disputa son dos. Una: acabar con los vales, regresando al dinero normal, que a Alicita le parece la más razonable, aunque a todas vistas, muy insuficiente. La otra es la opuesta: prohibir terminantemente el uso y tenencia de dinero normal, haciendo de los vales únicos instrumentos con poder liberador, lo que para Alicita es atroz. Los partidarios del prohibicionismo radical acusan a Alicita y a los amigos del dinero normal, de tener una “agenda oculta”: eliminar las exenciones, y hasta el sistema de cargo a las facturas de condominio, que serían sus siguientes pasos, en el camino a la eliminación progresiva de todos los servicios. Otros, los de un tercer grupo intermedio, conciliadores, buscan un consenso alrededor de una cierta “paridad” entre los vales y el dinero normal. Pero unos quieren dejar flotante la tasa, y otros pretenden una ecuación fija, de acuerdo a criterios técnicos. Los respectivos partidarios de la flotación libre y la paridad fija discuten mucho entre sí, y sólo coinciden en acusar a los demás de extremistas radicales. En el diccionario de Alicita “radical” alude a raíz, y no ve nada malo en ir en los problemas desde las ramas hasta la raíz, y erradicarlos.

Y en cuanto a “extremistas”, su primo Sergio piensa:

–Eso depende de cuales sean las opiniones expresadas en un asunto X. No siempre la verdad está en el medio, como creen muchos despistados. En ocasiones, la verdad o el genuino interés público tal vez pueden estar en un extremo. Y en los otros extremos, lo que puede haber son diversos tipos de errores y/o intereses creados de muy corto plazo, combatiendo ferozmente entre sí.

De cualquier modo no cuentan las opiniones de Alicita y Sergio. Sobre todo en La Hoja de Miracielos, que se ha puesto demasiado unilateral. Refleja sólo las opiniones de funcionarios y expertos –en lo posible reuniendo ambas calidades–y despistados que los siguen. Para los primeros –el Dr. Tal y el Lic. Cual–las preguntas de rigor son dos:

–¿Qué cargo ocupa? ¿Donde estudió …? Esas dos preguntas surgen cada vez que se vocea el nombre de algún candidato a asesor o a miembro de alguna Junta. Y entonces todo el mundo a discutir sobre si la acreditación de la Universidad donde se graduó el Dr. Tal o el Lic. Cual les califica o no les califica para ocupar este o el otro cargo o puesto. “A esa Universidad nadie la conoce.”

Alicita y Sergio son considerados “extremistas”, y poco a poco se rompe la comunicación entre ellos y los demás, porque les miran como si hablaran en chino.

# 8. Localismo y autoestima. Los “ramicales”. Los “Primeristas”

La Hoja ha desmejorado. Antes trataba de dar información sobre los hechos, conforme a su veracidad comprobable, con independencia de la real o supuesta jerarquía del informante. Y por separado, intentaba transmitir los criterios surgidos, con independencia de quien los sostenía, en páginas editoriales y de opinión. De este modo, el lector veía si cada opinión era o no razonable, a la luz de los hechos. La Hoja no siempre lograba esa objetividad, pero al menos se esforzaba.

Ahora La Hoja tiene una fijación con los puestos y antecedentes de las personas, y sobre el prestigio de las Universidades X, Z o P, donde dicen haber estudiado los candidatos, y el tiempo que pasaron y los estudios que hicieron y las calificaciones y títulos que sacaron. Los curriculums se hacen insustituibles a la hora de reunir votos: en las reuniones y asambleas, y en las elecciones. Por cierto, últimamente más que de los servicios se habla de las elecciones, quienes ganaron o perdieron la última, y quienes ganarán o perderán la siguiente.

Además está el localismo: La Hoja promueve el “amor a Miracielos”, “compre Miracielos”, el “rescate de las tradiciones miracielinas”. (Si es necesario su “rescate”, ¿son tradicionales?, preguntaba Alicita …) Y “levantar la autoestima del miracielino”, se ha vuelto un objetivo, como si la autoestima fuese algo que pudiesen levantar ellos con todo ese despiste. El medio para “elevar la autoestima” es pasar fotos viejas. Cualquier crítica a las autoridades es tomada como una “falta de cariño al Miracielos”. A los despistados del edificio “E” les ha dado igual manía con su propio edificio local, pero con querer a su edificio sobre todo, igual o más que al conjunto Miracielos. Son los más localistas de todos.

Por cierto lo del rescate es para algunas tradiciones, otras no. Por ejemplo, una viejita del edificio “B” le contó a Alicita que antiguamente no había un voto por persona sino por apartamento, y el voto era solamente para los propietarios. Incluso los propietarios de más de un apartamento tenían tantos votos como propiedades. Pero de esa antigua tradición miracielina, no se dice ni pío ahora. Es más, el voto infantil es propuesto ahora por el Grupo Escolar como una “forma de extender la democracia”, y “profundizarla”; o sea que sería una innovación revolucionaria, una conquista, muy importante dentro de los “derechos de los niños”. Y unas señoras oyeron sobre los derechos de los animales, y dicen que para que sea realmente amplia la participación, y universal el sufragio, y no haya “discriminaciones”, debe decretarse un voto por ser viviente, incluyendo gatitos y perritos. Eso no es tradicional. ¡Otra contradicción …!

–¿Tú quieres tu derecho al voto, Churchill …?– le pregunta Alicita. El perro no le contesta. (¿No tendrá conciencia de “sus derechos”?)

La Hoja también se hace eco de un reclamo muy escuchado:

–Aquí no hay disciplina. Todo el mundo hace lo que le da la gana. No se cumplen las leyes.

Pero ¿qué leyes son esas? En el edificio “B” dijeron que los servicios médicos no alcanzan porque la gente es muy descuidada con su salud, y decretaron prohibiciones de fumar y comer grasas, y obligaciones de practicar gimnasia y deportes … en base a “criterios técnicos”, por supuesto. En el edificio “A”, piensan que los atracos se deben a la gente muy descuidada con la seguridad, y decretaron horas de entrada y salida … en base a criterios estadísticos. En el edificio “F” redactan un Reglamento Ecológico. Resultados: nada mejora; y comportamientos hasta entonces inocentes se vuelven delitos, y el clima se hace irrespirable, demasiado recargado de sospechas, delaciones, acusaciones, alegatos, castigos y rencores.

Por cierto, antes había reuniones, asambleas y elecciones, pero eran muy diferentes. Participaba quien quería y hasta donde quería. Los más ocupados ni bajaban a las reuniones, delegando de ese modo las decisiones en quienes sí tenían tiempo de asistir; y a menudo firmando a otros un poder expresamente a este fin. Cuando algo les molestaba o inquietaba lo suficiente como para bajar personalmente, así lo hacían en la siguiente reunión. Y punto. Todo tranquilo.

Ahora en cambio, resulta que demasiadas cosas dependen críticamente de las reuniones y elecciones, lo que algunos todavía no advierten. Y otros sí. Pero se producen diferentes reacciones. Alicita p. ej. y unos pocos se alarman y disgustan; pero muchos residentes, en especial aquellos a quienes les encanta hablar y perorar largo y tendido, y escucharse a sí mismos todo el tiempo, se alegran porque las reuniones y asambleas son cada vez más cruciales y vitales.

A ellos, a los más activistas, “participativos” y “preocupados”, les parece que eso de las crisis por el agua, la luz, las facturas o lo que sea, va a ser muy “concientizador” y muy “motivador de la participación”; en especial así piensan y dicen aquellos promotores de los nuevos servicios, los más fanáticos de la participación, que mucho se quejan contra los que ni bajan a las reuniones. Como si el mundo corriese serio peligro de acabarse por el simple hecho de tener ellos una audiencia insuficiente o no muy numerosa para escucharles y aplaudirles. ¡Siempre quieren tener el salón atestado de público que les escuche boquiabierto hasta altas horas de la madrugada!

–Los despistados son “ramicales” –comenta Alicita a su mamá– se andan por las ramas; y olvidan lo más elemental: que un condominio no es para funciones de negocios privados e institutos particulares: fuentes de soda, tiendas, abastos, talleres y otras empresas, academias, clínicas. Las cosas tienen su naturaleza y modos de ser propios según sus funciones; y eso no es meramente convencional. Alicita había comenzado a estudiar Filosofía, y había aprendido que tu manera de hablar refleja tu manera de pensar.

¿Nadie daba a Alicita y Sergio siquiera algo de razón? Pues sí, algunas personas les daban cierta razón a Alicita y Sergio. Pero jamás querían discutir las reformas de fondo, y siempre anteponían un “Primero hay que…” Eran los “Primeristas”.

–“Primero hay que salir de la campaña electoral. Esos temas de reformas profundas “no pueden tratarse ahora”–decían, y Alicita respondía: ¿Y no es precisamente para discutir esos temas que los candidatos hacen campaña electoral? ¿De qué van a discutir si no?

–“Primero hay que salir del Referéndum revocatorio para quitar a Barzón de la Presidencia de la JG”– decían, y “no puedes Alicita dividir a la oposición” con esos temas tan controversiales como las reformas que planteas. ¡Es urgente quitar a Barzón! Alicita ya había aprendido que lo importante casi siempre es desplazado por lo urgente o lo que se percibe como urgente. Y encontraba muy poca diferencia entre el “barzonismo” y la oposición, porque ambas facciones compartían los mismos principios fundamentales.

–“Primero hay que atender la visita del Alcalde, Alicita!”– otra respuesta muy similar, siempre había algo así en la Agenda.

–“Primero hay que cambiar el Reglamento tal o cual”, por ej. el de las elecciones; ese es un tema prioritario ahora! Y Alicita preguntaba: ¿Y quiénes fijan esas prioridades?

–“Primero hay que salir de la crisis del agua”, decían, o de la crisis de la educación, de la salud, de la deuda o de lo que sea. Las crisis sobraban, ¡siempre había una!

Cuando no había crisis era en los “feriados largos”.

–“Ahora no porque viene Carnaval”– decían; o Semana Santa, o la Fiesta Patria algún feriado largo siempre se atravesaba. Pero Alicita observaba una gruesa contradicción allí: las crisis eran casi siempre justificaciones alegadas para no atender los temas relevantes acerca de las reformas importantes, y también la inminencia de los feriados largos; pero resulta que durante los tales feriados, ¡las crisis parecían desaparecidas!

Aparte los “Primeristas de muy corto plazo”, que pretendían postergar las reformas de fondo hasta después de sucesos inmediatos, estaban los “Primeristas de muy largo plazo”, con sus condiciones casi hasta la eternidad: “Primero hay que cambiar la cultura”, decían, “y eso es tarea de la educación, y se lleva 100 años por lo menos…”

Alicita les concedía que es verdad: se ha impuesto en el Miracielos una mala cultura, de auto-victimización y limosna, pero era producto y resultado de las pésimas innovaciones de unos años a esta parte, en las pautas y en los reglamentos, de manera que bastaría con remover esas novedades para terminar con toda esa “cultura” y malos hábitos, sin que sea necesario esperar tanto tiempo.

# 9. ¿”Más de lo mismo”, o “poco menos de lo mismo”? “El mal menor”

–El karate es mejor que el beisbol, chico, es más útil, para defensa personal y autodisciplina.

Eso es en la puerta de entrada. Un grupo discute acaloradamente sobre la propuesta Academia: que si karate, beisbol, fútbol, basket …

Antes no era así. En el sector había muchos centros para ese tipo de actividades, y cada quien se inscribía en el que quería, y se cambiaba si no le gustaba. Ahora, los servicios son “comunitarios” y hay una interminable discusión acerca de “prioridades” colectivas. Cada quien tiene su propia jerarquía de prioridades; pero eso es natural, eso no es lo malo, sino que cada uno se ve impelido a tratar de imponerla a los demás, con interminables argumentos, negociaciones, sobornos, amenazas o lo que sea; por lo general una combinación de todas esas armas. Esa discusión fue sobre una academia deportiva. Pero un problema más serio se avecina. Alicita lo ve venir, porque escuchó a alguien:

–No puede ser que no haya en Miracielos capilla o algo para un servicio religioso los Domingos …

Otro motivo de peleas son los cupos o cuotas para las personas. Y las prioridades en las listas. Para todo: puestos del estacionamiento, o de trabajo en los servicios. A Rita no le dan cupo para estacionar, y su empleo en La Cafetería pende de un hilo.

–¿Por qué es eso, Alicita?– pregunta Quique.

–Por ser rubia “catira” natural. Y hasta en La Guardería y El Grupo Escolar su bebé va a tener doble problema: por la misma razón, y por ser varoncito.

–Rita se lo tiene merecido –recuerda Quique–porque ella comenzó a pedir cuotas por género, y después otras siguieron con las cuotas raciales.

–Son sus contradicciones. ¿No eliminaron las calificaciones escolares porque eran “punitivas”? Dijeron que entre los alumnos sólo hay diferencias en el aprendizaje, “todas las experiencias son válidas”, y por eso es que no puede haber “sanciones”. ¡Pero resulta que el capítulo de Sanciones del Reglamento Ecológico del edificio “F” es el más largo!

–¿Y quiénes son esos tipos que estaban en la Reunión de anoche?

–Son de la Junta General de otro complejo residencial. Llegaron invitados por la COCO: Comisión de Relaciones Con Otras Comunidades. Hablan de unos Proyectos Conjuntos …

Total, que Miracielos está invivible. Muchos quieren mudarse, aunque algunos dicen que en otros complejos residenciales pasa exactamente lo mismo, porque el mal es general. Hay familias que ya se mudaron. Otras no consiguen compradores a los precios que piden, porque con todos los problemas la desvalorización ha afectado a sus propiedades, y tampoco quieren regalar sus apartamentos. Para colmo, de un tiempo acá, los despistados hacen eco de que …

–Los problemas son por el modo de escoger las planchas y nominados los candidatos, y los requisitos para ser postulados, y que las campañas electorales no están reglamentadas, y que los escrutinios no se inspeccionan debidamente, y el cuociente para adjudicar cargos según los votos … bla, bla, y la duración de los mandatos, y que no hay revocatoria para todos los cargos … bla, bla, bla … y por eso es que “no tenemos gente honesta, eficiente y sensible en las Juntas”.

Desde entonces, toda discusión termina siempre en el tema de los distintos regímenes de gobierno y sistemas electorales, las ventajas y desventajas alegadas de cada uno, las experiencias en otros complejos residenciales y sus controvertidos resultados, y las interminables reformas. A este fin se han discutido, aprobado y probado varias reformas, acordando sucesivamente diversos métodos para los Organigramas de Gobierno; y asimismo para las postulaciones, campañas, elecciones, cuenta de los votos y asignación o adjudicación de los diversos cargos. E innumerables métodos para que las Juntas de Control supervisen las gestiones de administradores y encargados, y procesen las denuncias formuladas.

Pero todo ha seguido igual o peor, tras cada reforma. Y aún siguen todos los despistados su larga espera por los planificadores, ejecutores, administradores y controladores “honestos, eficientes y sensibles”. Es decir, sigue el interminable desfile de personas en los cargos, cada cual arrojando las culpas de su fracaso sobre el anterior, y sobre la oposición.

–Supongamos que haya esa gente que ellos dicen buscar –ríe Alicita–deben ser muy poquitos, porque si no ya habrían aparecido. Considerando la población que queda en Miracielos, y las duraciones de los mandatos, las probabilidades indican que sus turnos podrían tocarles en el 2080.

A menudo Sergio refuta las “soluciones” despistadas:

–Los condominios deben manejarse como empresas, aplicando técnicas gerenciales modernas, bla, bla, bla …—dice un despistado del “A”.

–¿Y dónde están los accionistas –inquiere Sergio– … es decir, los dueños. ¿Y dónde los beneficios o pérdidas, que en las empresas privadas señalan claramente el éxito o el fracaso? Los dividendos se reparten entre los accionistas, los cuales pueden tomar medidas según los resultados …

–Los condominios deben promover las microempresas, bla, bla, bla …— repite una despistada del “C”.

–¿Y por qué no limitan sus funciones, y por tanto sus gastos –sigue Sergio– de modo que a la gente le quede dinero para ahorrar, y emprender sus negocios por su cuenta …

En general entre los despistados tienden a hacerse como dos partidos: por la revolución o por las reformas.

–O sea –resume Alicita–más de lo mismo; versus poco menos de lo mismo.

Por ejemplo con la devaluación de los vales, los reformistas adoptan la propuesta de regresar al dinero normal, acusando a quienes quieren prohibirlo, los radicales o extremistas, de tener también su propia punto de agenda oculta: “créditos para crear empleos en Miracielos, y así que nadie tenga que salir a trabajar afuera.”

Cierto, sólo que este punto revolucionario no es tan oculto: los extremistas hablan de que el Miracielos “debe producir al menos lo que consume”; y en consecuencia, plantean restringir las compras en el exterior, ya bastante menguadas por la falta de dinero. Y de allí a su prohibición lisa y llana hay un sólo paso.

–Pero en los edificios que adoptaron las reformas –Alicita los nombra– éstas no fueron suficientes. Porque no se atacó el problema en su raíz verdadera, que es la atribución a los Condominios y Juntas de Gobierno de funciones que no son las suyas propias por naturaleza. Y el descontento y el despiste general llevaron pronto al retorno de las mismas orientaciones anteriores, sólo que con medidas aún más radicales pero en la dirección equivocada.

Ante cada elección, el argumento definitivo por un candidato no era que fuese bueno, sino que era “el mal menor”. Alicita preguntaba: “¿Y así, de este modo, eligiendo el mal menor, cómo vamos a salir del mal algún día?” Le repugnaba esto, por el tono veladamente racista o clasista. “Apoyar el mal menor” significa algo así como: “Uds. son seres inferiores, no pueden aspirar a buenos modelos de gobierno, no, eso no es para Uds.; así que deben conformarse con sistemas caudillistas y despóticos, y buscar en todo caso unos déspotas que sean no-tan-déspotas”.

# 10.Entre el miedo y el ajuste. Ganar y competir

Alicita estaba observando algo que al principio le pareció bueno; pero después descubrió que era algo malo, muy malo, aterrador en realidad. El reemplazo del miedo por el “ajuste”. O sea: al principio había mucha gente que se quejaba de que los servicios comunitarios eran malos, y/o que salían muy caros. Hasta había quienes además se quejaban de que recortaban opciones a la gente. Estos “no conformistas” fueron objeto de sanciones, de diversa clase: como pensaban diferente, primero se les retiró el saludo y el trato, …y luego se les negaron empleos, se les negaron exenciones para los pagos, se les retacearon o se les “demoraron” servicios y prestaciones en los servicios.

Cansados de ser objetos de ostracismo y otros castigos punitivos, los “transgresores” descubrieron que si la razón del trato represivo que sufrían se debía a que su pensamiento y conducta no se “conformaban” al patrón requerido, pues entonces la “solución” era: ¡volverse conformistas! Y eso desde los niños, acondicionados desde los nidos en la educación impartida en los moldes establecidos por las autoridades del Miracielos.

–¡Buaaaa … aaa … ¡Era falta! Buaaaa … aaa … Pilito es el hermano más pequeño de Quique. Llora en los escalones de la puerta de entrada, abrazado a una pelota de fútbol. Tiene la cara ensangrentada, aunque Alicita comprueba de inmediato que sus heridas no son graves. Pero está desconsolado y rabioso.

–¿Qué pasó Pilito? ¿Por qué la pelea? Cuéntame …

–Nuestro equipo está bien clasificado … pero como íbamos ganando … el árbitro comenzó a contar sólo las faltas nuestras … y cuando uno de ellos tocó la pelota con la mano … se hizo el que no miraba. Es culpa del Reglamento …– Pilito sollozaba.

–¿Y cómo es eso Pilito? ¿Dice el Reglamento que tocar la pelota con la mano es falta o no?

–Sí lo dice, y claro. Pero es que también dice otra cosa, que le agregaron hace un tiempo. Una cláusula nueva. Esta …– y le tiende a Alicita el Reglamento, abierto en la última página:

Alicita lee en voz alta lo que sigue:

“Los árbitros y jueces de línea no se limitarán a un papel meramente neutral. Han de procurar siempre activamente el adelanto de los equipos menos afortunados –física, social, económica o deportivamente–, sobre todo cuando lleven menos puntaje, y estén más abajo en la Tabla de Posiciones. En todas sus decisiones están obligadas las autoridades del juego, bajo pena de las sanciones que más adelante se establecen, a favorecer sistemáticamente a estos equipos menos afortunados, para que así los más necesitados y desfavorecidos obtengan puntos, y puedan mejorar sus clasificaciones en la Tabla de Posiciones. Las Directivas de las Federaciones velarán por el cumplimiento de estas disposiciones en letra y espíritu. Ni jueces ni árbitros podrán excusarse de esta obligación en base al cumplimiento o incumplimiento de formalidades o tecnicismos; y todos los equipos favorecidos por la presente disposición, quedan facultados para reclamar su aplicación inmediata, en cualquier incidencia y momento del juego, y asimismo antes y después de los encuentros.”

Alicita leyó tres veces, porque a la primera vez no entendió; a la segunda le pareció entender pero no podía creer lo que entendía. En eso llegó Quique, el hermano mayor de Pilito.

–Pero Pilito, ¿qué es esto …?

–Buaaa… Es la “Cláusula de la Igualdad de Oportunidades” …

–¿Y cómo se permitió que incluyeran esta norma? ¿Nadie vio que es un disparate?

–No sé. Lo decidieron por mayoría.

–Pilito, ¿Y nadie vio que este tipo de cláusula contradice a muchas de las demás?

–Yo no sé. Todo lo deciden por mayoría. Así son las cosas ahora–Pilito ha dejado de llorar.

–Pero, un momento, ¿tú si ves la contradicción? ¿O no? –Pilito duda un instante.

–Bueno, yo creo que sí la veo, terció Quique. De lo que estoy seguro es que un Reglamento que tiene esta cláusula y las otras a la misma vez, trajo muchas confusiones. Yo mismo estoy ahora confundido. No sé quien tiene la razón verdaderamente. Tampoco sé si el juez de línea está realmente confundido o se hace. Además está eso de ganar y competir …

–¿Qué …?

–Ellos dicen que ganar no es lo importante sino participar. Y que tampoco se trata de competir, porque es malo: competir.

–Pilito, Quique: ellos quieren ganar, y por eso y para eso participan. Pero ganar sin competir es lo que buscan, ganar de todas formas. Y por eso no quitan las demás reglas, para poder apelar a unas u otras según la conveniencia del momento …

–¿No es lo que llaman “pragmatismo”?– interrumpe Pilito.

–Creo que pragmatismo es otra cosa; de todos modos te prometo buscarlo en mi diccionario– dijo Quique. Y ahora que lo pienso, Alicita, si iban a meter ese artículo, más lógico hubiese sido que quitaran todos los demás, y que el árbitro decida él mismo en cada encuentro el resultado, con independencia del número de goles de uno y otro equipo. Aunque acaso para eso no hiciera falta jugar en realidad. Si lo pienso mejor, veo que la cláusula esa trajo otra cosa. (Quique había estado conversando con Sergio últimamente..)

–¿Cuál cosa …?– preguntó Alicita.

–Abusos– respondió Quique. Muchos abusos de parte de los más vivos y aprovechadores, que por lo general son los jugadores más ineptos e incompetentes. Y si lo sigo pensando, veo otra cosa que trajo esa cláusula encimada a las demás, aparte de confusiones.

–¿Qué más, Quique?

–Peleas. Muchas, Alicita. Violencia. ¿Y por qué hay que decidir todo por mayoría? ¿Y si a mayoría no tiene razón? ¿No es eso un abuso? Alicita no tiene respuesta …

–Churchill, ¿no se suponía que la democracia evitara la violencia?– le pregunta Alicita al perro. Churchill sólo ladra y mueve la cola, saludándola. Pero Alicita sigue su reflexión … El partido de fútbol –y la charla con Pilito y Quique–, le hacen comprender algunas de las otras cosas raras que pasan en el Miracielos.

# 11. Barzones y barzonitos: ¿cómo comenzó esta locura?

Alicita trata de convencer a Engelberto su papá y a Pancho acerca de la conveniencia de mudarse:

–Papi, el problema más grave son los despistados, y no los barzones y barzonitos.

Barzón fue un Presidente de Junta famoso, que duró muchos años a base de chanchullos y engaños. Aunque ya su época de auge había pasado, en el Miracielos todavía se les dice barzones y barzonitos a los sinvergüenzas corruptos grandes y chiquitos. Barzonitos son los que tienen cupos para revender, o te consiguen exenciones y otros privilegios a cambio de votos para ellos y sus otros barzonitos amigos, etc.

–Un barzón, papi, depende de los barzonitos, y viceversa, pero todo el barzonaje descansa sobre una amplia base de despistados, que viven en la Luna. Es el sistema: sin despistados no habría barzones ni barzonitos. ¿Qué es un barzonito? Es un despistado que se ajusta al sistema en una vía de de aprovechamiento, pero casi siempre sigue despistado. No se da cuenta. Si trepa y se transforma de barzonito en barzón grande, tú sabes, entonces sí puede tornarse en un puro sinvergüenza, que se da cuenta pero se hace el que no se da cuenta. Pero en general, papi, lo más inmoral es el sistema: prácticamente nos obliga a todos a ser inmorales, o al menos de moralidad dudosa o discutible. A sacar el barzón que todos tenemos dentro.

–Y si nos mudamos, ¿qué …?– pregunta Pancho.

–Entonces sí voy a participar– respondió Alicita. Pero no como tú, sino que voy a participar para proponer otras reglas de convivencia. Pocas y simples, nada más que dos.

–¿Y a ver sabionda, cuáles reglas son esas dos?– le espetó Pancho.

– La Número 1 es esta: Cada quien tiene derecho a vivir su vida– le respondió su hermana. Y nadie debe fastidiar a los demás. Por supuesto que esa regla incluye por ej. no poner música a todo volumen, no meterse en los puestos ajenos del estacionamiento y esas cosas de mero respeto a la propiedad, a la vida y libertad de cada quien. Y también pagar cada apartamento su parte en los gastos, pero de los gastos que son comunes porque los servicios que son comunes por su naturaleza, no de los que se les ocurra decretar e imponer al barzonaje como que son comunes. Me refiero a los bombillos de las escaleras que se rompen, pintar las escaleras, arreglar los ascensores, la reja de la calle y esas cosas.

–¿Y la Regla Número 2?– sigue Pancho.

–Es más corta– sigue Alicita. Dice: La Regla No. 1 vale también para las Juntas. O sea: las Juntas tampoco deben fastidiar a los demás. Sobre todo no inventar servicios y otras locuras cuyas consecuencias después tenemos que pagar todos, en molestias y enormes gastos. No deben meterse en deudas, salvo que las paguen ellos de sus bolsillos. Obvio que no deben emitir vales. Tampoco imponernos reglas prohibitivas, restrictivas ni mandatorias sobre nuestras actividades económicas, deportivas, artísticas, alimenticias, románticas, religiosas o cualquier otro aspecto de nuestra vida privada, individual o familiar. O sea, nada de reglamentos idiotas y crueles. Y nada de Proyectos Conjuntos. Obviamente, si las Juntas se dedican sólo a mantener y reparar las cosas inevitablemente comunes y nada más, desaparecen los seudo-problemas.

–¿Cuáles son los seudo-problemas …?

–Pancho, los creados por todos los privilegios que las Juntas pueden dar, y por eso pueden quitar. Todos los barzones, incluso los potenciales, dejarían esa desesperación por ser candidatos y ponerse en los cargos, cambiando los barzones Tales por los Cuales. Es más, las elecciones ya no serían asuntos cruciales de vida o muerte, y asimismo los regímenes electorales. No habría esa urgencia de reunirse todos los días. La gente podría ocuparse cada quien de lo suyo, su trabajo, su negocio, su familia –que buena falta nos hace a muchos–, y de su vida espiritual quien quiera, cada quien en su propia búsqueda personal en ese campo. Yo creo en Dios y no creo en horóscopos, pero todos tenemos igual derecho a creer o no creer en lo que nos de la gana a cada quien. Eso sí: cartas astrales, tarots o servicios religiosos, cada quien debe sostener pagando lo suyo propio, pagando sus cuentas separadamente.

–¿Y La Hoja?– el papá de Alicita últimamente ni la leía …

–Papi, volvería otra vez a dar noticias sobre hechos y cosas que pasan en vez de puras opiniones … y las opiniones serían mejores, porque la gente tendría más tiempo y voluntad para pensarlas antes de decirlas. Yo estoy clara: el barzonismo es parte de todo el sistema, que se basa en los despistados, y provoca un aumento general del despiste. Papá, recapitula y acuérdate cómo comenzó esta locura …

–Cierto, ¿cómo empezó todo esto?– Pancho, desde semanas atrás se estaba poco a poco aclarando, y se daba cuenta de muchas cosas, primero una, después la otra … iba atando cabos.

–Con los despistados que se creyeron vivos, y pensaron que iban a tener almuerzos gratis, o casi. Y arreglos o reparaciones de carros por monedas. Ellos apoyaron la creación de los talleres de reparaciones. ¡Todavía no se dan cuenta que no hay almuerzos gratis!

# 12. La Salida de la locura, incluso la mayor de todas

Alicita sigue con la idea de mudarse, ahora con Aldelaida su mamá:

–En un edificio nuevo, las dos Reglas No. 1 y No. 2 servirían para prevenir toda la locura mami– Alicita le aclaraba a su mamá. Y si la locura ha comenzado a desatarse, podrían detenerla. Convenientemente aclaradas las dos Reglas, servirían para pasar claros mensajes como vacuna contra la locura, o remedio. “Despistados: No hay almuerzos gratis.” Y “Barzones: No hay despistados.”

–Mamá yo estoy clara– Alicita le insistía. Los barzones existen por la ignorante credulidad de los despistados, y su supuesta “viveza” tonta, porque ellos siempre están esperando sacar algo de los gerentes administradores supuestamente “eficientes, honestos y sensibles”. En lugar de informarse y aclararse, y administrar cada quien lo suyo propio, sin aceptar que todo sea puesto en común, incluyendo enseñanza, servicios médicos, comida, reparaciones, lavado y planchado, corte de pelo y cuanta cosa necesitamos las personas. Fíjate, mami, que es exactamente lo mismo lo que ocurre con la locura mayor, a otro nivel.

–Me imagino a cuál nivel te refieres—le respondió la mamá. ¡Pero ahora no tengo tiempo!

–Sí. La gran locura mamá, la de todos los despistados de la nación: despiste y barzonismo generalizados, en el país y sus Gobiernos, todos, nacionales y municipales, de antes y de ahora. El sistema es más difícil de ver en un conjunto de ciudades, pueblos y pueblitos, que en un grupo de edificios, y por eso todos los despistados del país lo apoyan sin reservas, y casi nadie se le opone. Pero es el mismo sistema. Aquí en el Conjunto Residencial Miracielos, todo comenzó cuando la gente olvidó que las Juntas de Condominio tienen unos fines propios, y una naturaleza propia, que es muy apta para cumplirlos, pero no para otros fines que no son los suyos. Como las empresas. “Zapatero, a tus zapatos”.

–Y “quien mucho abarca, poco aprieta” … dice el otro refrán. Era la tía Quinita, hermana del papá de Alicita.

–¡Eso, tía! Cada quien en lo suyo es como sirve. Yo llamo “servicialismo” a esta idea, lo opuesto a servilismo. Aunque Sergio dice que también se le llama “capitalismo”. Pero en fin, de todas maneras, tú ves que aquí todo candidato promete “ayudar a resolver los problemas de la gente”, como decía Barzón en su tiempo. Él ya no está, pero los de ahora siguen la misma línea y eso no ha cambiado. Ese otro refrán tengo muy claro: El que más ayuda es quien no estorba. Me enerva esa hipocresía de los ayudadores desinteresados. Buscan lo mismo que buscamos los acusados de desajustados egoístas. Es lo que busca todo ser humano normal: provecho propio. Sólo que los medios que ellos han elegido son el engaño y el temor; o el “ajuste”, la conformidad. No es como cuando alguien pone una venta de pollos en la calle o el mercado. ¿Qué le dice a su cliente? “Toma tu pollo, dame mi dinero.” ¿Y qué le dice el cliente a la puestera? “Toma tu dinero, dame mi pollo.”

– Ahí no hay engaño ni temor, tía. Ni hay que “ajustarse” a un patrón de ideas y comportamientos predeterminados por los jefes. Lo que hay es intercambio voluntario, natural, y muy simple: porque si al cliente el pollo le parece muy flaquito, puede caminar una cuadra más hasta el siguiente kiosco de venta de pollos.

–¿Y cómo comenzó la locura en el país?– pregunta la tía Quinita.

–Igual, tía. Los Gobiernos también tienen fines específicos y naturaleza propia acorde con ellos, muy limitados. ¡Pero a la gente se le olvidó! Esa naturaleza suya burocrática, jerárquica, centralizada, que es uniforme y formalista, conviene a sus funciones propias, siendo la principal administrar justicia. Claro, también los Gobiernos pueden servir para mantener servicios de policía, bomberos, soldados en las fronteras, cuadrillas de obreros construyendo puentes, o calles y caminos, y limpiándolas … Pero hasta allí. Más de eso, ya sale demasiado caro, hay abuso y robo, y la gente se empobrece. Y cuando la gente es pobre, entonces no puede comprar lo que necesita, de las otras instituciones aptas para producirlo, por ejemplo las empresas, y las escuelas y clínicas privadas, que son también empresas, lo cual no tiene nada de malo.

–¿Y cómo podría curarse la locura mayor …?

–Con las mismas dos Reglas, tía. La Número 1 diría No fastidiar al prójimo, y la Número 2 diría Los Gobiernos tampoco. Tal vez un poco más largas, sobre todo la segunda. La 1 establecería los derechos de las personas, pero nada más a la vida, libertad y propiedad, poniendo claro que la gente debe ganar el sustento como le parece y pueda –aunque sin violencia o fraude–, y conservar íntegro lo que gana sin que nadie le quite ni pizca, cualquiera sea el pretexto. Y la 2 establecería los límites de los Gobiernos, en sus funciones, competencias, poderes, tamaño, gastos y recursos. Porque si yo te apunto con una pistola y te quito algo tuyo –para otro o para mí misma¬-, eso es delito, ¿verdad? Bueno, cuando lo hacen los Gobiernos también debería serlo.

–Volviendo al Miracielos, Alicita. Si nos mudamos, ¿tu participarías promoviendo esas dos reglas?-¬terció Pancho.

–Sí.

–Hija mía querida, no necesitamos mudarnos para eso– terminó su papá.

FIN DEL FASCÍCULO I

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No te despistes, los próximos títulos de la serie son:

Título II: ALICITA VENDE POLLOS

Y huevos. Aunque no en Miracielos. Cuenta con Quique, la ayuda de Pancho, el apoyo de sus papis, el asesoramiento de Sergio, y la oposición de la mamá de Quique.

Pero Alicita no puede vender mucho, porque encuentra muchas dificultades de diverso orden: impuestos, reglamentos sanitarios, prohibiciones de importar insumos, carreteras deficientes, etc., sin contar que la gente no tiene mucho dinero. Las dificultades le sorprenden porque directa o indirectamente derivan de cosas que se supone benefician al pueblo, constituyendo en realidad verdaderos obstáculos –y muy serios– al mejoramiento, progreso y bienestar popular.

Alicita experimenta como funciona –o no funciona–su propia economía, y la de la gente, es decir, la del país. Y sobre lo que hacen los Gobiernos, y deshacen, e impiden hacer. Llega a ciertas conclusiones sobre los bienes y servicios, el dinero y el crédito, los trabajadores y el pueblo, las empresas y sus beneficios. Pero sus conclusiones no son compartidas por el Padre Felipe, el Párroco de la Iglesia.

Título III: ALICITA ESTUDIA LA BIBLIA

Alicita & Cía. tiene contratados a 5 empleados, y al Gerente Demóstenes. Pero el Padre Felipe le dice que la “explotación” no es cristiana, y el afán de lucro tampoco. Consultado el Pastor Luis José, de la Iglesia Evangélica, también resulta ser de esa misma opinión.

Así que Alicita decide estudiar la Biblia.

Pero mucho se sorprende cuando encuentra que la Biblia no prohibe hacer negocios, y es más: trae algunas recomendaciones prácticas muy útiles sobre ellos, por ej. no endeudarse como cosa corriente, y nunca más allá de la capacidad crediticia de cada quien. Tampoco la Biblia prohibe a las personas obtener lucros o ganancias empresariales, o contratar otra gente mediante el pago de un salario. Más sorpresas: la Biblia sí prohibe a los Gobiernos hacer negocios, y entrometerse en las economías particulares. También les prohibe a los Gobiernos gastar demasiado, y cobrar impuestos sin proporción ni relación con sus funciones propias naturales, porque eso es robar, cosa prohibida para todos. Y la Biblia ve con desconfianza y disgusto a los Gobiernos que emiten dinero, y educan a los niños y muchachos, así como a cualquiera persona. Además, otra cosa dice la Biblia que prohibe Dios a los Gobiernos, a los cleros, al pueblo, a todo el mundo: mentir. O sea: ¡que la Biblia no está despistada, al contrario, está muy clara!

Título IV: ALICITA EN LA FACULTAD DE FILOSOFÍA

La Biblia no prohibe a la gente que use la cabeza para razonar, y es más: lo recomienda. Alicita quiere estudiar Filosofía, pero sin dejar los pollos (ni la Biblia.) ¡Gran alegría de sus papás!, a quienes no les hace mucha gracia que Alicita lea sólo la Biblia.

Ella se sorprende cuando encuentra ciertas dificultades para conciliar sus estudios con los pollos (no con la Biblia.) Pero no porque no se relacione el conocimiento filosófico con la venta de pollos, sino porque descubre que la gente no va a las Universidades a buscar conocimientos sino títulos. Y eso no pasa sólo en la Facultad de Filosofía sino en todas. Y porque los centros educativos son propiedad de los Gobiernos, y/o están regidos en todo por los Gobiernos, que los utilizan –entres otras cosas–para decidir ellos quién trabajará en qué y cómo.

Por fin Alicita toma un curso sobre las ideas filosóficas antiguas. Más sorpresas. Una: muchas ideas filosóficas no son sólo antiguas, son las que todo el mundo actualmente tiene en la cabeza, pero sin darse cuenta. Dos: son erróneas, falsas. Tres: la gente no las tiene en la cabeza por casualidad; la mayor sorpresa de Alicita es la gran cantidad de premisas, conceptos e ideas filosóficas absurdas que a diario transmiten la prensa, la radio, las telenovelas, etc., despistando a la gente, que las repite … Y cuarto: las consecuencias de las teorías son muy prácticas. Repitiendo y aplicando la gente teorías locas a sus negocios y asuntos privados –y a los públicos–, las consecuencias prácticas son desvastadoras para las personas.

Título V: ALICITA EN LA WEB

Para publicitar sus pollos, Alicita monta su Página Web, incursionando asimismo en el comercio electrónico. También desea publicar algunas conclusiones de sus estudios bíblicos y filosóficos. Y su “Neo–Diccionario”, con los nuevos significados que los abusadores semánticos dan a las palabras: abusan del lenguaje para abusar de las personas.

También se propone registrar ciertas experiencias científicas. Por ejemplo: en los gallineros se observa que los animales conviven jerárquicamente, según estricto “orden de picoteo”. Y Alicita ve que los seres humanos podemos hacerlo de esa forma –de hecho muchos lo hacen– pero tenemos abierta la posibilidad de convivir de otro modo si queremos: sin sumisión ni servilismo. Eso implica que somos libres, a diferencia de los animales, que no lo son, y no porque se los tenga encerrados en un corral.

En la Web, Alicita descubre otras páginas y blogs de personas y grupos que piensan de manera similar, en todo el mundo. Y descubre que Internet es una maravilla. Y también la “globalización” y las inversiones extranjeras. Pero también los abusadores del lenguaje le cambian los significados a esos conceptos. Alicita documenta que los nuevos significados ya no corresponden a las verdaderas realidades de las cosas, como sí los viejos significados de su antiguo y manoseado Diccionario escolar.

Título VI: ¡VOTA POR ALICITA!

De sus estudios y experiencias –a las que llama “trabajo de campo”–, Alicita llega a sorprendentes conclusiones sobre las campañas electorales y las elecciones. Y sobre la democracia; por ej.: no es seguro que sea en todo caso la mejor forma de Gobierno. Pero siendo la única hoy en día, decide aceptar la postulación para un cargo electivo. Le apoyan su familia, los amigos, y Demóstenes, y sus empleados y clientes, y algunos de sus proveedores. Entre todos tratan de organizar un partido, fundamentado en el “Servicialismo”, doctrina opuesta a toda forma de servilismo.

Alicita se asume como candidata “radical y desajustada”, y con orgullo. Sus lemas:

“¡Desajustados del mundo: unámonos!”

“¡Contra los abusadores y sus serviles!”

“Servil: no te hagas el despistado!”

“Despistado: ¡sube a la pista!”

Advierte fieramente la candidata Alicita: “¡Despistados: nada con Ustedes hasta que se aclaren!”; y vocea: “¡Arriba la gente que está clara …!” “¡Sometidos: a libertad somos llamados!”

No le adelantaré ninguna de las sorpresas en este campo.

Fdo.: Engelberto,

papá de Alicita  

Edición 1: Caracas, 2002.

Edición 2: Lima, 2013.

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“EL OTRO CAMINO” Proyecto R.A.D./Alicita

RED ANTI-DESINFORMACIÓN

Lima, 15 de Abril de 2013

Alberto Mansueti

@MansuetiAlberto “Hay un camino” decía Capriles. Bueno, a buscar otro, porque ese llegó a su fin de línea. Yo digo que “SÍ hay otro camino”, ¿y tú?

# Presentación: AUTODEFENSA POLÍTICA

Tranquilo fue el siglo XX para Latinoamérica, comparado con lo que llevamos del XXI. Vea Ud.: aquí no hubo trincheras en la primera Guerra, ni bombas atómicas en la Segunda; lo que hubo aquí fueron crecimientos en las exportaciones, en ambos casos. Al Holocausto y al Gulag les conocimos casi que sólo de nombre, o en fotos. De la guerra de Corea oímos por radio, y vimos la de Vietnam en tele. Por casi todo el siglo, abundantes flujos de inmigraciones y capitales llegaron a nuestras costas desde todas partes, atraídos por la relativa calma y la bonanza (comparativamente), apenas interrumpidas por el coletazo de la Crisis del ’29.

La política aquí era un alternarse de gobiernos civiles con militares, tan pintorescos e inútiles los unos como los otros. ¿”Revoluciones”? ¡Ah sí!, las teníamos a cada rato, pero sólo cambiaban algunas de las figuras gobernantes por otras (ni siquiera todas), y desde luego el texto de la Constitución, que casi nadie leía. Y los “revolucionarios”, calmaban sus ardores tan pronto eran admitidos en el Club Social y alternaban con las lindas chicas de buenos apellidos.

En aquellos tiempos más calmos, “normales” para nosotros, la gran mayoría no se involucraba en política. ¿Para qué? ¿Qué necesidad había? La política era reservada para los interesados en sus intríngulis, que “militaban” en grupos y partidos, que oían los chismes regados en los mentideros más frecuentados, leían incluso libros sobre esos temas, asistían a interminables reuniones, y con sus amigos influyentes se postulaban para algún cargo político. El grueso de la gente ni siquiera estaba informada; estaba “al margen”, dedicada a su trabajo, estudios o negocios, a su familia, al arte, a divertirse o a lo que sea… menos a la política, que muchos veían cosa muy pero muy aburrida.

Los cambios llegaron en los ’70 y ‘80, y fueron para peor. Porque en aquella Guerra no tan Fría sí entramos, cuando la guerrilla marxista dirigida desde La Habana enfrentó unas Fuerzas Armadas que no estaban preparadas para una guerra, mucho menos ideológica. Y en la economía, los disparates del “cepalismo” comenzaron a surtir sus catastróficos efectos, golpeando muy duro a la gran mayoría, y por primera vez a la clase media.

¿Y qué pasó? Que para 1989, cuando el fin del Muro, los militares habían ganado la batalla de las balas y bombas a duras penas y con altos costos; pero no estaban informados de que en una guerra ideológica, el frente cultural es el decisivo. Peor aún les fue a los economistas: trataron de batirse con la estanflación y la pobreza endémica, pero tampoco estaban preparados, ellos ni los políticos populistas que les contrataron, porque no estaban informados sobre las realidades del libre mercado auténtico, sus teorías o sus políticas. Los militares derrotaron al marxismo armado, para luego ser vencidos por el marxismo en la enseñanza, los periódicos y revistas, la radio, la TV y el púlpito, etc. Y los Presidentes y sus economistas aplicaron el Consenso de Washington, interpretado a la criolla, para corregir los “desequilibrios macro” (con altos costos), dejando las “reformas micro” para un futuro, el cual llegó hace rato. Las políticas del “Consenso” están agotadas y ya son harto insuficientes frente a las necesidades, lo cual genera la inconformidad y crispación que hacen caldo de cultivo al Socialismo del s. XXI. No obstante, de las reformas, hasta hoy no hay noticia, ¡y ni idea parecen tener!

Mientras tanto, los derrotados militarmente adoptaron el marxismo de la Escuela de Frankfurt, y se dedicaron a montarnos tres trampas mortales: 1) Culpar de todos los males al “capitalismo liberal”, pese a que jamás estuvo entre nosotros, para frenar las reformas estructurales, y así agravar y multiplicar los males. 2) Prometer “planes sociales” (a cambio de votos), como grandes remedios para los problemas económicos. 3) Para todos los demás padecimientos, reales o inventados, impulsar las leyes y medidas “políticamente correctas” de las agendas ecológica, feminista, indigenista, gaycismo político, “responsabilidad social empresarial”, etc., a fin de completar la concreción del Programa del Manifiesto Comunista de 1848.

Muchas nuevas generaciones viven peor que sus padres, cosa nunca vista hasta ahora. Una ola de frustración recorre nuestros países, sobre todo entre los jóvenes (y no tan jóvenes) de la clase media, que son o se consideran más afectados; y asimismo entre los empresarios emergentes de la economía informal, cuyos horizontes se estrechan día a día. Esto hace que ya casi nadie quiera estar “al margen” de la política; es algo que les afecta, mucho y negativamente, y sienten que es necesario participar. Es un caso de autodefensa.

Pero, por desgracia, han sido víctimas de todas las campañas marxistas de DESINFORMACIÓN, “lavado cerebral” a través de la educación, la prensa, el clero y los medios en general. Abrigan en sus mentes y corazones una infinidad de ideas y conceptos letales, que sin embargo creen correctos y acertados. Así ellos mismos tejen y anudan los lazos de las cuerdas con las que hoy son maniatados y amordazados, para esclavizarles, y con las que mañana serán colgados, cuando ya no sean útiles, si los planes del Foro de Sao Paulo llegan hasta sus últimas consecuencias.

Para evitarlo, hacemos la RED de ANTI – DESINFORMACIÓN.

# Concepto. Cacerolazos no tumban gobiernos socialistas. Tampoco marchas de protesta ni huelgas de hambre. LA SALIDA, la única vía para salir, pasa por la DESLEGITIMACIÓN DEL SOCIALISMO, y consiguiente REHABILITACIÓN MORAL DEL CAPITALISMO, como primera medida; es decir: la lucha ideológica. Una vez ganada o al menos entablada la batalla ideológica, entonces es posible la lucha política, por los medios democráticos. De otro modo: imposible.

En Venezuela, como en otros países latinoamericanos, no ha podido abrirse la pelea en el frente ideológico, por la resistencia levantada en nombre del “Primero hay que”. Cada vez que comenzamos, a los liberales se nos dice: “NO, primero hay que… salir de Chávez.” Y ahora será “NO, primero hay que… salir de Maduro.” Es decir, siempre se nos pone una condición previa, supuestamente a muy corto plazo.

Otras veces la condición es a un larguísimo plazo: “NO, primero hay que… educar al pueblo.” Mientras tanto el socialismo no espera; al contrario: avanza, y gana cada vez más posiciones.

Lo que hacemos en R.A.D. es, 1) educar al pueblo. Pero no se requieren miles de años para enseñar a la gente que ESTO ES SOCIALISMO, que el socialismo no es bueno sino malo, y lo bueno es el capitalismo, practicado en el pasado por los países que hoy son ricos, y por eso son ricos. Enseñar que la estúpida pretensión de inventar algo mejor que el capitalismo es lo que nos mantiene fregados en América latina desde hace 200 años por lo menos. Y 2) pasamos a la gente el mensaje correcto: para salir de Chávez, Maduro, Correa, Evo o quien esté de turno a cargo, en el país que sea, PRIMERO HAY QUE SALIR DEL SOCIALISMO, a lo menos en nuestras mentes, para comenzar. De otro modo: imposible.

# El ejemplo checo. Primero hay que deslegitimarlo como sistema y como idea, en la opinión pública, rehabilitando el capitalismo como concepto. Se demostró con gran éxito en al año 1989 la “Revolución de Terciopelo” en Praga, hoy República Checa, acerca de la cual puede leerse al ex Presidente liberal Vaclav Klaus, uno de nuestros principales referentes. http://www.klaus.cz/english-pages/

En la antigua República socialista de Checoslovaquia, la socialdemocracia demandaba elecciones libres como en Occidente. Pero el sistema soviético seguía firme. El comunismo cayó recién cuando la gente comenzó a pedir no sólo elecciones como en Occidente, sino además neveras, lavadoras, ropa, carros y televisores como en Occidente. A la exigencia política de la DEMOCRACIA: elecciones limpias y partidos de verdad, se sumó la demanda en la economía: empresas privadas en competencia, producción masiva de bienes y servicios, libre mercado. O sea: CAPITALISMO. Se rompió el VELO DE LA DESINFORMACIÓN. El consumo por ej. ya no se consideraba algo “pequeñoburgués” o “imperialista”.

# En nuestra América latina, la hegemonía ideológica y política de la izquierda socialista, es conducida por el FdeSP Foro de Sao Paulo desde su fundación en 1990. Su acción es la DESINFORMACIÓN deliberada, programada y constante, que con carácter sistemático y metódico, transmiten y retrasmiten de modo regular y paciente los agentes adoctrinadores y activistas propagadores del marxismo cultural, la ignorancia, la confusión mental, y la “política correcta”.

# Qué es Desinformación: Se introducen conceptos totalmente falsos en la cabeza de la gente. Por ej que el SOCIALISMO es un “noble ideal de justicia y equidad” bla bla bla, y que el CAPITALISMO es “el egoísmo de los ricos, los intereses de las grandes empresas y los poderosos” bla bla bla. Y la gente se lo cree.

# Cómo funciona: Creyendo la gente semejantes falsedades, los gobiernos de Lula, Evo, Correa, Chávez o Maduro hablan “en nombre del socialismo”, y así gozan desde la entrada con un manto de impunidad ante la opinión. Y cuando la gente observa la corrupción, la escasez, la pobreza, la miseria, el autoritarismo, la ignorancia, la violencia y el crimen, dice “¡Ah no, esto no es socialismo!” Y el socialismo queda protegido como imagen de marca, listo para servir de trampolín al poder en la siguiente elección.

Por otro lado, “capitalismo” es una palabra totalmente desacreditada, como la imagen del mal absoluto. Así, los socialistas nos descalifican fácilmente a sus adversarios, acusándonos de “¡servir al capitalismo!”. Igual es con el concepto “derecha”. Así nos desarman a ojos de la opinión pública, previamente adoctrinada, o sea DESINFORMADA.

# Ley de Mises. Mucha gente cree que la mala situación económica juega en contra de un gobierno socialista. Pero no es así: la escasez no tumba a los gobiernos socialistas, al contrario, es la condición que se toma como pretexto para imponer más controles y racionamiento. Por eso el socialismo no “implosiona” como dicen por ahí, no “se cae sólo”, por escasez, inflación, falta de divisas y otros padecimientos económicos.

Hay una ley de hierro, la LEY DE MISES del control y racionamiento por cuotas. Dice así: “A más escasez, más reglamentos y supervisiones, racionamiento político-administrativo, control militar-policial, y poder socialista”. Se traduce de esta forma: lo poco que hay, sea de dólares, comida, gasolina, puestos, becas, contratos, “ayudas sociales” etc., se lo reparten todito entre los socialistas, sus amigos y aliados. Así acrecientan el poder socialista. ¿Y los demás? ”¡QUE COMAN M..!” Así debilitan a los no-socialistas, y aplastan su independencia, quebrando su voluntad de resistencia, y trayéndoles de cabeza gacha por el camino de la servidumbre, listos para lamer la mano socialista en busca de una limosna-recompensa por su fidelidad y obediencia. Así lo explica Ludwig von Mises en “Socialismo”, libro de 1922.

# Los Canales de la Desinformación. Según el Profesor Olavo de Carvalho, el mejor investigador del tema en la actualidad, la DESINFORMACIÓN se propaga principalmente a través de tres grandes canales: A) la educación, B) medios de prensa, C) el arte popular y la industria del entretenimiento. Además podemos añadir un cuarto, D) las iglesias, muy desinformadas.  Y un quinto también, E) las redes sociales como Facebook y Twitter, o la prensa digital, cuando la misma gente que es VÍCTIMA del socialismo, sin quererlo ni saberlo, se torna en su propagandista inconsciente, por ignorancia, al repetir consignas “envenenadas” con la desinformación; por ej. “¡Esto no es socialismo!”

Quienes no conocen la labor del Prof. Olavo de Carvalho, pueden documentarse en portugués http://www.olavodecarvalho.org/index.html  como también en inglés http://en.wikipedia.org/wiki/Olavo_de_Carvalho  y asimismo en español http://www.olavodecarvalho.org/espanol/archivo2000.htm

# El “velo” de la desinformación. Propagando y repitiendo falsedades, los socialistas crean un “velo” de falacias y confusiones, y de enormes lagunas, hiatos y huecos en los conocimientos e informaciones.

Propalan errores y equívocos, que sin embargo son hábilmente aprovechados y explotados políticamente por las izquierdas, para su propósito de consolidar, profundizar y expandir el socialismo en la región. La gran mayoría de la gente da por sentadas estas falsedades, que toma por verdades incontrovertibles, sin darse el tiempo de examinarlas. Este “velo” impide que la gente tenga acceso a un mínimo y elemental conocimiento de los hechos, y pueda razonar lógicamente acerca de ellos y de las relaciones que les vinculan unos con otros. Aparte lo ya dicho más arriba, veamos otros tres ejemplos más.

1) “Todas las teorías son buenas”. Cuando uno critica el socialismo, se dice: “El socialismo es bueno en teoría, todas las teorías son buenas, el problema es cómo se aplican.” Sin embargo del capitalismo casi nunca dicen lo mismo. Y es falso: por ej. una teoría que diga “la diabetes se cura con masivas dosis de azúcar” es una teoría, mala y pésima; no va a funcionar, quien sea que administre las dosis. Ni hay que esperar a hacer prueba alguna “en la práctica” para ver cómo funciona. El socialismo es malo EN TEORÍA. (Y en la práctica es peor).

Sin embargo con esta falsedad el sistema siempre se salva; lo que falta es esperar el “socialista bueno” que al socialismo “lo aplique bien” … el próximo. Y así es que siguen.

2) Socialistas democráticos “moderados” y radicales. Este mito dice que hay socialistas buenos, a los que se oponen los socialistas malos: los primeros prefieren los medios democráticos para aplicar sus ideas, los segundos emplean la violencia y/o el terror.

En el FdeSP conviven fuerzas comunistas radicales con otras socialistas tituladas como “democráticas”. Pero NO SE OPONEN, al contrario, ambas programan conjunta y coordinadamente de común acuerdo sus acciones y actividades, cada año, en diversas clases de reuniones y grupos. Sin embargo a la gente se le hace pensar que unas izquierdas son “vegetarianas” y otros son “carnívoros” (¿?), y que un Muro de Separación les opone. Falso: como en los interrogatorios donde el policía duro se complementa con el policía blando. Aquí es así: 1) a los blandos, los duros les sirven como “el coco” para asustar a la gente y presentarse a sí mismos como “el mal menor”; y 2) los duros están ahí siempre como los “auténticos y ortodoxos”, para reemplazar a los blandos cuando sus fracasos les desgastan y desacreditan.

3) “¡Mi país es diferente!”. Las fuerzas comunistas, socialistas y “progresistas” aplican en lo básico los mismos esquemas, consignas, pautas y métodos, en todos los países, con diferencias de detalle. Pero la gente piensa que la política de cada país, el suyo, es 100 % peculiar, “sui generis”, y por entero distinta a la del vecino. Contra lo que afirma esta creencia falsa, la vida política en todas las naciones de la región se parece cada vez más de uno a otro, desde México hasta la Argentina, pasando por Venezuela y Ecuador. Semejan como gotas de agua, porque son aguas agitadas por los mismos vientos.

# A FUTURO: La Nueva Oposición. Hasta ahora ambas facciones socialistas, bolcheviques y mencheviques, se alternan en los roles de oposición y gobierno que se han adjudicado. En Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia los socialistas blandos son oposición, aliados con el Viejo Mercantilismo, y los duros son Gobierno, con su propio Nuevo Mercantilismo, que ellos mismos han parido de entre sus filas.

Esta Red Anti-Desinformación puede sostener el desarrollo de una Nueva Oposición.

# LOS CINCO ELEMENTOS

Contenidos, Portal, Red, y conexiones. ALICITA.

1) Contenidos informativos de diverso género y formatos. Los contenidos abarcan desde noticias hasta análisis y materiales de diversas disciplinas como política, economía, estrategia y política internacional, filosofía, historia, teología etc., pasando por crítica de la actualidad, de los actores y de los medios, e incluyendo cursos y seminarios teóricos y prácticos de diversas materias, sesiones de entrenamiento, análisis de casos, debates y palestras, entre otros contenidos.

Es muy importante el área de Filosofía y lógica, para enseñar a la gente a pensar con coherencia, a identificar las falacias, los yerros y los huecos informativos así como las falsedades y forjamientos, fraudes conceptuales, intelectuales y semánticos. Es importante detectar todas las contradicciones en el sistema y hacerles escrutinio y seguimiento cuidadoso.

Por supuesto hay información sobre las actividades de las personas, grupos, movimientos y organizaciones pertenecientes o vinculadas a R.A.D., en los diversos países.

2) El Portal o Website R.A.D. con todos los contenidos, en formato escrito, audio y audiovisual; y con todas las actividades: conferencias, clases, palestras o debates, y entrevistas. El Portal es interactivo.

En idioma portugués y siguiendo el pensamiento del Prof. de Carvalho, existe un portal que tomamos como referente: MIDIA SEM MÁSCARA. http://www.midiasemmascara.org/

3) La Red Anti-Desinformación propiamente dicha, el conjunto de personas y de redes, gente ligada al Portal y a las actividades promovidas, sea en forma directa, o bien sea indirectamente, a través de..

4) ..Las conexiones con las redes sociales, Facebook y Twitter muy especialmente.

La idea es juntar entre todos los aportantes los recursos financieros suficientes para tener un Webmaster a tiempo completo, a cargo de sus tareas: A) administrar el Portal, subiendo contenidos, actualizando, y respondiendo a los visitantes que se conectan directamente; B) manejar las conexiones y los trasvases con las redes sociales en especial Twitter y FB, para quienes se conectan a través de ellas.

Y por fin, C) disparar el tableteo diario a los medios de prensa de todos los países, de forma tal que nuestras voces y opiniones se comiencen a escuchar, para que podamos tener oportunidad de INCIDIR EN LOS ACONTECIMIENTOS y no sólo observarlos, interpretarlos y comentarlos o criticarlos.

5) ALICITA. Es “la Mafalda liberal”, un personaje de tira cómica, creación de Alberto Mansueti como emblema personificador para la R.A.D., y la “Nueva Oposición” en Venezuela y Latinoamérica, para la revolución liberal y el capitalismo nuestro. Aguda, observadora, ocurrente y desenfadada, “por ahora” no encontró su dibujante; pero esta es Alicita: http://albertomansueti.wordpress.com/2013/04/20/alicita-quiere-mudarse/

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SIETE LECCIONES DEL SIETE DE OCTUBRE

Alberto Mansueti

La derrota del pasado 7 de Octubre en Venezuela tiene un gran responsable: la oposición, tanto la dirigencia como las bases, que siguen tan ciegamente a sus caudillos como los chavistas al suyo.

Hubo seis factores: socialismo, unitarismo, bipolarismo, mayoritismo, triunfalismo y estupidismo. Hay seis lecciones claves para aprender. También hay un último factor adicional, el más importante; y una última lección, la más instructiva.

1. Socialismo. Entre 2005 y 2008, los de “Rumbo Propio” planteamos una salida liberal para Venezuela, comenzando por la autonomía de las regiones, como en España pero sin socialismo regional; más bien al estilo de China: “un país, dos sistemas”. Fuimos salvajemente aplastados por la “oposición” de Rosales, su mafia, los chicos bonitos de Primero Justicia, el canal Globovisión y el coro de prensa antichavista. Vimos lo que pasó con Rosales en 2006; sin embargo, después de esa fecha siguieron el cerco contra nosotros. “Nada de liberalismo”, decían. Y después hicieron lo mismo con la ODLV y el MDL. Lección 1: La oposición no aprende.

2. Unitarismo. “Primero hay que salir de Chávez”, decían. “Para eso se requiere la unidad”, decían. Se negaban a ver algo muy simple: el comunismo es un socialismo “duro”, y se le combate con capitalismo, no con socialismo “blando” o “terceras vías mixtas”. Si a la gente empobrecida se le deja pensar que el socialismo no es lo malo, entonces lo quiere todo, entero y ya mismo, de modo radical; y si se le deja entender que el capitalismo es lo malo, entonces no quiere nada, ni un poquito. Puesta a elegir entre socialismo duro y socialismo blando, vota por lo más duro que encuentre. En este sentido la gente es consistente. Por ese camino Chávez jamás saldrá del poder mientras viva. Y cuando muera, entonces los chavistas aprendidos heredarán “el sistema”, y lo manipularán a su antojo. Lección 2: La oposición no razona.

3. Bipolarismo. Se quejaban de que Chávez “dividió el país en dos mitades”. No, no es así; en primer lugar no somos dos mitades sino tres tercios: el chavista, el antichavista, y el que no vota o ni siquiera se inscribe. Y en segundo lugar, si alguien hizo una división en dos mitades fue la oposición socialista, con su ciego, insistente y reiterativo “unitarismo”, y su consiguiente empeño en aniquilar una oposición liberal en Venezuela, para dar la impresión que son “ellos o Chávez”. Una y otra vez. Es repetitivo. Ya van cuatro veces: primero Salas Rohmer (1998), luego el Cte. Arias Cárdenas (2000), después Rosales (2006), y ahora Capriles (2012). ¿Who’s next? (2019, 2025… y contando.) Lección 3: Es verdad, “Hay un camino”, el de ellos, “somos el mal menor”; y conduce a la derrota. Pero también hay otro camino: el del capitalismo.

4. Mayoritismo. “Somos mayoría”, decían. “Si perdemos es por fraude”, decían. Veamos. En primer lugar, Chávez no gana por el fraude sino por el abusivo ventajismo de todos sus programas sociales (“Misiones”): sus limosnas efectivas para algunos, y sus promesas de limosnas a futuro para el resto. Si prometes “no quitar las Misiones” entonces no esperes que millones de venezolanos amarrados a su mendruguito voten por ti, porque vale más lo seguro que lo probable. Y también vale más el original que la copia. En segundo lugar: una dosis de trampa la hay en toda elección, hasta en EEUU incluso; la cuestión es cuánta, qué magnitud. Y hay que ser consistentes: si crees que la trampa es demasiada, entonces vas a la abstención; sólo si crees que el fraude es tolerable, entonces llamas a votar, pero después no te quejes. Lección 4: La oposición es incoherente y contradictoria.

5. Triunfalismo. “Vamos a ganar”, decían. “Chávez ya salió”, decían. Y con estas muletillas los socialistas “blandos” acallan toda manifestación de disidencia, se cierran a cualquier cuestionamiento, y se niegan redondamente a revisar sus políticas y sus supuestos, sus clichés, sus estrategias y sus mensajes. De ese modo nos imponen una segunda tiranía, tan férrea o más que la de Chávez. Lección 5: La oposición es feroz con sus disidentes.

6. Estupidismo. Bobería, pura y simple estupidez. ¿Cómo hacen todo un “issue” de la gorrita? ¿O de una supuesta o real línea de parentesco de Capriles con Bolívar? ¿Hasta cuándo “Simón Bolívar”? Hay que tener el cerebro bien fundido. O suscribir el mito de Bolívar, que la oposición comparte, como todos los otros mitos socialistas que acabaron con Venezuela. Sobre todo el mito de la abundancia del Petróleo. Chávez no “reparte la riqueza petrolera”, porque no hay tal riqueza fabulosa que alcance para todos, hasta para “regalar a los extranjeros”, como corea la oposición. Alcanza para los nuevos ricos bolivarianos, pero nada más. De resto, la abundancia que hay es de ranchos de lata, madera y cartón. Mitología es lo que reparte Chávez, puros sueños y promesas basadas en esas leyendas mitológicas. Y también la oposición, con el mismo estilo sentimentaloide y emotivo. Lección 6: La oposición forma parte del mismo Matrix.

No obstante, el factor de mayor peso en la derrota del 7 de Octubre es este: todo lo anterior no son sólo errores o creencias equivocadas. Hay algo más: en realidad la oposición no quiere ganar. Porque no sabría qué hacer en el gobierno y con el chavismo en la oposición, que volvería al poder a los pocos años, como los sandinistas en Nicaragua, pero más rápido. Por eso es que la oposición actual sólo quiere conservar “sus espacios” en el sistema: sus gobernaciones y alcaldías, sus curules en la Asamblea, sus puestitos, sus contratos y subcontratos. Más nada. Lo demás no les interesa.

Y la lección más dura es la que siempre repito; Lección 7: Sin otra oposición, no habrá otro gobierno.

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LOS “NUEVOS LIBERALES”: 20 PREMISAS

Alberto Mansueti

Hartos de predicar en el desierto por años y décadas, algunos liberales del Perú y Latinoamérica hemos tomado el toro por las astas, y pasado a la acción política, creando un partido.

Porque en todas partes es lo mismo: nuestro mensaje liberal es ignorado o resistido fieramente por todos quienes de una u otra manera se benefician del estatismo, o esperan beneficiarse a futuro. Y cuando ese mensaje llega al público no comprometido, muchos lo entienden y aceptan, pero la segunda pregunta que hacen es: “¿Y cuál es el partido …?” (La primera es: “¿Y en qué país … ?”) Si la respuesta es “No hay tal partido”, la gente piensa que en esas ideas tan bellas, pero abandonadas tiempo atrás en casi todo el mundo, algo debe haber erróneo, dañoso, utópico o disparatado. Que seguramente deben ser impracticables por alguna razón (vaya a saber cuál), al punto que sus defensores no se juegan por ellas en la arena política. Y ahí se acaba todo.

Sin un partido liberal presente en la escena política no es posible siquiera llamar la atención del público para el mensaje liberal, mucho menos prestarle credibilidad y brindarle apoyo. Sin embargo, antes de pasar a campo tan cenagoso, neblinoso y traicionero como el de la política, hemos de clarificar algunos conceptos controversiales y candentes:

1. Qué es el liberalismo. El liberalismo no es una religión, una filosofía o una ciencia. Aunque emparentado con las verdades permanentes de la tradición judeo-cristiana occidental, con las filosofías realistas, y con lo mejor de las ciencias humanas, el liberalismo es no más ni menos que doctrina política: la de los Gobiernos limitados, los mercados libres, y la propiedad privada.

La respuesta a la primera pregunta que la gente hace, sobre en cuáles países el liberalismo se ha practicado, tiene vigencia, o la ha tenido, es esta: ese sistema político, legal y económico, practicaron en el pasado los países de Europa del Norte y EEUU de América que por esa causa se hicieron ricos, con libre comercio internacional y patrón oro. Hasta que más tarde, ya en el siglo XX, fueron llevados al estatismo y al socialismo, algunos mediante la fuerza bruta y por la vía de las armas, de un solo golpe, otros poco a poco, con engaños y por la vía de los votos. Y así, en forma abrupta o paulatina, fueron cayendo en el empobrecimiento, en la dependencia y adicción a las limosnas o “programas sociales” del mal llamado “Estado de Bienestar” (el Bienestar del Estado), y en sucesivas crisis financieras y económicas, hasta llegar al presente colapso global.

2. Gobierno Limitado. La Revolución Francesa abrió la puerta al estatismo definiendo una lista de “Derechos del Hombre y el Ciudadano”, que pronto se fue haciendo tan numerosa y extensa como la de funciones, poderes y recursos que dóciles Parlamentos atribuyeron a los Gobiernos con el pretexto de proteger los tales derechos.

El Liberalismo Clásico en cambio limita al Gobierno a preservar los derechos humanos naturales a la vida, libertad y propiedad, con sus soldados, policías y jueces, cumpliendo sus tres funciones propias: seguridad externa e interna, tribunales de justicia, y ciertas obras públicas de infraestructura, nada más. Y al estilo de la Constitución de EEUU, enumera prohibiciones a los Gobiernos, más que derechos de los ciudadanos. También limita a los gobiernos en poderes y recursos: los indispensables para el cumplimiento de sus funciones, y no otras, que han de ser cumplidas por familias, empresas, escuelas y centros de enseñanza, iglesias y demás sociedades voluntarias, instituciones que por su naturaleza son y han de ser privadas y separadas del Estado. Y para efectivizar esos límites a los Gobiernos se inventaron los Parlamentos, y los partidos liberales.

3. Libertad, y otros valores. El Liberalismo Clásico es mucho más que “las ideas de la libertad”, expresión un tanto etérea y ambigua, cuya imprecisión ha determinado en gran parte el fracaso del liberalismo como empresa política. Porque de la premisa liberal de rigurosa separación entre lo público y lo privado en todas las esferas de la vida social, resulta una amplia libertad individual para todas las personas, pero también otros valores, preciosos para las sociedades, como orden y la paz, seguridad y justicia, prosperidad y progreso, tan valiosos e igualmente necesarios y anhelados como la libertad.

4. Estatismo. Es lo diametralmente contrario al liberalismo: la usurpación por parte del “Gran Gobierno” obeso, de funciones, poderes y recursos, que por su naturaleza pertenecen a las personas individuales y entidades voluntarias o privadas, tanto en la educación, como en la economía y finanzas, atención médica, jubilaciones y pensiones, y muchas otras esferas de la sociedad. Esa usurpación se ha llevado a cabo mediante leyes especiales para cada una de esas áreas de la vida social, dictadas con ese propósito perverso. Tales leyes han sido pasivamente toleradas por la población, adoctrinada en las falacias del estatismo, y carente de un partido político liberal capaz de resonar en la opinión pública, y de hacer resistencia efectiva desde el Parlamento.

Los desastrosos resultados del Estatismo parten de poner al revés el mundo social. Por un lado el “Gran Gobierno” se apropia de funciones, poderes y recursos para la docencia, la atención médica, y las jubilaciones y pensiones; pero la educación que controla el Estado es cada vez peor, los Hospitales estatales son insufribles, y las prestaciones previsionales llegan a miserables. También se entrometen los gobiernos en la emisión de dinero, la banca y las finanzas, los negocios, el comercio y la economía en general; las consecuencias son igualmente malas: cunden la inflación, el paro y la escasez. Por otro lado, las funciones propias de los gobiernos son desatendidas; y por ello imperan la inseguridad en las calles, la injusticia en los tribunales, no se emprenden nuevas obras públicas, y hasta el mantenimiento de las existentes se hace esperar. ¿Es un dramático error? Los Nuevos Liberales no somos ingenuos: todo esto es a propósito. Según los teóricos marxistas de fines del siglo XX, el objetivo es poner a la población ignorante y enferma, empobrecida y asustada, a la espera de los “Programas Sociales”; y para colmo, distraída su atención con los escándalos politiqueros y los espectáculos de “entretenimiento” que le brindan los medios de “comunicación”, a fin de tenerla por completo bajo su dominio.

5. Capitalismo. El sistema liberal de economía es el Capitalismo competitivo, a partir de la separación entre lo público y lo privado en la esfera de la producción e intercambio de bienes y servicios, según y conforme las leyes propias de la oferta y demanda en mercados libres, pero con un dinero no carente de respaldo real, y un sistema de banca privada con reserva 100 % en los depósitos. Ese capitalismo liberal ya no se practica en casi ninguna nación del mundo, con la relativa excepción de algunos lugares de Asia. Porque en todos ha sido abandonado en favor del estatismo.

Ese abandono ha llevado paso a paso a las naciones a la enorme crisis que hoy afecta a la economía global, mayor que la de 1929, tal como expone la Escuela Austríaca de Economía. La recuperación plena del capitalismo liberal es el único remedio disponible. Porque no hay otro.

6. Mercantilismo y Socialismo. Son los enemigos históricos del liberalismo, el primero desde el siglo XVIII a lo menos, y el segundo desde el XIX. Más allá de los discursos bonitos, mercantilismo es la tradicional alianza del Gran Gobierno con las grandes empresas monopolistas, que les permite sólo a ellas crear riqueza, para sí mismas, aprovechando sus privilegios; y los demás productores apenas sobreviven, y no todos. Socialismo es la más moderna “re-distribución” de la riqueza, mediante los impuestos y la inflación, desde los productores privados (medianos y pequeños sobre todo), en favor de todas las castas parasitarias de las izquierdas (políticas, burocráticas, académicas, mediáticas y sindicales), enquistadas en el Gran Gobierno, o por él amparadas y financiadas. En inglés suelen llamar “Liberalism” al socialismo democrático; por eso se hace indispensable el adjetivo “Clásico”.

El problema con el Mercantilismo es que se permite la propiedad privada, pero no como un derecho natural inalienable para todos, sino como un privilegio, cuyo ejercicio los gobiernos conceden a unos sí y a otros no, y estableciendo las condiciones. En el Mercantilismo los mercados son libres, pero no para todos, sino sólo para los empresarios y agentes económicos bien “conectados” con los gobiernos intervencionistas. La riqueza creada de esta forma es insuficiente, y vienen las insatisfacciones, quejas y protestas.

En este punto llega el Socialismo, y arremete contra lo que llama “el capitalismo”: en lugar de suprimir los privilegios, suprime la propiedad privada; y en vez de ampliar la libertad de mercados, la restringe aún más, o elimina por completo. Así cunde la pobreza, y luego la miseria, según cuán lejos se llega en este proceso. Adoctrinada por la propaganda socialista la gente se confunde, y toma al Mercantilismo existente por el capitalismo genuino, y mira al Socialismo como su salvación.

7. El Sistema. Un “sistema” de economía y política es un conjunto de principios, reglas y valores, que se encarna en un cuerpo de leyes, y en una estructura social y gubernativa. El estatismo de hoy es un sistema opresivo, empobrecedor, embrutecedor, esclavista y envilecedor, que combina ambos tipos de perversiones: el mercantilismo, que es malo; y el socialismo, que es peor.

Este sistema se nos ha impuesto y se nos impone mediante el “Pacto Social”, acordado entre los representantes de las oligarquías mercantilista y socialista en el Congreso, para intercambiar sus respectivos votos a favor de las Leyes Malas de los unos y los otros. El mercantilismo y el socialismo se complementan: el primero genera el caldo de cultivo para la izquierda, que es la pobreza, la cual el socialismo explota e instrumenta políticamente en su beneficio exclusivo, mediante las dádivas que reparte entre los pobres “conectados” directamente con sus canales políticos, y las promesas de dádivas que reparte al resto, para mantenerles pasivos. Y el socialismo sirve al mercantilismo: le permite presentarse como “el mal menor”, y por tanto preferible.

Pero el “Estado de de Bienestar” es inviable estadísticamente, porque es imposible satisfacer a todos y cumplir todas sus promesas, y por eso es utópico; además es extremista, porque nos conduce al “extremo” de subordinar absolutamente todas y cada una de las actividades humanas al Estado.

8. Las Leyes Malas. Son las leyes “especiales” (diferentes y contrarias a los Códigos ordinarios), que con el pretexto de “prevenir” ciertos males reales o imaginarios, agreden la economía y ofenden la justicia, el Derecho y la razón, decretando inspecciones y sanciones por doquier, impuestos y multas, e inicuos privilegios (muchas veces ocultos o disfrazados) para los mercantilistas y los socialistas. En el sistema liberal, las leyes no son para “prevenir” crímenes o abusos vigilando y controlando a todo el mundo en todas y cada una de las esferas de la vida social en especial, para evitar que se cometan, tarea ésta imposible; son en cambio para obligar a los responsables, una vez cometidos, a resarcir o compensar a sus víctimas. Por ello mismo son disposiciones de orden general, para que las personas puedan acomodar voluntariamente sus negocios mediante acuerdos y contratos, y resolver sus conflictos posibles o presentes, por sí mismas, o acudiendo a los jueces ordinarios.

Sin embargo los defensores del social-mercantilismo jamás se van a “convertir” al liberalismo, pues aprovechan y se benefician del Sistema. Por ello es que jamás oyen ni atienden a las explicaciones científicas ni a las razones morales, aún cuando los liberales ingenuos se las expliquen y repitan hasta el cansancio. No serán convencidos, tendrán que ser desalojados; y en Democracia eso es con un partido político. Es la única forma, no hay otra.

9. “El camino desde la servidumbre”. El “Camino a la servidumbre” se llamó a la ruta desde el Capitalismo del siglo XIX hasta el estatismo y el socialismo, usurpando los gobiernos funciones privadas mediante leyes inicuas, que con los más disímiles pretextos incrementan la autoridad de los gobiernos en toda clase de asuntos tales como dinero y banca, comercio y transporte, industria y servicios, actividades agropecuarias y extractivas, educación y cultura, medicina, artes y ciencias, deportes, medios de prensa, etc. A la vez estas leyes usurpan competencias y poderes (es decir: libertades), y recursos, alegando necesitarlos para cumplir tantos fines y objetivos declarados.

A partir de ahora en cambio, el mismo camino debe hacerse de reversa; y ante la usurpación, proceder a la devolución de tales funciones, poderes y recursos. Y no va a tomar 100 o 200 años, porque esas leyes pueden ser derogadas todas simultáneamente (en el país entero, o en ciertas regiones); y así debe ser, para que los efectos de su supresión puedan ser potenciados entre sí, y el “Estado de Bienestar” hacerse innecesario en una economía no mercantilista sino capitalista, abierta y en expansión creciente, capaz de crear riqueza abundante, y generar oportunidades y empleos disponibles para todas las gentes.

10. Moral y economía. El capitalismo es el único sistema moral, porque para ganarse el sustento hay que producir o ayudar a producir alguna cosa deseada, que la gente demande en los mercados, y se venda y compre en libertad, sin coacción alguna, ni privilegios para nadie. Y es el más eficiente en este sentido. Pero hoy el capitalismo está prohibido, o legamente muy restringido. Legalizar plenamente el capitalismo es lo que procede; pero antes, su rehabilitación moral y ética. La “corrupción”, que tanto escandaliza a nuestra clase media, es inherente al estatismo, que se hizo para robar; y no hay forma ni manera alguna de que pueda ser honesto. Ni eficiente, porque es irrealista.

Por otro lado, las metas trazadas por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista del año 1848 ya se han cumplido en el terreno de lo económico, y se han hecho realidad, sea por la vía bolchevique (comunismo) o menchevique (socialdemócrata): el Gran Gobierno controla nuestra producción e ingresos, el dinero, la banca y el comercio; y si aún nos dejan respirar, es para que podamos seguir trabajando para ellos. Además es completo el control gubernamental en la educación, que les sirve para inculcar alocados pretextos y excusas ante los evidentes fracasos del Sistema, como también las creencias en falsos remedios. Por ello, ahora las izquierdas van por los objetivos que quedan, en la moral, el lenguaje, la razón, la ciencia y la civilización, buscando la destrucción del matrimonio y la familia; eso se llama Posmodernismo o “Marxismo Cultural”, indispensable para que los individuos quedemos aislados y en solitario, impotentes, indefensos y por completo a merced del Gran Estado providente, de sus dádivas y su tutela. Y por supuesto, desarmados.

11. Izquierdas y Derechas. La Izquierda es el socialismo, del cual nazismo y fascismo son variantes extremas; y la “Derecha” es lo que no es Izquierda: el mercantilismo o “capitalismo de compadres”, que es la derecha mala, y el liberalismo, que es la derecha buena. (Izquierda buena no hay). Perder el miedo a las palabras (por ej. capitalismo, privatización, burguesía y derecha) es el primer paso para perder el miedo a las cosas que ellas nombran. Nada se logra con miedo.

La terca negativa de algunos a reconocer al liberalismo como derecha no es realista, no es creíble. Porque el capitalismo es de derechas en lo ideológico, así como el socialismo lo es de izquierdas; y negarlo sabe a disimulo mal intencionado, lo que debilita la defensa de cualquier causa, por noble y honesta que sea. Sin embargo, la negación es típica de quienes no se han separado de las izquierdas por completo, como muchos voceros del anarco-capitalismo, pese a que esa posición sí podría ser considerada como la derecha extrema.

12. Anarco-capitalismo. Una obvia contradicción, porque no hay capitalismo sin Gobierno Limitado a la preservación de los auténticos derechos naturales, como “árbitro de instancia final”, y último recurso para dirimir los desacuerdos y conflictos entre las agencias y actores privados. No obstante, este absurdo “anarco-capitalismo” sirve como una pobre compensación psicológica por el fracaso político que ha marcado hasta hoy al liberalismo, y un cómodo pretexto para la inacción política.

13. “Neo” liberalismo y Centro. Es el programa de las reformas “macroeconómicas” de los años ’90, inspiradas en el “Consenso de Washington”, o la continuación del mercantilismo por otros medios, más actualizados. Busca resolver los problemas del estatismo, entre otros la insolvencia del “Estado de Bienestar”, pero no los problemas de la gente. Para ello ha privatizado muchas empresas y actividades estatales pero sin desregular, convirtiendo así a los monopolios estatales en monopolios privados; y ha exigido más impuestos, a fin de solventarse, y decretado más regulaciones, a fin de justificarse.

En el Perú y en Latinoamérica se nos presenta una falsa dicotomía, como si este “Neo” liberalismo y las izquierdas fuesen las dos únicas opciones posibles y disponibles; y de hecho en nuestros países siempre uno de estos dos polos es Gobierno y el otro la oposición. Sin dudas los liberales clásicos estamos en la derecha del espectro ideológico; no obstante, en este espectro político actual, los liberales quedamos en el centro, porque rechazamos el “Neo” liberalismo, que es malo, y las izquierdas, que son peores.

14. “Política Correcta”. El liberalismo es individualista y “políticamente incorrecto”, por eso es 100 % inconciliable con los colectivismos, ya sean de izquierdas o de derechas, sea de antigua data como el obrerismo, el nacionalismo o el imperialismo, o sean los más a la moda del día como el feminismo, el ecologismo o el indigenismo; y por las mismas razones, tampoco congenia con las bases o fundamentos intelectuales y espirituales de estas corrientes, ya sean los procedentes del viejo baúl destartalado de la Ilustración, como el positivismo o el conductismo, o ya sean los más actualizados, como el Posmodernismo, el relativismo y la New Age.

15. Anticlericalismo. En América latina no hubo Reforma Protestante, y la separación de Iglesia y Estado fue un proceso (aún inconcluso) realizado no por reformadores religiosos y líderes cristianos reformados, como en el norte de Europa, sino por los políticos criollos “liberales”, inspirados en el ideario anti-religioso de la Revolución Francesa, lo cual ha sido origen de conflictos, confusiones y traumas. En EEUU nunca hubo unión de Iglesia y Estado; y la Independencia y la Constitución fueron hechas por líderes cristianos de diversos credos, y aún deístas, agnósticos e indiferentes, unidos en una esa acción política. Así debe ser también en nuestros países la empresa libertaria; por eso el fervoroso ateísmo beligerante les cuadra quizá a ciertos adolescentes buscando afirmar su personalidad frente a sus padres y maestros, pero no cabe en una política de gente adulta.

16. La Democracia, los partidos y los “políticos”. La democracia no es el diablo; es la regla de la mayoría, y será tan buena o mala, justa o inicua, moral o inmoral, estúpida o sabia como lo seamos la mayoría de gente que votamos. Los partidos políticos no son inventos del diablo; son organizaciones humanas que sirven como instrumentos sociales para hacer política, así como las empresas sirven para hacer negocios, y los mercados para desarrollar la economía. Y por fin, no “todos los políticos” son diablos corruptos y mentirosos, porque no todos son estatistas; hay políticos liberales, y somos decentes, honestos y veraces.

17. Burguesía y clase media. Los representantes del mercantilismo y del socialismo conforman dos oligarquías dominantes y aferradas a sus respectivos privilegios. De ambas es víctima la clase popular, sometida por la ignorancia y el engaño celosamente cultivados, y convertida en mera carne de cañón electoral. Una parte del pueblo se encadena con los mendrugos de los “Programas Sociales”, y la otra parte es mantenida en la ilusión de la paciente espera. De la clase media, una parte se ha incorporado al sistema como sus funcionarios y empleados, y otra parte se debate en la dura lucha diaria por la supervivencia, entre el tedio y la frustración decepcionada. De esta segunda parte de la clase media, debe emerger la “burguesía”, para que como ha sido siempre en las grandes gestas liberales, asuma la iniciativa y el liderazgo.

A este fin, los profesionales, los medianos y pequeños empresarios, y asimismo los técnicos y trabajadores independientes, deben saber que jamás van a tener éxito económico, ni real progreso personal y familiar, sin un radical y profundo cambio de sistema. Y que el cambio requiere una acción política inteligente y eficaz, firme y determinada; y su participación es indispensable. No hay otro camino.

18. Oposición Liberal en el Congreso. La política liberal es para ser puesta en práctica; y eso no es sólo con exposiciones puramente académicas, sino con una fuerte corriente de opinión, y un partido político que la exprese, inspirado en el Liberalismo Clásico, presente en los medios de comunicación y en el escenario electoral, y encaminado a hacer mayoría en el Congreso, para derogar las leyes malas.

Hasta tanto sea mayoría, este partido ha de permanecer al margen de los sucesivos gobiernos de turno, votando en contra de las nuevas leyes malas propuestas para decretarse, y en principio por la abstención en todas las sucesivas e interminables “reformas” en las leyes malas vigentes, que por lo común pretenden acomodar a un grupo o factor de poder, desacomodando a otro. Sin este partido presente, la clase media podrá hacer caminatas, marchas y manifestaciones de protesta por calles, plazas y avenidas hasta caerse de cansancio, pero los logros seguirán ausentes.

19. La Devolución y Las Cinco Reformas. El objetivo es restablecer el sistema de libertades, mediante privatizaciones y desregulaciones, separando lo público de lo privado, en cinco áreas: política, leyes, justicia y Gobierno (1); economía y finanzas (2); educación en todos sus niveles (3); atención médica y hospitalaria (4); y seguros, jubilaciones y pensiones (5).

20. “Un país, dos sistemas”. Si la mayoría liberal en el Parlamento es numéricamente suficiente, la Gran Devolución y las Cinco Reformas podrán ser decretadas en todo el territorio del país; esa es la meta en el Plan “A”. De lo contrario, se podrán establecer en determinadas regiones o ciudades, para comenzar, sirviendo de modelo y ejemplo al resto; tal es la meta en el Plan “B”, y sólo a este fin y con esta condición podría participar el Partido Liberal en elecciones regionales y municipales, si hubiese una mayoría liberal en el Parlamento nacional, pues dentro del Sistema nada bueno pueden hacer las autoridades locales, aún con las mejores intenciones, y no es bueno mentir a la gente al respecto. Por otra parte, las Cinco Reformas han de ser impulsadas desde la opinión, la prensa y el mismo Congreso, tanto en la nación, como en las regiones y ciudades; y al efecto, toda oportunidad puede ser aprovechable.

En el Perú, como en casi todos los países latinoamericanos, de tanto votar por “el mal menor” hemos caído en un mal mayor, enorme, de dimensiones diluviales. Y ya no podemos, como antes, culpar a las dictaduras militares. Estamos obligados a admitir la amarga realidad: que las presentes calamidades políticas y económicas son el producto de malas escogencias democráticas, resultantes de votar en cada elección por “El mal menor”, o lo que era percibido como tal. Si votamos por “el mal menor”, la realidad es que estamos escogiendo el mal, y a sabiendas.

No hemos considerado otras opciones posibles, todas igualmente democráticas; por ejemplo: la abstención electoral masiva como protesta por la pobreza de ofertas políticas y electorales, y su uniformidad, porque todas ellas han sido y son variantes del estatismo. Los liberales auténticos tampoco hemos creado un partido, o ganado influencia sobre alguno de los existentes. Así ha resultado este “mal mayor”: el Sistema, y su perpetuación. Es hora de buscar LA SALIDA.

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TRAMPAS Y CONFUSIONES CON EL “NEO” LIBERALISMO

Alberto Mansueti

Lima, Mayo de 2011

Las “reformas de los ‘90” fueron basadas en el llamado “Consenso de Washington”, y bautizadas por las izquierdas y los críticos del capitalismo como “Neo” liberalismo, por cierto con talante despectivo.

Es muy importante un juicio evaluativo, porque luego de más de 20 años que han pasado, todavía ese es el “modelo” vigente en nuestra región, excepto para los países como Cuba y Venezuela, que han adoptado el socialismo duro y radical, aunque mucha gente aún no lo entiende, pensando que el lujoso tren de vida que llevan los dirigentes socialistas contradice su ideario aparente, pero sin advertir que esos lujos para los jefes son parte inseparable del socialismo “real”, único que hay, y eso porque en la realidad no existe otro. Análogamente, muchas trampas y confusiones se esconden bajo ese término “Neo” liberalismo, y es necesario aclararlas y despejar dudas.

Poco de liberal tenía aquel “Consenso de Washington”, redactado por los burócratas de los organismos internacionales que conviven en esa ciudad capital de EEUU. Y para colmo, fue “reinterpretado” a la manera dirigista e intervencionista, estatista y re-distribucionista por los jefes populistas a la sazón Presidentes en los ’90, comenzando por “los tres Carlos”: Salinas en México, Carlos Andrés Pérez en Venezuela, y Carlos Saúl Menem en Argentina. De hecho sirvió para que el Estado obeso y en exceso sobregirado en funciones, poderes y recursos, saliera temporalmente de sus más acuciantes e inmediatos problemas, mas no para que la gente pudiera resolver los suyos. Y así seguimos.

Pero aquellos problemas no fueron causados por el libre mercado, sino por el “Cepalismo”.

Cepalismo

En los ‘90, se entendió que el “Consenso de Washington” era un conjunto de medidas de “ajuste y estabilización”, pero encaminado a poner las bases de una más “estrategia” de desarrollo destinada a reemplazar al “Cepalismo”. Que era la política de “desarrollo hacia adentro”, sostenida desde fines de los años ’40 por los economistas de la CEPAL, básicamente keynesianos todos, inspirados por el argentino Raúl Prebisch, su fundador. A su vez este “cepalismo” había pretendido reemplazar otra política anterior de “crecimiento hacia afuera”, basada en las exportaciones de productos primarios, que tanto sirvieron a nuestros países para dar sus primeros pasos en la economía mundial, y hacer progresar las suyas, en la primera mitad del s. XX. Esta política fue sin embargo criticada acerbamente los escritores “estructuralistas” de la CEPAL, abanderados de la “Teoría de la Dependencia Centro-Periferia”, una versión latinoamericana de la antigua teoría leninista del imperialismo.

Propiciaban los cepalistas una “industrialización por substitución de importaciones”, atribuyendo al Estado funciones de planificación, inversión y acumulación de capital. El Estado era la “mano visible” que resolvería todos los problemas provocados por los ciclos de prosperidad y depresión, falsamente atribuidos a la dinámica de los mercados libres. Así inspirados en este ideario, todos los gobiernos cepalistas de los años ‘50 y ‘60 “protegieron” al mercado interno de la competencia extranjera con aranceles y cuotas a la importación, también favorecieron a las empresas nacionales con créditos a bajos intereses, y “estimularon” la demanda interna, con expansión del gasto “público” y grandes empresas estatales para “crear empleo”.

Ya desde los ’60 este “modelo” y el consenso keynesiano en el cual se basaba, estaba en graves crisis de inflación, excesivo endeudamiento estatal, muy baja productividad y competitividad en la economía en general, burocracia, corrupción, populismo y clientelismo. Su manifestación más visible fue la sobrecarga de las instancias estatales con tareas más allá de la naturaleza propia del Estado; los precios excesivos para bienes y productos incapaces de afrontar la competencia internacional; las empresas estatales y privadas directa o indirectamente subvencionadas; la corrupción creciente en todos los niveles y ámbitos; los sindicatos exigentes y abusivos; y el retraso tecnológico generalizado. Las sociedades se vieron “bloqueadas” en lo económico y político, con déficit crónico del presupuesto fiscal, por lo común financiado con inflaciones de dinero, a más de un empresariado prebendario y rentista, e instituciones ineficientes.

“Consenso de Washington”

Entonces surgió el “Consenso de Washington”. ¿Qué fue (y sigue siendo)? Un conjunto de 10 medidas o líneas de acción a seguir, consideradas “Prescripciones de Política para el Desarrollo”, inspiradas en las ideas del economista John Wiliamson. Y que los funcionarios de las organizaciones como el FMI y el Banco Mundial consideraron en su momento como “políticamente viables”; es decir, aceptables por los actores políticos, económicos y sociales en la región. Aún las siguen recomendando. En las propias palabras del mismo Williamson, se pueden resumir de esta manera:

(1) disciplina fiscal; (2) re-ordenamiento del gasto público, orientado a la atención médica básica, educación primaria e infraestructura; (3) reforma fiscal para reducir las tasas impositivas y aumentar la recaudación; (4) liberalizar las tasas de intereses; (5) sostener un tipo de cambio “competitivo”; (6) eliminar barreras cuantitativas a las importaciones, y convertirlas en restricciones arancelarias, para luego bajar paulatinamente a un arancel promedio entre 10 % y 20 %; (7) liberalizar el flujo de inversión extranjera directa; (8) privatizar empresas estatales; (9) reducir las trabas legales eliminando barreras de entrada y salida a los mercados; y (10) fortalecer los derechos de propiedad privada.

Sobre todo comparado con el desastre que había antes, en general estos diez pasos pueden verse casi todos como enrumbados más o menos en la dirección correcta, en principio. Aunque insuficientes, sin duda. Y para colmo en Latinoamérica, falta por completo de tradición de pensamiento liberal, fueron “interpretados” en clave estatista por partidos y gobiernos populistas, socialistas y mercantilistas. Esa “interpretación” fue y sigue siendo el famoso y tan vilipendiado “Neo” liberalismo.

“Neo” liberalismo

Examinemos y juzguemos uno a uno los 10 Mandamientos del “Neo” liberalismo. Comparemos con el “Consenso”. Y juzguemos punto por punto, uno a uno, las 10 recomendaciones que en Washington escribieron en el papel, y lo que en nuestros países hicieron los “Neo” liberales durante los ’90, y siguen haciendo todavía.

1) La disciplina fiscal es algo excelente; pero hay dos modos de lograrla: bien reduciendo gastos estatales, o bien incrementando ingresos fiscales, ¡esto se hizo! El gasto “público” no se redujo, en muchos casos se incrementó, porque las funciones del Estado, en exceso sobrecargado de metas, poderes y recursos, no fueron apropiadamente definidas. En muchos países se introdujeron nuevos impuestos indirectos, más fáciles de recaudar, y la carga tributaria se aumentó.

2) Reordenar el gasto público es muy necesario; pero para eso hay que definir cuáles son las funciones del Estado: defensa y policía, justicia y obras de infraestructura, mucho antes que atención médica y educación. Esas no son las funciones propias del Estado. El Estado no está para hacer agricultura, comercio, industria, banca, seguros, educación o medicina. Ni para emitir reglamentos y prohibiciones a granel sobre todo asunto divino y humano. Y si lo que se desea es ayuda estatal para los pobres con sus gastos médicos y educativos, para eso están los “vouchers”, un subsidio mucho más eficaz, a la demanda y no a la oferta.

3) Reducir impuestos es algo bueno, pero “aumentar la recaudación” cuando la carga tributaria ya es excesiva, es mucho más discutible. Por la vía de los impuestos, una inmensa masa de recursos fueron y son todavía detraídos de los bolsillos de los particulares, año a año. Aunado el exceso de carga fiscal a la carga reglamentarista, se aumentan arbitraria y artificialmente las estructuras y magnitudes costos de todos los actores económicos en general. Y se impide que la oferta, y la economía en general, sean dirigidas de manera más eficiente por los agentes privados: los consumidores, los trabajadores, los empresarios y gerentes, los ahorristas, etc., canalizando todos sus preferencias a través de decisiones racionales y económicas, en base a precios no distorsionados. Así también se impide la formación de capital, y se mantienen nuestras economías con una tasa de capitalización muy baja, que a su vez origina una baja productividad en el factor trabajo, y por consiguiente bajos niveles de salarios e ingresos reales, con escaso poder de compra.

4) Liberalizar las tasas de intereses es indispensable, pero la regularización del sistema financiero exige el respeto irrestricto a la propiedad privada de los depósitos y reservas al 100 % en la banca, y el libre mercado en las áreas de la moneda, las finanzas, y los créditos, sin la presencia de un Banco Central, perversamente habilitado para inflar la oferta de dinero, y para “rescatar” a los bancos metidos en problemas por causa de créditos concedidos de manera irresponsable.

5) El mantra “sostener un tipo de cambio competitivo” puede leerse como un permiso para manipular discrecionalmente la moneda nacional a fin de tenerla crónicamente devaluada, creyendo de ese modo “estimular las exportaciones” (otro mantra). Eso es lo que se hizo, y se sigue haciendo. Lo que debería hacerse en lugar de ello es optar entre tener o no una “moneda nacional”, y decidir: a) si no la hay, que sean libres los tipos de cambio entre las distintas divisas circulantes; b) si la hay, entonces que tenga un respaldo metálico, o de otro modo sólido, para impedir su emisión indiscriminada y consiguiente devaluación.

6) Las restricciones cuantitativas al comercio de importaciones fueron eliminadas algunas, otras sustituidas con nuevos pretextos (sanitarios, ecológicos, “dumping” etc.); y el arancel efectivo promedio en muchos casos está en 10 % o menos, pero en cambio otro tipo de multas y castigos se impusieron a los productos importados, y se imponen todavía, como los “derechos antidumping”.

7) Liberalizar la inversión extranjera es algo que no se hizo, o se hizo a medias. Tenemos hoy en día muchas y variadas inversiones extranjeras y compañías extranjeras, sobre todo en la explotación de recursos naturales, y en muchos de los servicios básicos como telefonía; pero casi siempre bajo un rígido sistema de “contratos” de exclusividad con el Estado, esencialmente monopolista, como se explica en el punto siguiente.

8) Se privatizaron muchas empresas estatales; pero pasaron de ser monopolios estatales a monopolios privados. Un “monopolio” no es una empresa grande, sino una empresa a la cual por ley, decreto o contrato con el Estado, se libera de su deber de soportar la libre, sana y abierta competencia.

9) Reducir trabas legales a la actividad económica es otra tarea indispensable; pero lo que se hizo y hace es sustituir algunas trabas legales, por otras trabas legales. Así como la carga tributaria, la carga regulatoria es hoy día insostenible, como se ve en el punto siguiente. Y ambas cargas, sobre todo la segunda, tienen un efecto muy perverso: en las recesiones económicas, les impiden a los empresarios corregir sus propios fallos, inducidos por las expansionistas políticas monetarias y crediticias. Hay que identificar y derogar las leyes malas.

10) No se han fortalecido los derechos de propiedad privada, restableciendo el Derecho Común y ordinario de los antiguos Códigos, y un sistema judicial capaz de soportar la vigencia de las tales leyes generales y objetivas para castigar los verdaderos crímenes, contra los derechos a la vida, libertad y propiedad. Como ya vimos, es al contrario: más que nunca, hoy en día los corredores económicos están plagados de “regulaciones” y “agencias reguladoras”, con grandes poderes discrecionales y arbitrarios. Estas leyes malas siguen las Agendas de las Izquierdas, tanto de las antiguas, en temas contrarios a la empresa, al capital y a la ganancia, como en las nuevas ideologías posmodernas: ecologismo, feminismo, indigenismo, “no discriminación” y “Nuevos Derechos Humanos” etc.

Para colmo, se insiste en la harto fracasada “Guerra a las Drogas”, total y probadamente incapaz de cumplir su promesa de detener el consumo. Nada se ha hecho ni se hace para liberalizar el tráfico (la compraventa) de sustancias estupefacientes y sicotrópicas. En consecuencia, tenemos ahora una rica y poderosa “narco-economía” para financiar campañas electorales, de prensa y de opinión; para comprar jueces y fiscales, policías, militares y políticos; y para sostener el terrorismo de las guerrillas, que ha regresado por sus fueros.

Conclusiones

Por esta vía, “Neo” liberalismo y Neo Socialismo resultan a la postre bastante parecidos, sobre todo en los fines, estribando las diferencias más que nada en los medios o vías para llegar a esos objetivos, que en general son dictados por el sistema de la ONU y sus agencias. Es como era en el caso de los marxistas bolcheviques y mencheviques en al anterior siglo XX, inspirados unos y otros en Lenin y Bernstein respectivamente. Ahora los partidarios del “Neo” liberalismo prefieren los instrumentos “democráticos” y el lavado masivo de cerebros, empleando para ello la prensa y las ONGs afectas a sus causas además del aparato del Estado, mientras que los del Neo Socialismo optan por los medios puramente estatistas y armas dictatoriales, enfatizando las medidas represivas y violentas.

Ya estamos en condiciones de adelantar ese juicio sobre el “Neo” liberalismo. En aquellos tiempos, hace ahora más de dos décadas, se dieron algunos pasos en la dirección correcta, pero muy pocos y muy cortos, junto con algunos otros cambios más de forma que de fondo. Y si ya hace dos décadas, aquellas reformas fueron algunas bien encaminadas pero insuficientes, y otras meramente de forma o estilo, hoy en día puede decirse con justeza que ese “modelo” está por completo agotado: ya dio todo lo que podía dar, y no da más. Y los “reajustes” e innovaciones no han sido para mejor sino para peor.

El drama actual de América latina, es el mismo en todos los países. Y es que hay sólo dos “libretos” en los países de la región: uno es el discurso retórico que los candidatos a Presidente emplean para ganar elecciones; y otro bastante diferente es el de gobernar, una vez elegidos. El primero es la harto conocido verborrea demagógica de las izquierdas, que culpa a “los ricos”, al “imperialismo” y a “los grandes monopolios” (léase todas las grandes empresas). Enfatiza los temas de “desigualdad”, el intervencionismo económico como “solución”, y las reiteradas pero siempre incumplidas promesas de igualdad y de “inclusión social” procedentes del “Estado de Bienestar”. Este es el camino que han escogido algunos países de la región, como Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador.

El segundo es el libreto del “Consenso de Washington”, que todos los candidatos a Presidente en sus campañas electorales dicen odiar, pero que sin embargo aplican al pie de la letra una vez que ganan las elecciones, en casi todos los demás países. Esta situación de “doble discurso” cansa a la opinión. Y tiene muy graves consecuencias, porque desprestigia a la vez a los políticos, a los partidos y a la democracia. Sólo beneficia a las izquierdas, y a los críticos del capitalismo.

Lo peor de todo es que sólo hay dos libretos que se presentan a la gente, uno que es malo, el “Neo” liberalismo, y otro que es todavía peor, el Socialismo del siglo XXI. El Liberalismo Clásico brilla por su ausencia en la arena de las proposiciones, las ofertas electorales y las recetas de política.

Recomendaciones

La real solución es una sola: despejar equívocos y malentendidos, y decir la verdad en todo: en el diagnóstico y en las soluciones. Pero antes de decir la verdad, y para que la gente nos crea, hay que decirle clara y francamente “te han mentido”. Decirle: “han manipulado tus emociones y sentimientos, y así te han hecho trampas con el lenguaje y los conceptos”. Y mostrarle paso a paso las mentiras, tanto de la inmensa mayoría de opinión, quienes critican y adversan al “Neo” liberalismo creyendo que es liberal, cuando no es así, como de una minoría que le aplaude y vitorea por la misma razón: creyendo que se trata del libre mercado, pero no lo es. Es necesario decirlo: han mentido, tanto los unos como los otros.

Y hay que denunciar quiénes fueron específicamente los que han mentido, para que la gente los identifique y reconozca, y pueda de este modo revocarles esa crédula confianza que ingenuamente depositaron en todos ellos, sean políticos, legisladores, dirigentes sindicales, “expertos” asesores y opinadores, Alcaldes y líderes de provincias, comentaristas de la prensa escrita, la radio y la TV, empresarios mercantilistas y directivos de gremios empresariales, fundadores y propietarios de las ONGs, profesores e investigadores universitarios, maestros y docentes en general, literatos y autores de entretenimientos y publicidad, “blogueros”, incluso clérigos. No se necesita mencionar nombres y apellidos ni ofender, pero salvo honrosas y muy contadas excepciones, en esas categorías profesionales y ocupacionales todos han hecho abuso de la confianza depositada, y en temas ideológicos han mentido, a sabiendas o no; en el primer caso son culpables por falsedad, y en el segundo por error, crasa ignorancia o desconocimiento y descuido.

 

¿Ese camino es fácil? No, pero no hay otro.

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NO HAY ATAJO, HAY SALIDA, Y ES POR AUTOPISTA

Alberto Mansueti, Mayo de 2012

Hace más de 10 años, en Diciembre de 2001, escribí “No hay atajo”, ensayo sobre el “Socialismo del Siglo XXI”, y sobre la terca negativa de los círculos liberales a constituir partidos políticos capaces de hacerle frente. Lo publico otra vez, porque la situación no ha mejorado.

Presentación (2012)

Desde entonces a hoy, en la década transcurrida, tenemos la tremenda crisis bancaria, financiera y económica de 2008-10, igual como en 1929: provocada por las masivas injerencias e intervenciones estatales en negocios, empresas, mercados y flujos de intercambios económicos voluntarios, no ha servido sin embargo para detener o aflojar esas interferencias y controles, sino como pretexto para acentuarlas y extenderlas aún más. Y tenemos al terrorismo otra vez, ligado al narcotráfico.

La nueva izquierda se ha fortalecido mucho. Completado su control sobre la economía y la educación, ha cumplido buena parte del programa del Manifiesto Comunista de 1848 en esas áreas; prueba de ello son los recurrentes fracasos en la economía y finanzas estatistas colapsadas por doquier, y en la “educación” estatista  que no educa, pero que adoctrina. Por esas razones no les conviene a las izquierdas insistir mucho en sus viejos temas, porque las empresas y centros docentes, incluso privados, ya están en sus manos. Por eso sus partidos adoptan nuevas agendas y consignas: “Ecología” y ambientalismo mentiroso, indigenismo racista, feminismo radical con aborto y homosexualismo político, “derechos humanos” bien torcidos hacia la izquierda, “democracia” anti-liberal, la “Teología de la Liberación”; y sobre todo el relativismo, moral y cognitivo, y el nihilismo filosófico aplicado en dosis masivas (incluyendo p. ej. eutanasia), todo disfrazado de “tolerancia” y “no discriminación”.

En control de la economía, la educación y la cultura (popular y de la otra), y también de los medios de prensa, ahora con su “Política Correcta” los adalides marxistas enfilan sus cañones contra los demás objetivos que restan del programa de 1848: el matrimonio y la familia, bases de la civilización, como bien apreciara Federico Engels. Y contra la razón misma, para que la gente ya no piense, para que no razone sino que “sienta”, con “el corazón”, sin usar la cabeza.

Desde entonces a hoy, en la primera década del nuevo siglo, este socialismo global ha impuesto mucho de su Filosofía en todo el mundo, a través de leyes inspiradas por el Sistema de la ONU y sus ramas colaterales, partidos satélites y ONGs afines. A su vez el Antisistema violento del nuevo “Eje del Mal” Moscú-Teherán-Trípoli-La Habana-Caracas, ligado al terrorismo y al narcotráfico, participa en muchas de sus mismas premisas, agendas y consignas.

La ola antipolítica y anti-partidos, sumada a la ideofobia –la negativa a razonar sobre las ideas generales- no ayudan: estorban. Los políticos profesionales han sido desplazados por deportistas, locutores, músicos, cantantes y otros artistas y figuras “populares”, bajo promesas estatistas y de izquierda, que son incapaces de reconocer, jurando que ellos sí van a hacer funcionar el “Estado de Bienestar”. No sorprende que mientras arrecia la pobreza y el crimen, los gobiernos, sobre todo municipales, ahora se dedican a promover espectáculos, festivales y shows llenos de música, ruido y luces, mientras los ladrones aprovechan y toman las calles por asalto.

¿Qué han hecho los liberales en esta década? Muchos siguen confundidos, y adoptan banderas de la nueva izquierda; incluso algunos se llaman a sí mismos “liberales de izquierda”. Otros siguen en sus “tanques de pensamiento”, negados a constituir partidos políticos, buscando un “atajo”, una vía expresa, directa: llevar la gente conocimientos académicos de economía y otros muchos saberes enciclopédicos, a los que nadie presta atención. Transmiten propuestas concretas pero aisladas, desgajadas de su contexto más general y de sentido. O bien consignas filosóficas, pero desligadas de la realidad cotidiana y política. Se requiere un partido liberal para integrar unas con otras en un Programa, proyecto o Plan Político viable y creíble, con su Hoja de Ruta hacia el Congreso, centro del sistema y el poder estatista, con el propósito de abolir el estatismo desde allí, derogando las leyes en que se encarna y sustenta. De otro modo, el anti-estatismo y sus propuestas y consignas carecen de audiencia y credibilidad en la opinión pública. La gente no quiere escuchar; y con cierta razón. Porque el liberalismo no es una forma de “autoayuda”, es una doctrina política; y si no hay los instrumentos políticos y estratégicos para aplicarla, será que no es aplicable, dice la gente. Algo malo ha de tener. Pero los liberales tampoco quieren escuchar a la gente.

Y casi todos siguen en su renuencia a reconocer los antecedentes judeocristianos occidentales del liberalismo clásico y la civilización, y así abrir líneas de comunicación y cooperación política con gente de iglesias y congregaciones religiosas a las que el grueso de la población pertenece, o con las que al menos se identifica, aunque con generalizado desconocimiento de las viejas raíces del Cristianismo histórico y del Gobierno limitado, y las correspondientes conexiones conceptuales y prácticas.

Por mi parte, desde aquella fecha he escrito algunos libros y otros ensayos, y ayudado a desarrollar un programa político: el “MANIFIESTO LIBERAL”. Y he buscado en varios países apoyo para la tarea, cada vez más urgente e imprescindible. Pero hasta hoy sin éxito, porque: 1) Entre los liberales, ha avanzado en el terreno filosófico el relativismo antinomiano, y el ateísmo militante y agresivo, para el cual Dios, el cristianismo y las iglesias son enemigos mayores y principales, más que el estatismo, o aún que el Estado. Y en lo político, se ha hecho fuerte y beligerante el anarquismo ciego, destructivo y auto-destructivo, tan nihilista como el relativismo, para el que todo Gobierno, aún limitado, es el enemigo. 2) Entre los cristianos, los evangélicos siguen ignorantes -casi analfabetos-, pero enfilados contra la razón, encerrados en sus “burbujas” eclesiales de pietismo y fideísmo; y en lo político, al igual que los católicos, abrazados al estatismo, y/o la anti-política. Es decir, 3) en el plano filosófico, coinciden “libertarios” y cristianos en que “razón y fe son incompatibles”, eligiendo uno y otro de los extremos respectivos de esta falsa dicotomía. 4) Y en lo político, también coinciden en una actitud furiosamente anti-partidos, propia ahora de toda la clase media, harta por el incumplimiento de las promesas de los políticos estatistas, pero incapaz de ver más allá de sus narices, que esas promesas demagógicas no son viables por definición; y las falsas ilusiones que despiertan son parte clave en el sistema de “zanahoria y palo” que nos tiene a todos entrampados.

Por esas razones publico otra vez mi ensayo de 2001, aquel primer año del nuevo siglo, reescrito en parte, y dividido en tres secciones, para darle más claridad y sentido a lo que expreso, aunque no actualidad, que no necesita:

I. Los atajos no llevan a la autopista

II. La autopista

III. Una vista aérea del panorama

Con una pregunta que me hago: ¿cómo sería hoy la situación si al comienzo del s. XXI los liberales hubiésemos tomado por la Autopista en vez de buscar “atajos”? Mi respuesta es que estaríamos mucho mejor que ahora. Todos. Por favor, lea mi ensayo y juzgue Ud. Gracias.

 

NO HAY ATAJO (Diciembre 2001)

La sociedad libre es una forma de convivir los seres humanos, basada en una concepción individualista del hombre y la política. El camino pasa por una tarea: convencer a los demás de las razones a favor del mercado, la sociedad de personas libres y el Gobierno limitado, explicando esa cosmovisión, al menos en sus trazos gruesos, su viabilidad, y el camino para llegar. No hay atajos: medidas aisladas y solitarias como la dolarización, la privatización del petróleo -o de lo que sea-, la reducción de tales o cuales impuestos y aranceles e incluso su eliminación, la despenalización del consumo/comercio de drogas, o los “vouchers” o bonos educativos para los pobres, con todas sus ventajas, no son esas medidas super-atrayentes para todos, ni mágicas. E incluso dictadas, no nos eximirán de ese trabajo de persuasión, explicando “la gran pintura” y buscando la reforma completa, desde una plataforma política, la forma de hacerlo y la vía para llegar. Tenemos que hacer el trabajo, entero, y bien hecho.

Milton Friedman es brillante, sin duda. Una de las razones de su fama es una frase que hizo impacto: “No hay almuerzo gratis”. Y no lo hay: siempre alguien paga los costos; es una de las leyes fundamentales de la economía, y del comportamiento humano en general.

No siendo brillante como Friedman, debo conformarme yo con acuñar otra frase, cercana a la suya, en el campo de la política: “No hay atajo”. Así como en economía no hay almuerzo gratis, en política no hay atajo, esa senda de acortar camino. No hay sustituto eficaz al medio apropiado para el logro de ciertos fines. Si Ud. se propone tal o cual fin, entonces debe disponer del medio propio. Y también es ley del comportamiento humano: si Ud. quiere conocer un país, debe ir por autopistas o carreteras, pero entonces necesita el vehículo apropiado. No cualquiera sirve. ¿No tiene el medio idóneo? Lo siento, pero hay malas noticias: no hay sustituto. Deberá renunciar al viaje, o posponerlo. Y no hay sustitutos a un partido político, con su doctrina y su programa. En la democracia, la vía es la política; esa es la Autopista, y los partidos son los vehículos de transporte.

No hay sustitutos

No hay sustituto para la riqueza, un producto del capitalismo, a su vez resultado del sistema de Gobiernos limitados a los servicios de defensa y policía, justicia y obras públicas, organizados según un orden de “subsidiariedad” en tres instancias, comenzando por los gobiernos locales, “de primera instancia” y por ello más importantes; siguiendo por los regionales, sólo cuando razonablemente se requiere una segunda instancia; y terminando en los nacionales como tercera y última. Y allí se acaba la subsidiariedad, porque todo lo demás pueden hacerlo las instancias privadas, en sus respectivas esferas.

Los países occidentales comenzaron a practicar este sistema ya en la Edad Media, inspirados en la Biblia. Agudos pensadores judíos, árabes e incluso musulmanes, no encontraron choques insolubles entre razón y fe: cuando la capacidad de discernir se ejerce rectamente a partir de la observación del mundo natural, su regularidad, inteligencia y diseño lleva lógicamente a la idea de un Dios Creador. Y cuando la razón se aplica a investigar la Escritura, hallaron motivos suficientes para “acreditar” en sus testimonios; y eso es la “fe”, acerca de una serie de hechos históricos bien documentados; no es simple o emocional credulidad, ni es ingenua, tampoco un “salto en el vacío”, como muchas veces se ha dicho.

El estatismo recomenzó en Occidente cuando la Biblia se abandonó. Por ej. y para empezar, la idea bíblica de “Gobierno” como un poder limitado, al que la gente puede y debe resistirle cuando se sale de sus límites, se cambió por la de “Estado”, una representación del ente colectivo, del que “la nación” (población) es tan sólo una parte componente, y así el derecho de resistencia a la opresión fue minado y debilitado. Estos datos se ignoran hoy, porque la educación fue desarticulada: con la falsa consigna de “no transmitir información sino enseñar a pensar”, no informó ni tampoco enseñó a pensar, porque pensar es imposible sin información alguna para comprender, discernir y enjuiciar.

No hay sustituto para la sociedad abierta, de gobiernos en sus funciones propias en lo político; de mercados libres en lo económico; y de respeto a la propiedad privada e instituciones independientes en lo social-cultural. Y como vía idónea a ese fin, no hay sustituto para toda la serie completa de privatizaciones (desestatizaciones); desreglamentaciones; des-tributaciones (eliminar y reducir impuestos); y garantías legales para las libertades, entre ellas las monetarias y bancarias, y las no económicas. Ni hay sustituto para una mayoría parlamentaria que derogue las leyes que consagran el estatismo, ni para un partido político liberal que la encuadre, bien cimentado en las tradiciones occidentales, sin miedo a ser tildado de “dogmático” o “derechista”.

Pero las liberalizaciones son imposibles sin la comprensión y la opinión favorable de al menos una parte del público; por ello, tampoco hay sustituto para el trabajo político en sentido amplio: investigar y difundir las ideas, pero también recaudar los fondos, reclutar la gente, y articular una organización política con firmes cimientos y contenido ideológicos ligados de cerca a sus propuestas programáticas y estratégicas, y presente en los medios de prensa. No es fácil. Pero es imprescindible e inexcusable, en un mundo de gran actividad ideológica, en el que los ataques del 11 de Setiembre demostraron que el “Choque de Civilizaciones” no es sólo el título de un libro de Samuel P. Huntington sino una trágica realidad. En el fondo es un choque de Cosmovisiones.

 

I. LOS ATAJOS NO LLEVAN A LA AUTOPISTA

Un partido liberal

Puede no llamarse así; aunque es mejor que los nombres de las cosas respeten su naturaleza.

Pero de todos modos el político es un orden práctico, de fines y medios; y los medios deben ser los idóneos. ¡Ojalá hubiera fórmulas mágicas inspiradoras, motivadoras y movilizadoras, que llevasen a la gente a aceptar la idea de una sociedad abierta y libre, sin esfuerzos y trabajos de nuestra parte!

Aunque nos aburra o disguste, hay que hacer propaganda, difusión ideológica y labor de captación y encuadramiento. Fundar y articular un movimiento y luego un partido, transmitir su mensaje completo, y asegurar que llegue sin distorsiones a sus destinos. Hay que escribir, revisar y reescribir panfletos, y repartirlos a mujeres, hombres y jóvenes de la calle, difundir consignas y posiciones, vender libros, editar publicaciones, programar reuniones y círculos de estudio, recaudar fondos, insistir en los medios de comunicación, recaudar más fondos; y sobre todo, dar respuestas y explicaciones sobre doctrina y soluciones liberales, a fin de reclutar y formar cuadros, que accedan a posiciones de mayor efectividad política y comunicacional. Es decir: trabajo político. Los partidos son los instrumentos irreemplazables de la democracia, representativa por supuesto, la única real; y cuando se pretende sustituirlos, llegan los caudillos y caudilletes populistas, mesiánicos, demagogos y personalistas.

La noción aérea, gaseosa, romántica y existencialista de “La Libertad” no nos ha funcionado. La filosofía liberal ha de investigarse con paciencia y discernimiento, contrastada con el pensamiento ahora dominante; para lo cual esta filosofía debe ser comprendida desde sus bases, y sus diferencias con sus contrarias. Ese es el comienzo. En el orden político, como en el empresarial o cualquier otro, por práctico que sea, la actividad intelectual no se excluye. Y es previa -hasta en deportes como el box, lo primero es pensar la estrategia-; y no deja de ser actividad porque la mayoría de los políticos sean intelectualmente inactivos.

Muchos liberales soñamos una revuelta fiscal, con desobediencia al pago de impuestos. Otros con una huelga de electores, proclamando la abstención del voto. Otros con una campaña de opinión para no comprar a empresas anunciantes en medios de izquierda. Otros con “ciudades o territorios libres” (Free-cities). Todo eso está muy bien. Y muchas otras actividades de ese tipo, algunas enfocadas a ciertos tópicos puntuales, lo que en EEUU llaman “single-issue”. Pero, ¿quién va a organizar esas acciones colectivas, y a sostenerlas financieramente, sino una organización -aunque no se llame “partido”-, con su estructura, sus secciones y sus niveles? Y con su componente ideológico, para cuando mucha de la gente inicialmente movilizada comience a decaer en entusiasmo y a hacerse ciertas preguntas como “¿por qué debo yo seguir en este esfuerzo?” -y otras de carácter general-, poder brindar las respuestas correctas.

Aceleradores y frenos; inconsistencias y confusiones. Lecciones

Las reformas “Neo” liberales de los ’90 fueron en Latinoamérica muy tímidas, muy cortas, vacilantes, inconsistentes y/o incompletas. Pero deben dejarnos enseñanza. Todas fracasaron con la relativa excepción de Chile, donde -en la década anterior- fueron mucho más decididas y consistentes. Allí está la primera lección: la indecisión e inconsistencia llevan al fracaso.

Hoy padecemos una violenta reacción por parte del populismo y las izquierdas -ideológicamente renovados con las corrientes antiliberales del nuevo siglo-, y apoyada en la insatisfacción por los fracasos de los Gobiernos actuales. No hay sustituto para las liberalizaciones. Segunda lección: además de consistentes y decididas, las medidas deben ser simultáneas y rápidas -y en la dirección apropiada-; de otro modo no son efectivas, no dan resultados, y surge descontento. Tercera: debemos dar las adecuadas respuestas a los portavoces de las ideologías antiliberales, que canalizan toda la disconformidad. Cuarta: para la política se requiere un partido, por la misma razón que para navegar se necesita un buque; no hay otras “fórmulas”. Siento desilusionar, pero no existe propuesta que comporte a la gente una ventaja inmediata y evidente, y sea “simple”, “fácilmente entendible”, y con honda apelación sentimental. O sea: de un magnetismo irresistible, inevitablemente destinada a ser “popular”. No la hay. Y si la hay, es falsa: no es liberal.

Una de las razones por las cuales Chile y El Salvador hoy sigan siendo experiencias más o menos exitosas,  aunque distan mucho de ser perfectas, es porque en ambos países hay partidos que las sustentan, hoy en papeles de oposición y gobierno respectivamente. Si es desde la oposición, políticos profesionales de inspiración liberal hacen contrapeso a las socialistas y las contienen, al menos con control de los daños. Si es desde el Palacio de Gobierno, impulsan y aceleran políticas públicas. En los ’90 las reformas liberales se encomendaron a partidos populistas y socialistas, no apropiados para la misión. Todo buque necesita tripulación idónea para el oficio. Es decir, marineros y capitán, y primer oficial por lo menos, y timonel. Para navegar no puede emplearse un grupo de campesinos, obreros, empresarios, monjas, soldados, mesoneros o los que sean. Insisto: “No hay atajo”.

Fuera de esos dos países, ¿qué tenemos? Inconsistencias y confusiones. Domingo Cavallo se supone paradigma “neo” liberal. Pero en estos días les decreta a los argentinos los límites de dinero en efectivo que pueden retirar de sus cuentas bancarias por semana y por mes, como papá a los niños. Y se piensa usar los Fondos de Pensiones para aliviar la carga de la deuda externa. Eso no lo ha hecho, por ahora, ni Hugo Chávez, en el otro extremo de Sudamérica y se supone que del espectro político, cuya política por otra parte en el sector telecomunicaciones hasta ahora verifica el criterio “Neo” liberal ortodoxo. Estas inconsistencias confunden a muchas personas, incluso a muchos liberales. Hoy es tanta la aversión a los “ismos” e ideas abstractas, que nadie quiere revisarlas, y por ello son demasiadas las incoherencias y las confusiones. Las posiciones en la política de la calle rara vez coinciden con las del Palacio de Gobierno; y las de Palacio rara vez coinciden con las de los círculos de expertos, reales o supuestos. Por eso mismo hace tanta falta un partido liberal.

No es cierto que “A los socialistas les funcionan esas fórmulas simples”,

como a veces se dice, pretendiendo que los liberales inventemos consignas maravillosas, de igual o mayor efecto cautivante. Es verdad que a las izquierdas les funcionan promesas irrealizables, falsas y engañosas. Pero más les funciona el entramado de intereses especiales que crea el estatismo con tales promesas: los pocos que acceden a ellas, mantienen viva la ilusión para al resto. Y sobre todo, les funciona el trabajo político hecho en el pasado, por muchas décadas consecutivas. Con constancia, determinación y paciencia admirables, y dignas de mejor causa. Como producto de ese largo, tenaz y concienzudo trabajo político, lamentablemente ellos tienen suficientes cuadros formados desde hace tiempo, y organizados. Y tienen su mensaje difundido e implantado en extensión y profundidad. Ha penetrado en profundidad en la mente popular. Por eso basta una consigna o lema (“justicia social”) para reverberar en la cabeza de la gente.

Por esto sus consignas -y engañosos conceptos y soluciones-, ganan aceptación y la conservan, son repetidas constantemente de boca en boca, de modo casi automático, como un “mantra”. Porque ya están “posicionados”. Inseminada una premisa socialista en la cabeza de la gente, ella misma saca conclusiones socialistas por su cuenta, sin necesidad de recibir adoctrinamiento adicional; y las repite al familiar, vecino o amigo, convertido en vehículo de propaganda. Por ejemplo la premisa del Estado multipropósito, que debe servir para cualquier cosa. De ahí la gente salta enseguida a la conclusión del activismo estatal: que el gobierno debe “hacer algo” ante cualquier dificultad o problema que tengan tal o cual clase de personas; y ya está lista la masa para la trampa de los “intereses especiales”. Cae con el primer demagogo que le prometa “hacer algo” por X problema concreto.

El estatismo es el medio idóneo o instrumento propio de todo colectivismo, del cual el socialismo es sólo una variante. En otras palabras: el estatismo es siempre un colectivismo traducido en práctica política, cualquiera sea “el colectivo”: la nación, el pueblo, la mayoría o el proletariado. Y todas las premisas colectivistas fueron sembradas. Por ej. la premisa altruista: los individuos tenemos que “sacrificarnos por el bien común”. También mentiras o sofismas básicos estatistas como “el Estado es la expresión del bien común”. Por eso lo liberal es liberar; pero “la verdad os hará libres” (Jn 8:32) Y sólo se libera cambiando premisas; por ej. difundiendo la premisa de las funciones estatales propias, mostrando a la gente que las causas reales de los problemas son acciones y actividades impropias del Estado, las cuales generan obstáculos a la economía, que deben ser removidos. Pero cambiar premisas no es fácil, requiere de trabajo político. Comenzando por uno mismo: cada tanto inspeccionar la propia mente, porque las premisas socialistas se le meten a cualquiera, y queda preso. O las conclusiones.

Por otra parte, los socialistas no se molestan en recaudar fondos porque tienen nuestros recursos que el Estado nos quita; y todos los medios a disposición de los gobiernos, incluyendo los propagandistas, organizadores y activistas incorporados a la maquinaria estatal -especialmente entre educadores, médicos, artistas, entrenadores deportivos, concejales, etc-, y pagados con nuestros impuestos.

También les funciona haberse ganado en el pasado a los periodistas, escritores, “expertos” y buena parte de la gente vinculada a centros transmisores de educación y cultura, medios de comunicación, partidos y hasta iglesias. Eso les funciona. Y fueron por la Autopista: con partidos políticos. No por los atajos, que no los hay. Y a las izquierdas les sirven todas las contradicciones de los “neo” liberales, y de los políticos fracasados, como los actuales Presidentes latinoamericanos, que gastan todo su tiempo buscando pretextos y excusas para justificar sus fracasos, desde los huracanes hasta “la crisis provocada por el 11 de Setiembre”, pasando por los desechos nucleares o la pesca de arrastre. Pero lo que más les funciona es la falta o insuficiencia del trabajo político de los liberales.

¿En qué punto estamos parados? ¿De qué trata todo esto?

Algunos liberales se atascan en el camino de las reformas. Y creen que el problema es si deben ser o no simultáneas, o su velocidad. Por supuesto, deben ser simultáneas, y son urgentes. Pero les falta “la gran pintura”, con todas sus implicaciones, por lo que son incapaces de distinguir las premisas de las conclusiones y las propuestas. Queremos cambiar un sistema económico por otro, un régimen político por otro. No es simple, porque todo sistema tiene fundamentos. Los enemigos del liberalismo se oponen a las reformas de todos modos, sean o no simultáneas y/o graduales, apelando a una cosmovisión opuesta, la cual proponen al público, y éste la comparte.

Muchos liberales les oponen argumentos de vuelo corto, que además no son ciertos. Dos ejemplos: 1) EEUU y la UE no pueden ser mostrados como paradigmas de libre mercado porque no lo son; tampoco muchos “tigres” asiáticos, como evidenciaron los tropiezos y colapsos financieros de algunos de ellos; y menos aún Rusia. Y si lo fueran, el argumento sería contraproducente, ya que su situación dista de ser buena. 2) El “consenso de los expertos” tampoco vale como argumento porque no existe, y donde existe es antiliberal. Para argumentos también vale la regla: “No hay atajo”; o Ud. pone sobre la mesa los argumentos apropiados -válidos y a la vez pertinentes-, o no prueba su punto. Y argumentos como los ejemplificados no vienen al caso, porque lo que está en juego es otra cosa.

¿Cuál es la “Gran Pintura”?

Es la perspectiva individualista del orden espontáneo y la libertad, versus la visión colectivista del designio gubernamental a favor del “bien común”, basado en un plan deliberado de carácter general, a cuyos reglamentos todos debemos obedecer y ajustarnos. Es el “bien” de un ente colectivo, especie de monstruo antropomórfico, un ser en sentido propio, del cual los individuos somos sus partes, como las manos y los pies lo son del cuerpo humano. Por eso los colectivistas repiten que “el todo es más que la mera suma de las partes”.

El enfoque individualista se basa en la legitimidad moral del interés propio y su perseguimiento por medios honestos: intercambios voluntarios contractuales; por eso se opone tanto al altruismo (el sacrificio de los demás en beneficio propio) como al egoísmo (el sacrificio propio en beneficio de los demás). El altruismo declarado termina siempre en el egoísmo más miserable: la lucha de todos contra todos por un pedazo más grueso de la torta estatal (“colectiva”), cada vez mayor en proporción a la riqueza total en el país, pero más pequeña en tamaño. Más allá de las declaraciones altruistas en apariencia bienintencionadas, no hay otro bien común que el de los individuos todos, sin sacrificios, mediante intercambios voluntarios, único interés general y “público”.

 

II. LA AUTOPISTA

El Gobierno limitado

Es el punto de llegada. Aceptamos pagar impuestos legítimos: aquellos destinados a las funciones propias de un Gobierno limitado: seguridad, justicia y obras públicas. Más allá de tales límites, lo demás es robo legalizado. Pero este enfoque tampoco es anarquista: no es verdad que “todo impuesto es robo”, porque ese Gobierno es para sólo tratar con los criminales y transgresores a los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad; pero lo primero que hacen los transgresores es rehusar su contribución monetaria, que por eso mismo ha de ser “impuesta”. ¿Qué cómo se tiene limitado a un Gobierno? Mediante un partido liberal, y desde el Congreso, la prensa y la opinión. “No hay atajo”. En el fondo, y aunque sea ateo convencido, un anarquista es primeramente un teólogo que no cree en el pecado, y por tanto no cree en transgresores ni transgresiones, tampoco en normas.

La sociedad es la colección de individuos, que aunque contingentes, somos los seres humanos en sentido propio y personal. Y aceptamos convivir bajo reglas que no implican abdicar de nuestra individualidad, que se manifiesta en nuestra personalidad. No queremos que Cavallo o Chávez nos traten como meras partes componentes intercambiables, como tornillos y tuercas, porque no lo somos. Lo que está en juego es entonces, ¿Qué somos? Es nuestro status ontológico. (Ontología es la rama filosófica que trata del ser.) ¿Somos los individuos seres humanos enteros, y personas, y por tanto libres? ¿O somos hormigas o abejas más grandes y evolucionadas, piezas del hormiguero o colmena social? Esto es lo que se debate en el fondo, y lo demás son consecuencias. Y de no tenerlo claro, uno puede enredarse mucho con las consecuencias.

La visión individualista no impone, ni siquiera propone un “plan de gobierno liberal” -contradicción de no pocos liberales- sino unas reglas mínimas, principalmente de carácter negativo: no agredir, no robar, no estafar. Ha sido a veces impulsada en la historia. Pero nunca lo fue tan intensamente, y con frutos tan maravillosos de todo orden, como a partir de la coincidencia de la “revolución industrial” a fines del siglo XVIII, con la independencia de EEUU, la redacción de sus documentos liminares, y la publicación de “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith (1776). El impulso fue tan enorme, que de inmediato despertó una reacción comparable.

La reacción colectivista y sus manifestaciones

No se hizo esperar, y aún hoy es tan intensa como la acción a la que se opone. Hubo en los siglos XIX y XX varias manifestaciones políticas, según que el “común” o colectivo escogido por las izquierdas fuese la clase trabajadora o su vanguardia esclarecida, la raza, la nación, el “pueblo”, la mayoría, etc. De ahí sus diversas expresiones: racismo, nacionalismo, laborismo, democracia, populismo, socialismo y comunismo, etc. Hubo otras menos recordadas como el “ludismo”, opuesto al progreso técnico, como ahora los ambientalistas, cuyos partidarios rompían máquinas e incendiaban fábricas. Hoy son menos primitivos los métodos contra el progreso tecnológico, como dictar una ley o un decreto que haga antieconómica su incorporación al proceso productivo.

Socialismo del x. XXI

Hay en estos días otras expresiones colectivistas -feminismo, militarismo, ecologismo, indigenismo, etc.-, que no pueden entenderse si no se comprenden como legítimas descendientes de la misma perspectiva, en la presente generación de ideas políticas. Un ejemplo: los “derechos de los niños”, expuestos muy representativamente por Hillary Clinton (en su libro “It takes a village”), reeditan el viejo reclamo colectivista: los niños son de la tribu, no de sus padres. También hay que entender sus estrategias; para seguir con el mismo ejemplo: el sufragio infantil es preparado en la ONU como vía para consagrar las iniciativas colectivistas más irracionales.

Otro punto en que nos equivocamos los liberales es que muchas veces concedemos muy generosa y prestamente el título de “liberal” a personas, candidatos o grupos que apenas ayer estaban por el socialismo violento; y ahora por el socialismo pacífico o “democrático”, y por supuesto para nada familiarizados con la doctrina liberal, ni con sus incompatibilidades con otras expresiones opuestas, muchas de las cuales incluso abrazan estos candidatos a “liberales”.

Las expresiones antiliberales suelen confundir. Unas veces lucen indistinguibles, y otras como muy contradictorias entre sí, sobre todo lo que llaman “extremas” derecha e izquierda. Y lo son, porque es un principio filosófico que mientras el ser, la verdad y el bien son de una sola forma y esencia, el error y el mal en cambio siempre se multiplican en infinidad de expresiones diversas y opuestas, unas a otras enfrentadas entre sí, de tal manera que los incautos y desprevenidos toman algunas de ellas por buenas, reales y verdaderas.

Sin embargo todas estos “ismos”, los de antes y los de ahora, comparten idéntica perspectiva colectivista y estatista, teñida de romanticismo e irracionalismo, de la cual son variantes. Las de derechas han tenido siempre exponentes menos identificados como colectivistas, pero no menos destacados. Entre otros ejemplos: el militar y político alemán (Conde) Otto von Bismarck, el escritor inglés Thomas Carlyle -muy germanófilo-, o el filósofo italiano Benedetto Croce. Por cierto, todos estos colectivistas antiliberales eran como Bush: conservadores “compasivos” con el pueblo y los necesitados -al igual que los “revolucionarios” de izquierdas-; las derechas colectivistas y demagógicas no son algo novedoso, pero la derecha liberal no es ni una cosa ni otra.

No siempre percibimos los cambios que suceden a nuestro alrededor, a nivel internacional, y que se repiten a niveles de cada país, por cierto muy similares todos los latinoamericanos. Ante el fracaso de los estados nacionales, los colectivistas desean hoy reemplazarlos por los continentales, o por un único estado mundial “global” o planetario. Esto no debe confundir. Lo que cambia es el colectivo expresado por el estatismo, abarcando a los europeos, a toda la Humanidad, o incluso al conjunto de los seres vivos del planeta, en sus expresiones más absurdas, totalitarias y monstruosas. Esa es la globalización del estatismo, que no debe confundirse con la de los mercados. Hay otros cambios: antes, los colectivistas declaraban buscar un mayor grado de bienestar y confort para todos, que hoy anatematizan de entrada, porque identifican con el “consumismo” y el “materialismo”. Antes, una parte de ellos declaraba guiarse por la razón -aunque sin ser del todo consecuentes-; hoy no, son “posmodernos”. Antes eran ateos o agnósticos; hoy son “espirituales” y hasta religiosos. Es cierto: el socialismo del s. XXI -concepto que aparece en 1996, acuñado por el ideólogo chavista Heinz Dieterich Steffan-, no es exactamente igual al del s. XX.

Nacionalismo, socialismo, etc., lucen a muchos como “absolutos” políticos, y lo son. Sin embargo son  expresiones nacidas del relativismo filosófico, que niega las verdades universales y permanentes, y deposita en el colectivo X y en el Estado la misión de definir e imponer por la fuerza lo que es en cada momento la verdad. Porque una vez negadas las verdades absolutas -no dependientes de condición de tiempo o lugar-, y descalificadas como “dogmas”, la humanidad perdió toda referencia firme que pudiera servir de guía y orientación racional, incluyendo la perspectiva individualista. Por eso se aferra al colectivo de pertenencia: tribu o clan, casta, aldea feudal o comarca, gremio o iglesia, O raza. O nación, mayoría, proletariado, “los pobres”, el “pueblo”, o “la Humanidad”, los seres vivos, “el planeta” etc. Por el camino del relativismo, cada quien convierte su colectivo en su absoluto. Todos dicen “Nada hay absoluto, y todo es relativo, según …”la raza”, dice el racista; “… la nación”, el nacionalista; “… la mayoría”, el demócrata; “… la clase social”, o “la vida en el planeta”, etc.

“Las ideas son muy prácticas”

Eso decía Ortega y Gasset. Y sobre todo cuando son verdaderas, cabe añadir. Son herramientas para funciones muy importantes; por ej. las verdades de carácter general tienen la misión de organizar a las demás. Y si a Ud. le falta una idea verdadera, pronto le buscará un sustituto para que cumpla su función, la que sea. Pero no es igual, porque para las ideas es lo mismo: “No hay atajo”. Algunos liberales andan con las ideas todas desorganizadas, y por eso no son efectivas, incluso las buenas. Porque les faltan las ideas de carácter general; en su mayor parte no llegan ni a sargento, y las que de allí pasan no son verdaderas.

Un ejemplo: insisten con la dolarización obligatoria, o curso forzoso (llamado legal) para el dólar. Mucha gente no quiere usar dólares, por las razones que sea (equivocadas o no). Un verdadero liberal debe ser respetuoso, y proponer eliminar el curso “legal”, y por ende el libre uso de la moneda que cada quien prefiera y acepte para sus transacciones y depósitos. Además, debe ser consistente: ¿en materia de monedas no es mejor la competencia libre? Pero la libertad monetaria es una idea más general que la dolarización obligatoria. Y al negarse a revisar sus ideas más generales, estos liberales terminan prisioneros de las mismas premisas que los colectivistas estatistas, por ej. que el gobierno debe decidir cuál moneda es buena o mala para usar.

Otro ejemplo: proponen reformas judiciales, pero sin derogar leyes sustantivas; y en la misma ruta de la justicia centrada en el delincuente, punitiva o “reinsercionista” (“el crimen es un producto social”) y no de la justicia restitutoria o arbitral, enfocadas más en la víctima que en el criminal. Este segundo tipo de justicia se dirige hacia la reparación por el trasgresor del daño producido -o en su defecto el resarcimiento (indemnización)-, cuando no al simple arbitraje imparcial. La justicia colectivista parte en cambio de la premisa de que el delincuente debe pagar por su daño “a la sociedad” y no a una víctima concreta; o bien llegarse a su “reinserción social”.

En pocas palabras: algunos liberales están afectados del mismo mal que el resto de las personas: no revisan sus premisas. Las verdades absolutas les lucen “dogmáticas” a muchos liberales nominalistas y antinomianos, que confunden pluralismo y tolerancia con relativismo; y así se hacen relativistas. Pero ahí quedan heridos de muerte, porque desde el relativismo no puede argüirse eficazmente a favor de premisa o principio alguno, ni libre mercado ni Gobierno limitado.

Y algo peor: queriendo ser populares y confundiendo el liberalismo con la democracia, muchos liberales se hacen “demócratas” a ultranza; en lo cual al menos no son inconsistentes, puesto que la democracia iliberal es el relativismo en su traducción política: la tiranía de la mayoría. Y ahí se quedan muertos, definitivamente, como “liberales resignados” a acatar la voluntad de la mayoría. A que la mayoría no reconozca funciones estatales propias, y vote a favor de la producción gubernamental de toda suerte de bienes y servicios costeados con impuestos. Y el “análisis costo beneficio”, favorito de los “Neo” liberales, es dudoso y débil argumento para oponer a estas decisiones.

La democracia, explica Karl Popper, es un medio para reemplazar a los gobernantes sin violencia o derramamiento de sangre, y sólo por ello es preferible; y la democracia liberal es limitada: la mayoría no puede lesionar los derechos humanos verdaderos, los individuales a la vida, propiedad y libertad. Por supuesto; estas son verdades absolutas. Pero los liberales relativistas no creen en verdades absolutas; por eso deben dejar que la mayoría decida lo que quiera, poniendo presos a los mercados bajo límites, rejas y candados, y liberando al Leviathan gubernamental para decirle “Hágase tu voluntad”. Por supuesto, tales liberales no entienden que el colectivismo es mucho más que una política: es toda una religión: “No hay más dios que el colectivo, y el Estado su profeta”. Tampoco entienden que el liberalismo no es una religión, aunque entronca con una cosmovisión, la occidental, con hondas raíces en la tradición judeocristiana.

Filosofía, Humanidades y Ciencias Sociales

El liberalismo no es una filosofía ni una ciencia, pero en una y otra perspectiva -individualista y colectivista- se implican cuestiones filosóficas. No puede ser de otro modo, porque la filosofía no es algo ajeno a la realidad. Es la consideración de la realidad en sus términos más generales, y en sus causas menos inmediatas o próximas a nuestra experiencia sensorial y cognitiva, tal vez las más reales. La Filosofía se implica en todas las cuestiones de la vida diaria, tratadas por las disciplinas humanísticas y las llamadas “ciencias sociales”. Tampoco puede ser de otro modo, siendo que ellas también consideran la realidad humana en sus distintos aspectos, pero en términos, conceptos y leyes generales, con (cierta) independencia de sus particularidades específicas de tiempo y lugar.

No es posible entonces evadir las diferentes filosofías, y los divergentes puntos de vista de las distintas corrientes de las Humanidades y Ciencias Sociales. “No hay atajo”. Todo quien presuma de “pragmático” no deja de estar preso en las redes conceptuales de algún filósofo o escritor del pasado (o “de algún economista muerto”, como sabiamente lo puso Keynes); sólo que no es consciente de ello. Más vale entonces que seamos conscientes de las ideas que llevamos, a fin de cambiar las inservibles.

Muchos liberales repiten consignas filosóficas, verdaderas y muy válidas; pero la gente se pregunta: “¿Y eso que tiene que ver con la política, y con mi vida diaria?” Eso hay que explicarlo, mostrando las conexiones, muy estrechas, entre el pobre nivel de vida, y el imperio de las premisas, conclusiones y recomendaciones derivadas de la filosofía estatista del colectivismo; y las posibilidades de acceder a una calidad de vida muy superior, a través de un partido político capaz de tomar el Congreso y derogar leyes.

Mapas y guías de las rutas intelectuales y políticas

Lo que nos lleva a la necesidad de ocuparnos en distinguir entre las buenas y las malas filosofías y corrientes del pensamiento. Para lo cual hay que revisarlas una a una, informarse, documentarse, discernir. (“Crítica” llamaban los griegos al cernidor, como los de la harina o el vino.) No es fácil, porque además de autores y libros malos y buenos, hay libros malos de autores buenos y capítulos malos en libros buenos -y viceversas-; y hasta muchas páginas que merecen juicio separado. No queda más remedio que conseguir buenos mapas, y consultar sólo guías experimentados y probados.

“No hay atajo”. Lo que hay son evasiones, pero no sirven. Una evasión es confiar en las etiquetas: “Esta teoría (o política) es buena porque es de Harvard”; o antes se decía “de la Universidad de París”. Esa evasión nos trajo a donde estamos: las peores atrocidades del siglo XX fueron ideadas, inspiradas, cometidas, justificadas y convalidadas por los más ilustres egresados de las más ilustres Universidades. En Alemania, los más famosos centros de estudios de su tiempo -comenzando por Heidelberg- apoyaron al nacional socialismo y a Hitler. Con su prestigio, Cambridge avaló todos los disparates keynesianos. Y en la Sorbona de París se formó la mitad de los más feroces y sanguinarios dirigentes comunistas del Tercer Mundo, incluyendo los khmers rojos camboyanos; y la otra mitad lo hizo en la Escuela de Economía de Londres, o en Berkeley. Y tarde o temprano las masas siguen a los popes intelectuales consagrados: muchas de las tales atrocidades cometidas en nombre de los dioses colectivos fueron también decididas y aplaudidas por amplias y democráticas mayorías, de modo que tampoco valen las evasiones “es bueno porque lo apoya la mayoría”, o “en todos los países lo hacen, incluso desarrollados”.

En los gremios universitarios y clubes académicos funcionan mal las reglas de admisión, y de promociones, si las hay. Fallan en lo atinente a conceder acreditación y fama a ciertas teorías, profesores, facultades y escuelas, y en negarlo a otros. Popper -otra vez- sostuvo que en ciencia se avanza por prueba, error y descarte; y que los experimentos y pruebas científicas son los “filtros” selectivos. Si eso es así, muchas afamadas universidades parecen con los filtros tapados. Por eso hay ramas completas y corrientes enteras de Filosofía, Humanidades y Ciencias Sociales que con toda su “autoridad” avalan cada una de las perspectivas colectivistas. Son falsas. El 90 o 95 % de todos los libros y artículos publicados en el mundo sobre estos temas están comprometidos y contaminados.

Hace pocos años un profesor llamado Alan Sokal lo demostró por la vía del absurdo, y con gran sentido del humor: presentó como tesis un galimatías sin sentido pero solemne, imitando los escritos “deconstruccionistas” de los “posmodernos”, con sus términos vacíos y rimbombantes. Luego que fue laureado con todas las palmas, develó su charada con ruidosas carcajadas. Obviamente los jurados calificadores no lo festejaron. Y aunque ahora es peor, esta desafortunada situación no es nueva. De este tipo de profesores e “intelectuales” escribió San Pablo a los cristianos de Roma: “Proclamando ser sabios, se hicieron necios”; Romanos 1:22.

Los Mapas y guías de las rutas intelectuales deben rehacerse, y asimismo los de las rutas políticas y de la Economía, porque los caminos se cruzan por infinidad de puntos, que es necesario conocer.

¿Cómo pueden ser tan ignorantes los “expertos”?

Simple: son nominalistas, atados a los particulares y concretos, rehuyendo juicios y categorías de carácter general y abstracto; por eso es que saben montones de cosas inútiles, y no las esenciales, lo cual perjudica los resultados de sus investigaciones. Si Ud. tiene una premisa correcta, con esa puede investigar dos o tres hechos, o 10, o tal vez uno sólo, y quizá llegar a una conclusión correcta. Pero si tiene una premisa incorrecta, puede investigar 100 hechos, o 1000, y lucir más sabio en apariencia, pero seguro su conclusión será incorrecta. (Excepto la improbable casualidad de anularse errores opuestos).

De las universidades renombradas, premisas y conclusiones falsas se propagan a las otras -como ríos contaminados en las cabeceras-, y de allí a la calle, a través de los medios masivos de comunicación, el discurso político o público, el arte (sobre todo popular), o la homilía dominical del predicador. Y las ideas equivocadas afectan negativa y destructivamente no sólo las políticas públicas; también inciden poderosamente en la vida diaria de las personas.

La vida cotidiana, íntima y personal, también está siendo minada y destruida

Las malas ideas no sólo destruyen por la vía política. El estatismo nos quiere pobres, porque la riqueza trae independencia personal; y eso no quiere el colectivismo. Nos quiere dependientes, por eso hacer negocios y ganar dinero no está prohibido; sólo que te permiten hacer negocios al amparo del Estado, pero no por cuenta propia.

El dejarse llevar por todo lo que diga el experto diplomado en la prensa, la radio o la tele, es una evasión muy común desde mediados del pasado siglo XX. En los más diversos temas. Y una premisa falsa aplicada a los asuntos públicos puede arruinar miles de vidas. Pero es lo mismo si cada quien aplica un sofisma a sus propios asuntos privados: afectivos, familiares, o económicos. La mayoría de la gente no vigila con atención los postulados conforme a las cuales conduce su vida familiar, trabajo y negocios. Y los expertos que asesoran a las parejas, los jóvenes o los ahorristas, se graduaron en las mismas Universidades que quienes asesoran a los gobiernos.

En otras palabras: todos esos fracasos escolares, profesionales, laborales, matrimoniales, parentales etc. en el orden personal, esos niños malcriados, adolescentes perdidos y adultos inmaduros, negocios hundidos y fortunas erosionadas, tienen que ver con la clase de consejo que repiten los “expertos”, en el consultorio, el periódico o la revista, la radio o TV. Son fracasos en relaciones interhumanas. Sin duda también en parte son causados por las “políticas públicas” fracasadas; pero esa no es la única forma como los expertos sacrifican vidas humanas para destruirlas y arrojarnos a todos en brazos del Estado-Salvador.

Ellos experimentan en la gente cada teoría nueva que aparece, sea en psicología, puericultura, técnicas de estudio, alimentación, matrimonio, o gastos e inversiones; y la gente es tan descuidada que se lo permite. Por otra parte la democracia deja a las personas corrientes la última palabra en asuntos públicos, y en estos temas ellas también oyen a los expertos, y también yerran sus decisiones de voto y apoyo político. Porque la gente no será más cuidadosa con los asuntos públicos que con los suyos particulares. Disculpe Ud. que vuelva con la Biblia, pero ya Jesucristo advirtió que “si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán al pozo” (Mateo 15:14); y antes, el profeta Isaías notó lo calamitoso de ser “ciego e ignorante el vigía” (Isaías 56:10). Y si la mayoría de los diplomados universitarios, sean renombradas o no, han sido formados por ciegos y necios en las aulas “acreditadas” (¿por quiénes?), lo son ellos mismos, a menos que revisen las enseñanzas recibidas de sus mayores. Pero en su mayoría los profesionales de disciplinas sociales o humanísticas no vuelven a tomar un libro una vez egresados, y si lo hacen, el texto es exactamente de la misma orientación que recibieron.

Todo lo cual hace más difícil el trabajo político –en su concepto amplio-, aunque también más necesario. En términos de Isaías, es el político un oficio de vigía. En otros términos, es un trabajo que consiste en revisar las ofertas en los mercados de las ideas, desechar las malas y comprar las buenas -sin dejarse engañar por las etiquetas-, y después revenderlas al público. Pero eso sólo lo hace una empresa política, y eso se llama partido. “No hay atajo”.

Las tres sucesivas líneas del frente

Además, el adversario arrecia. Y lamentablemente le dejamos elegir terreno. Hay tres terrenos por los cuales avanzan: ideológico-doctrinario, político y militar.

1) Como las bases intelectuales de los colectivistas son fallas, ellos casi nunca admiten la honesta controversia puramente intelectual. Ahí pierden. En ese terreno por ej. la Escuela austriana demostró en los años ’20 la inviabilidad del socialismo, porque sin precios libres -y por ende significativos-, se impide y frustra el cálculo económico por los empresarios, y por tanto no hay asignación eficiente de factores y recursos a empleos productivos. Los socialistas perdieron ese debate, y fue concluyente. Asimismo es en otras disciplinas científicas y filosóficas. Ellos se niegan a contrastar con oponentes de su categoría; si se enfrentan, es con pesos inferiores, puros “paquetes”, peleles a los que baten fácilmente. No pueden de otro modo.

2) Por eso van al terreno político: prefieren los partidos políticos, las campañas electorales, y el decreto o resolución ministerial, o la ley sancionada por el Parlamento, o en todo caso la prensa. Van a las votaciones: en aulas y claustros, para decidir autoridades académicas; en el Congreso, para decidir sobre las leyes; y en la calle, para decidir autoridades políticas. Y lo que pierden en la discusión de argumentos, a la hora de pesarlos, casi siempre lo ganan por mayoría de votos, a la hora de contarlos.

3) Y si quedan en minoría de votos, sacan la pistola, que es su tercera y última línea de discusión, a la que recurren cada vez que salen derrotados en la primera y en la segunda. Van al golpe militar, o la guerrilla, o a la guerra.

A los liberales la primera línea nos es la más favorable, pero no nos decidimos a emplear toda la munición intelectual en el texto, la cátedra o la prensa, porque “la gente no lo va a aceptar, no nos va a entender.” Así perdemos el primer round por abandono. Y si retrocedemos a la línea política, la de los partidos y elecciones, ocurre que ellos, los anti-liberales ya están allí de primeros, por supuesto conocen mejor el terreno y lo preparan, habiendo nosotros abandonado el debate a los “expertos”, que cuentan con el “argumento de autoridad” típicamente académico, aunque no debería ser así ni en la Academia. A la política llegamos tarde los liberales, y generalmente perdemos por amplia ventaja. Y cuando los socialistas tropiezan y caen enredados en sus propias mentiras y fracasos, entonces suelen sacar la pistola y perdemos por KO fulminante.

La violencia es expresión del fracaso del socialismo por medios democráticos. Un ejemplo es Colombia, donde los partidos llamados Liberal y Conservador, desde 1958 no hacen otra cosa que instrumentar reformas socialistas democráticas, que fracasan y generan descontento y violencia. El terrorismo explota ese mismo tipo de fracaso en el mundo árabe y musulmán en general. En 1979 nace en Irán el mal llamado fundamentalismo islámico, en realidad un socialismo religioso y virulento, poco ligado a las fuentes históricas del Islamismo medieval, que reacciona ante los fracasos del socialismo secularista y democrático del partido Baath, la socialdemocracia que está o ha estado en el poder desde los ’40, y es por tanto responsable del atraso, la pobreza, el descontento y el resentimiento acumulado, que los ayatollahs explotan en la arena religiosa y el terreno político.

 

III. UNA VISTA AÉREA DEL PANORAMA

El mundo y América latina

El siglo XX comenzó bajo la impronta del liberalismo, pero enseguida se alejó de ese camino y tomó la ruta contraria, tras otras inspiraciones ideológicas.

Hacia el tercer y último cuartos del siglo XIX, en casi todos nuestros países cesaron las guerras civiles que siguieron a las de la Independencia. Duraba aún en el mundo el impulso del libre comercio, desatado aproximadamente unos 100 años antes. Al amparo de los códigos napoleónicos, seguimos más o menos la ruta de la economía libre y abierta, con garantías judiciales para la propiedad privada y la libertad contractual. Y pese a los 100 años de retraso en la largada, nuestros aparatos productivos se integraron a la economía “global” -que no es nueva-; y de manera muy eficiente y exitosa (aunque no perfecta), según los montos de inversiones, acumulación de capital, producción, exportaciones, etc., en volúmenes y en dinero, por entonces todas ascendentes, y a velocidades nunca después igualadas.

El mundo iba por ese camino despuntando el siglo XX, y nosotros con él. Las cosas no iban mal, porque aún no habían fructificado ciertos horrorosos errores incubados en las Escuelas y los Departamentos universitarios de Filosofía y Humanidades siglos atrás, principalmente en los dos anteriores, XVIII y en especial el XIX que fue el colmo. Todo se comenzó a arruinar cuando esos errores se tradujeron en prescripciones de política y consejos de expertos.

Primero hubo el brusco frenazo de 1914. De 1919 en realidad, ya que cuando la Gran Guerra cesó, los Gobiernos no quitaron muchos de los controles y obstáculos a los intercambios entre y dentro de los países. Incluso algunos nuevos valladares se erigieron -como las reparaciones de guerra decretadas a los perdedores-, y otros fueron simplemente sustituidos. La frágil prosperidad de los ’20 -producto de la acumulación anterior, y de la expansión artificial de dinero y crédito- terminó en otro frenazo más brusco, en 1929. Y tampoco los Gobiernos removieron los obstáculos a los intercambios. Porque el mundo fue extraviado por una serie de teorías económicas y políticas colectivistas muy insensatas, pero muy populares, “modernas” y “progresivas”, que aconsejaban precisamente todo lo contrario, e incrementar las intervenciones gubernamentales. Para colmo, esas teorías estaban avaladas por Lord Keynes y sus seguidores, que pasaban por genios de la Economía.

Además las propuestas encajaban con otras tesis sociológicas, jurídicas, psicológicas, políticas y humanísticas muy en boga: positivismo, darwinismo, racismo, psicoanálisis, conductismo, historicismo y caudillismo historicista, etc.; todas deterministas a ultranza, y por tanto negatorias de la libertad humana. Sintonizaban con ellas las expresiones literarias y artísticas de moda en esa época, tanto cultas como populares. Se identificó el progreso con lo nuevo, cada novedad fue tratada como un adelanto -sin juzgar sus méritos propios-, y se impuso la “veterofobia” o aversión por lo viejo.

Cada una de estas nuevas corrientes o sistemas de pensamiento por lo general tenían su granito de verdad, al menos aparente, que los hacía lucir atractivos, porque la mentira nunca anda desvestida, y se viste con la ropa de la verdad, a fin de ocultar su naturaleza. Y estas corrientes de pensamiento se empataban, siendo a veces consistentes unas con otras; y cuando no lo eran, había tantos en número, que se podía elegir este o aquél “ismo”, a gusto, según acomodara mejor al talante y circunstancia de cada quien, en un clima de extremos relativismo y subjetivismo. Pero en general se reforzaron mutuamente unos a otros; y esto en todo el mundo.

Filosofías fracasadas engendran expresiones ideológicas y políticas públicas fracasadas

En política predominaron los partidos identificados con el nazismo y el nacionalismo fascista, el laborismo inglés, el socialismo y comunismo, y el “New Deal” (y sus reediciones “Nueva Frontera” y “Gran Sociedad”); todas en competencia.

Estas tendencias partidistas se fueron enfrentando unas con otras, a pesar de su innegable parentesco y similitudes. Chocaron entre 1939 y 1945; y después en la Guerra Fría, entre 1949 y 1989. Todas estas expresiones colectivistas, “científicas” o políticas, en sus reediciones más viejas o más nuevas, traducen orientaciones filosóficas, todas fracasadas.

Parte fundamental de la actividad política para los liberales es la investigación y documentación sobre ellas, sus postulados y sus repercusiones prácticas, sus propuestas y medidas de política aconsejadas. Y sobre todo sus diferencias con …

La única filosofía verdadera, y única consistente con el libre mercado

Es el realismo filosófico. Afirma que el ser (la realidad) se puede conocer, a partir de los datos de los sentidos, que la mente va organizando, conforme categorías o “predicados del ser”, como forma, esencia, naturaleza, sustancia y accidente, fines y medios, potencia y acto, etc. Esas categorías no son artificios mentales, sino que corresponden a modos de ser de la realidad. Esa es la realidad, y así se la puede conocer: a partir de la evidencia y organizando conceptos. El proceso no es perfecto, pero brinda un razonable grado de certeza. Si Ud. lo acepta así, sin dificultad reconocerá por ej. que hay funciones propias del Estado, dictadas por su naturaleza de monopolio legal de la fuerza, y funciones propias de los partidos políticos, entre ellas: las de encauzar las propuestas políticas, y la de poner contención al estatismo, los partidos liberales. Porque admitirá la abrumadora evidencia a favor del mercado libre (el real, no el “modelo de competencia perfecta” de los neoclásicos). Y le será difícil creer en seres colectivos.

Pero supongamos que Ud. no lo acepta así. Que Ud. comienza por ser relativista, escéptico o nihilista, y que relativiza, pone en duda o niega que así sea la realidad, o así sea su conocimiento veraz. O que podamos estar ciertos (o abrir la boca siquiera y decir algo al respecto.) Seguirá Ud. por afirmar que hay otro tipo de realidad o de conocimiento, otra forma. En ese caso Ud. está listo para no reconocer la evidencia como criterio de realidad, para arrojar al cesto de la basura las categorías -y negar la idea de naturaleza-, y para oponerse al libre mercado, creyendo en seres colectivos. Por distintos caminos, más largos o más cortos, llegará a los mismos errores.

Las filosofías que no quieren admitir el realismo, toman un lado sólo, la realidad externa o la conciencia: los puros sentidos animales, desde el empirismo hasta el materialismo; o la mente desencarnada, desde el racionalismo al idealismo. Conducen a los totalitarismos. El “New Deal” por ej. deviene del pragmatismo utilitarista, triste final de línea para el empirismo anglosajón, pese a sus prometedores comienzos. Nazismo y fascismo por una parte, y socialismo y comunismo por la otra, proceden de la derecha e izquierda hegelianas, últimas estribaciones de las cordilleras del idealismo, que también arrancó lleno de promesas con el racionalismo cartesiano. Todas estas filosofías parecen muy dispares, pero sólo lo son en la superficie. En el fondo constituyen una colección de diversas coartadas y pretextos, que los filósofos incompetentes y presumidos inventan cada tanto, para evadir o justificar su terca negativa a admitir el realismo. Que fuera enunciado por Aristóteles, el primero y para muchos el mejor de sus expositores, tal como lo expuso Ayn Rand, pero asimismo también otros muchos pensadores cristianos, antes y después de la Reforma Protestante, católicos y reformados, aunque ella no haya querido darles todo su merecido crédito.

Las filosofías no realistas fracasan, y las políticas en ellas inspiradas. Y no sólo en el gabinete, la biblioteca y el aula, sino que en la arena política fracasan también las leyes engendradas por ellas. Pero las filosofías falaces y falsas teorías acostumbran medir fuerzas en la política. Se imponen en el terreno de los votos, el número y la influencia, tras perder el debate en el plano de los argumentos. Porque en la política no gana quien expone de modo más firme y consistente el mejor producto intelectual, sino quien pone más votos en las urnas, aún mintiendo descaradamente. O en los Parlamentos, Gabinetes o cenáculos equivalentes, según haya más o menos democracia.

Pero algunas filosofías tampoco acatan ese veredicto, y acuden a las armas -la tercera línea del frente-; y vienen las guerras de agresión, guerrillas y terrorismo. En la guerra el número también decide, como en las urnas (comiciales) pero generalmente al revés: el bando que pone más muertos en las urnas (funerarias) es el que pierde.

¿Y al liberalismo qué le pasó en el mundo?

En el mundo de la Segunda posguerra predominaron en la política el marxismo, y el tercermundismo, asociado a la filosofía “existencialista”, que postulaba la libertad entre sus premisas, para negarla en sus conclusiones. Y en EEUU hubo pluralismo, como siempre.

Con controles y dirigismos, en la Segunda posguerra pasó como en la primera; excepto en los países perdedores, donde hubo liberalizaciones económicas, exitosas. No obstante, el pensamiento liberal no pudo capitalizar sus muy visibles e innegables triunfos. ¿Por qué? Porque los liberales se dejaron arrebatar su paternidad, y predominaron las opiniones de los falsos “expertos”. Así el despertar económico en esos países fue atribuido por los tales expertos a un “milagro”; al Plan Marshall; a la laboriosidad de los japoneses -y a su disciplina y “cohesión” social-; a los demócratas cristianos y su economía de mercado “social” antes que libre; a la tecnología; a la genialidad de los métodos gerenciales de las empresas, etc. Incluso se forjaron mentiras descaradas, como que la gente trabajaba horas extra gratis para el Estado. Cualquier explicación, excepto el libre mercado. ¡Increíble!

Por otro lado, la maquinaria comunista internacional de “agitación y propaganda” (AGITPROP) edificada durante los ’20 y ’30 en Moscú, se perfeccionó y se extendió después de 1945.

En EEUU también hubo mucha confusión entre los liberales, que se dejaron quitar el nombre y dividir. “Liberal” no es nombre de origen anglosajón como “whig” -equivalente aproximado-, sino español. De todos modos las izquierdas no tenían derecho a usarlo, por su odio a la libertad. Pero, ¿por qué no retomaron los liberales su viejo nombre de “whigs”? Entre otras razones porque lo muchos liberales, aún empapados de la tradición clásica, pero despegados del quehacer político cotidiano, perdieron de vista que orden y libertad son inseparables, y se dividieron en dos facciones opuestas, abanderadas con uno y otra, llamadas “conservadora” y “libertaria”; nombres que los liberales no deberíamos usar en principio, ya que identifican respectivamente a los “tories” y a los anarquistas. Como siempre, las debilidades y confusiones ideológicas les impidieron a estos liberales mantener sus ideas claras y firmes, a lo cual les hubiese obligado la acción política, con su exigente y perentoria necesidad de dar respuestas claras al público. Mantenerse alejados de la política diaria fue una divisa para ellos. De ese error estamos pagando el precio.

¿Y en América latina?

El liberalismo quedó aplastado entre todas las corrientes del colectivismo estatista, muy representadas en número. Cada una más antiliberal y virulenta que la anterior. En las Universidades, sabiendo lo que puede pasar en París, Harvard o en Columbia, ¿qué podemos esperar de la UNAM (Mexico), la UCV (Caracas) o la UBA (Buenos Aires)? Sobre todo desde que la democracia reina en todas las universidades y los debates se deciden por mayoría, cuando no por puños y balas. Las universidades católicas debieron identificarse más con el realismo de Santo Tomás, y servir de contrapeso. Pero hicieron todo lo contrario, con la relativa excepción de la chilena de los ’60 y ‘70, donde hubo cierta identificación con el libre mercado, pero no el de los austrianos Mises y Hayek neoclásicos friedmanitas.

Así en la política del siglo XX tuvimos en Lationoamérica de todo, y muy mezclado, “como en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches”, según lo dejara asentado magistralmente el filósofo Enrique Santos Discépolo. Pero mezcolanza no es pluralismo. Tuvimos comunismos y Frentes Populares en los ’20 y los ’30. Y fascismos en los ‘40. Y dictaduras anticomunistas en los ’50. Tuvimos nuestras democracias “welfaristas” en los ’60, que se expandieron. Como reacción ante los fallos, en los ’70 tuvimos experiencias de izquierda militar francamente socialistas, y en los ’80 de un populismo civil (“democrático”) muy radical, ambos en muchos casos inspirados en el marxismo cristiano. También tuvimos muertos, aunque por nuestra costumbre de no tomarnos estas cosas muy en serio, mucho menos que en el resto del mundo, dicho sea en nuestro mérito.

Las “reformas” de los ‘90

Como en todo el mundo, en los ’90 hubo unos simulacros de reforma, muy mal enfocados, con poco o nada de liberal y mucho de “Neo”. Interpretación criolla del “Consenso de Washington”, que sirvió para resolver algunos problemas del Estado obeso, mas no los de la gente. En lugar de afirmar la separación de lo público y lo privado -viejo axioma liberal- como cuestión de principio, abrazaron unas “visiones de cooperación estrecha” entre el Estado y el mercado, e inventaron “sinergías” para sostener que “las fronteras tienden a borrarse”.

En lugar de desregular, se dictaron más regulaciones. O sea: en vez de aflojar las restricciones políticas y jurídicas, buscando la recuperación de los equilibrios “micro”, esto es, de los agentes individuales del tamaño que sean, persiguieron antes que nada los equilibrios “macro”. Y por las vías equivocadas: en vez de reducir el déficit fiscal por el lado de los gastos lo hicieron aumentando los ingresos: impuestos, endeudamiento y privatizaciones monopolistas. En comercio exterior, los “Neo” liberales practicaron un “cepalismo exportador”: el Estado ya no favorecía a los productores para el mercado interno en detrimento de los exportadores sino lo contrario, ¡pero siempre interviniendo!

No es de extrañar que las cosas sólo empeoraran. Y ahora sufrimos el embate de unas izquierdas ideológicamente “enriquecidas” con las expresiones colectivistas en boga: eco-femi-indigenismo, anti globalización de los mercados, “derechos humanos”, “derechos infantiles” y de los animales, “sociedad civil”, “democracia real”, etc., en sintonía con las “causas” de las Agencias de la ONU y de la UE (y algunas del Gobierno federal de EEUU) como por ej. la globalización de los Gobiernos.

Resumiendo y concluyendo:

En América latina, cada cual de estas expresiones colectivistas fue dejando su marca (por no decir su plastón), y generalmente nadie barre ni limpia, porque nadie identifica siquiera la basura como tal, de modo que se sigue tomando por cosa valiosa. Así que las “marcas” (los plastones) se amontonan uno sobre otro. Y ahora para colmo, justo cuando Fukuyama nos dijo que habíamos llegado al “fin de la historia”, que nos ajustáramos los cinturones para un aterrizaje suave en el mundo del matrimonio global entre democracia y mercado, que sería nuestra morada definitiva, llegó Bin Laden y sus muchachos de Al Qaeda. Empujando al cuasi-iletrado Bush a firmar cuanta “orden ejecutiva” sus ministros le pongan delante, aunque sean parecidas a las de un Estado policial. Y no son los únicos, porque ahora se nos ofrecen muchas ideologías colectivistas de estos días. Como siempre, muy irracionales, pero de mucho “appeal” emotivo y sentimental.

Por ej. los neocomunistas y neosocialistas nos traen de la ONU la lista de los “derechos humanos” y de las mujeres, niños, discapacitados y víctimas de adicciones, refugiados, gays y lesbianas, los animales y el ambiente, los sin tierra y los sin casa, etc. Aparentemente se trata sólo de unas exigencias poco claras e inconexas; pero tras esta larga lista, las ONG y Agencias de la ONU edifican una feroz dictadura mundial: la de las burocracias internacionales. Tras este proyecto hay una visión torcida, pero completa, del mundo, el hombre, la naturaleza, el sexo, la sociedad y el Gobierno, el Estado, etc. Análogamente, otras visiones torcidas pero completas -no siempre del todo inconsistentes con esta-, nos ofrecen respectivamente el Comandante Hugo Chávez y el “Grupo de Sao Paulo” (incluidos Frei Betto y la Teología de la Liberación); Usama bin Laden y Al Qaeda; los grupos neonazis; la mafia del homosexualismo político y las neobrujas (wiccas) de la Nueva Era y los satanistas. Y son todos grupos organizados, y asociados algunos, como guerrilleros y narcotraficantes en Colombia.

Frente a estas visiones torcidas pero completas, ¿los liberales ofrecemos una visión que sea a la vez derecha y consistente, e igualmente completa? ¿O buscamos atajos?

¿Por qué nos disgusta tanto a los verdaderos liberales el trabajo político?

Por muchas razones, por eso la búsqueda de atajos. Pero no todas las objeciones liberales al trabajo político tienen igual validez o pertinencia. Conviene examinar tres en particular.

Primera objeción: superioridad de los medios económicos sobre los políticos

Por principio los liberales de verdad preferimos hacer comercio antes hacer política; esto es, tratarnos los seres humanos por los medios económicos, los negocios, antes que los políticos, los partidos. Las de la economía son herramientas “más inteligentes” para transmitir información y procesar decisiones. Aunque imperfectas, son en astronómica medida más eficientes y flexibles, comparadas con esos ciegos, torpes, lentos, costosos y rígidos instrumentos políticos. Por eso estamos mejor en mercados de ideas, o de bienes y servicios más tangibles, dependiendo cuál sea nuestro particular talento para servir. Preferimos discurrir o debatir sobre argumentos, o negociar y transar sobre mercancías. A la política ni la entendemos del todo, mucho menos a los partidos. Por ej. jamás terminamos de saber lo que en política es ético y lo que no lo es, y si es que vale allí la tal distinción. Incómodos en un mundo extraño y sospechoso, lo visitamos excepcionalmente, sólo para evitar la violencia, y bajo protesta. Y ese universo nos reciproca, siéndonos hostil, y mucho, lo cual aumenta nuestra reserva y reticencia.

¿Qué contestar? Válido pero no relevante. Por varias razones:

1) Preferimos hacer negocios antes que campañas políticas; pero los estatistas en el poder no nos permiten hacer negocios, a nadie, liberales o no, excepto pasando por sus alcabalas. Y esto nos afecta a todos: a quienes profesamos el liberalismo y a los demás. Nadie puede hacer nacer una empresa o desarrollarla bajo el estatismo dominante.

2) Nuestro oficio político no es el de ellos, el de corredor de intereses especiales y traficante de influencias. Él nuestro es el de vigía isaítico (Is. 56:10, ya citado), no desdeñable. Véase sino, ¿cómo se produjo este desastre? Pues por vigías descuidados; ¡así de valioso es el oficio político!

3) El mercado no es sólo más eficiente: es más justo, porque no hace acepción de personas; y es más moral, porque se basa en una forma de amor al prójimo: el servicio (un tipo de amor), al cliente o usuario (un tipo de prójimo). Pero eso debemos explicarlo, para rehabilitar al empresario de la descalificación moral que comporta. Dejando de lado los argumentos “estadísticos” y otros floreos utilitaristas que poco han ayudado a nuestra causa. Refutando la objeción kantiana que quita todo valor moral a un servicio cuando se da a cambio de una contraprestación, porque sobre punto tan arbitrario se ha levantado la creencia en la supuesta no moralidad del intercambio, y del mercado. Pero devolverle su carácter ético al intercambio mercantil, es parte de nuestra ardua labor, política en sentido amplio, de clarificación conceptual, ideológica y cultural.

4) Suponiendo a los liberales en el Gobierno, la “solución liberal” es muy simple: no consiste en hacer nuevas leyes u otras normas jurídicas sino en derogar las malas, una vez identificadas. Por ej. a la economía no hay que “reactivarla” sino destrabarla, removiendo los obstáculos que impiden crear riqueza. A la cultura, como a la ciencia, educación, etc. no hay que “apoyarlas”, sino quitar de en medio todos los obstáculos legales y administrativos que ahora nos impiden a individuos, asociaciones e instituciones sociales dedicadas a estas actividades, el cumplir con nuestros fines, objetivos y metas.

5) Pero son obstáculos políticos. Se requiere un Parlamento que derogue leyes; y ese es un instrumento político, tanto como los partidos que deben postular a los candidatos a congresistas, encuadrados en un partido, basados en una doctrina, no esos “independientes” que quieren verse libre de compromisos ideológicos. El predominio estatista de los medios políticos sobre los económicos fue decidido por medios políticos -aún cuando no con nuestro voto-, y esas decisiones no pueden revertirse sino por medios políticos.

6) La partidofobia (aversión a los partidos) no es liberal sino fascista. Todos los “movimientos” fascistas han sido y son antipartido porque “los partidos dividen a la nación”. El concepto de “sociedad civil” tiene un fuerte sabor corporativista, que remonta a su autor, un socialista neo marxista italiano llamado Antonio Gramsci, ex compañero de Mussolini a quien “il Duce” puso tras las rejas para evitarse competencia.

7) La alternativa es la violencia y la destrucción. La barbarie. Los colectivistas nos obligan a tomar el camino de la política, del cual felices estaríamos lejos, si cesaran en su pretensión de imponernos sus “sistemas” uno tras otro, y sus sucesivas y constantes reediciones -a medida que fracasan-, cada una más violenta que la anterior.

8) Desde el punto de vista ético, la vía derecha de un partido es la única que un liberal puede transitar honestamente en la política; las otras -los atajos-, son discutibles y dudosas, en su eficacia, en su moralidad, o en ambas respectos. Como siempre, la honestidad es la mejor política.

Este documento, NO HAY ATAJO, fue escrito en respuesta a esta primera objeción.

Segunda objeción: la enorme desventaja de la política liberal frente a la estatista

La del intercambio de favores y el tráfico de influencia. Cada grupo de interés especial pide “su” decreto o ley o resolución para la Gaceta, y a cambio ofrece su apoyo para los demás. Pero, ¿qué podemos hacer los liberales en la política, careciendo de influencia, y sin favores que pedir? Objeción válida aunque menos, es un poco más relevante. ¿Qué contestar? Que no hay más camino que explicar a la gente las cosas como son en la realidad. Esa es la política liberal. Y tenemos muchos argumentos a favor. Pero hay que seleccionarlos, especificarlos y clarificarlos, ya que no todos son o se presentan convincentes. Por ej. algunos aluden a esta desventaja como si los estatistas defendieran intereses concretos y nosotros “difusos”. No es del todo cierto.

Primero, porque los liberales más que intereses defendemos principios, identificados sólo con los intereses más generales, y más de largo plazo: el real “interés público” verdadero, que consiste en el mantenimiento de una sociedad libre y sin privilegios. Y segundo: los privilegios estatistas para los intereses especiales sí afectan a perjudicados concretos. Debemos mostrar al público cuáles son los daños y perjuicios, hacerlos evidentes con ejemplos específicos, como trato en EL EMBROLLO y LA SALIDA, libros escritos para responder a esta segunda objeción.

Además, el uso de medios públicos para fines privados es simplemente criminal, en cualquiera de sus formas. Quien lo hace es un delincuente político, así debería ser tipificado. Pero el concepto actual de “delincuente político” está mal formulado. Se aplica a quien roba al Estado. O a quien con un fin político comete un crimen, verdadero o no: por ej. robar un banco o vender droga para financiar una guerrilla o un partido. En este caso lo político es el fin. Pero realmente debe aplicarse el tipo de “delincuente político” a todo estatista: a quien comete otro crimen, y verdadero, de hacerse dictar una norma legal positiva en su exclusivo beneficio y perjudicando con ella a otros. Lo político es el medio, no el fin. Desde este punto de vista, el liberal, la coalición de intereses especiales es en realidad un simple caso particular de una figura más general: colusión para delinquir.

Esto hay que explicarlo a toda esa gente, incluidos muchos “libertarios” que ven en todo político un delincuente, aunque sea liberal. Y en todo partido, aunque sea liberal, una colusión para delinquir.

Liberal, ¿se nace o se hace?

Jacob Hornberger tiene una curiosa teoría: los liberales nacen, no se hacen. Jacob es fundador y Presidente de la Fundación Foro por la Libertad. Ha dado cientos de conferencias y escrito libros y miles de artículos por las propuestas liberales. ¿A cuántos ha “convertido”? Dice que a nadie. Jamás; ni siquiera en su familia. Lo más que Jacob ha logrado entre quienes le escuchan o le leen, es que algunos de ellos se identifiquen con las propuestas, diciendose “hmmm… eso mismo es lo que yo siempre pensé, sólo que de manera no tan consciente y clara”. No es que repentinamente se hagan liberales, sino que caen en la cuenta de que lo son, pues instintivamente siempre han amado la libertad, pero la “negativa” de Isaiah Berlin, típica del liberalismo clásico: el rechazo a toda ingerencia del Gobierno en asuntos privados que no es fundada en justicia.

Puede ser cierto para muchas personas. Pero no para otras, que nos hicimos liberales de modo no tan instantáneo. De todos modos, tenemos que escribir documentos para toda persona, especialmente si no ha nacido liberal, o no se ha hecho aún. Ligando la doctrina a la política, y la política a la estrategia, y a las tareas a cumplir.

¿Cómo explicar el estatismo?

EL EMBROLLO y LA SALIDA se escribieron originalmente para publicar como secuencia de remitidos en la prensa, en Venezuela. Y luego para Perú. Exponen liberalismo clásico en forma didáctica, paso a paso, sector por sector de la vida humana, tanto personal como social, económica y política. Con ellos buscamos a quienes se identifiquen o resulten convencidos, para invitarlos a reuniones, con miras a constituir y organizar un partido liberal. Como sus referencias específicas a Venezuela o al Perú no son muchas, tal vez su lectura sea provechosa fuera de esos dos países.

En ambos textos se exponen consideraciones históricas. La gente pregunta siempre: “¿En qué país se aplica liberalismo a ultranza?” En ninguno actualmente. Pero en el pasado, se practicó en los países que por eso mismo hoy son ricos todavía: los del norte de Europa Occidental, ya desde antes del Renacimiento y la Reforma, comenzando por ciudades españolas, italianas y alemanas. Y en EEUU desde su Independencia. El gran problema es que en la enseñanza oficial la historia verdadera se desconoce por completo. Y de las aulas se gradúan estudiantes con nulo conocimiento de los hechos del pasado. No conocen el transcurso de los siglos, ni saben ubicar en ellos las fechas de los sucesos trascendentales para nuestra cultura, civilización y vida diaria, mucho menos su significación. Su ignorancia en esta materia es abismal.

Por eso razón se escribió ALICITA, “la Mafalda liberal”, para dar vida a un simpático personaje de ficción y poner en su boca el mensaje en términos simples, cotidianos y ocurrentes. Pero Alicita todavía “busca dibujante”.

Tercera objeción: la gente no quiere pensar

Muy cierto, muy relevante; pero estimularla a pensar es parte de nuestra tarea si queremos sociedad libre. Y “No hay atajo”. Pero para eso tenemos primero que pensar nosotros. Como pensar no duele, no engorda, no es pecado, no daña la salud y es gratis -y sí crea hábito, pero pensar no es un mal hábito cuando uno lo adquiere-, comencemos por pensar por qué la gente no quiere pensar. Con ese fin se escribió ¡ARRIBA LA CABEZA! o “Liberalismo para liberales”. Y para todo ser pensante (por poco o muy liberal que sea) se escribió MANUAL DE CONFUSIONES.

Muchas Gracias.

Postcriptum 2012: esos dos no son los títulos definitivos de mis ensayos, que con otros títulos se han incluido en mis tres libros EL EMBROLLO, LA SALIDA y LAS LEYES MALAS, y resumidos como aportes en el MANIFIESTO LIBERAL. Todos estos escritos están disponibles en la Web, como asimismo los más reciente, incluidos en este Blog.

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